Esperando el General Mola

De momento no ha pasado nada que no fuera previsible. El gobierno está dividido entre los que esperan que llegue el general Mola de la Tercera Vía y los que esperan una independencia de seda, como si España fuera Checoslovaquia. ERC, por una mezcla de fragilidad interna y de necesidad de dejar que el país se fuera adaptando a la situación, tampoco ha hablado muy claro. Incluso durante la negociación de la pregunta, cuando el presidente Mas se negaba a poner la palabra independencia en el redactado, había algunos diputados republicanos que eran partidarios de hacer la vista gorda. El resultado es que tenemos una pregunta ambigua, una ley ambigua y una consulta que en el mejor de los casos será una repetición de las que ya se hicieron por todo el país hace unos años, con los partidos a remolque, a menudo poniendo palos en las ruedas.

Lo siento pero es así. El gobierno no se ha preparado para llevar adelante la consulta, caso de que la justicia española reaccionara como reaccionó con el plan Ibarretxe. Para evitar la tentación de desobedecer, ni siquiera ha terminado a tiempo la hacienda propia, imprescindible para afrontar una situación de crisis constitucional. El gobierno daba por hecho que, una vez hecha la comedia, y demostrado que los españoles son muy malos, iríamos a unas elecciones plebiscitarias y que después ya veríamos. El 2015 será emocionante. Arnaldo Otegui tiene que salir de la cárcel. ETA ya ha dicho que apoya el Derecho a Decidir. Podemos supera al PSOE en intención de voto. El PP está desgastado y ha dado marcha atrás en la ley del aborto para dejar la puerta abierta a pactar con el PSOE. El nacionalismo catalán está descartado como socio de gobierno en Madrid.

Ahora que España está débil y que Pujol ha sido eliminado de la ecuación, la costra barcelonesa ve una oportunidad de oro para arrancar concesiones al Estado. Por eso es tan importante que todo sea muy legal, como quiere el presidente Mas. Sobre todo no debemos dar pasos que nos lleven a un camino sin retorno, ahora que tenemos la fuerza del independentismo para extorsionar el Estado. Este es el esquema de la situación. Es el mismo esquema que llevó al general Prim a la tumba, a Francesc Cambó al exilio y a Lluís Companys ante un piquete de fusilamiento. Es igual que Génova maltratara a la Sánchez Camacho cuando tuvo la ocurrencia de ir a pedir una promesa de régimen fiscal para poder ofrecer alguna alternativa al independentismo. Sánchez Camacho es la hija de un guardia civil y los señoritos de la Tercera Vía tienen mucha más clase. Ellos saben hacer las cosas. Y quieren un cambio de régimen lampedusiano para Cataluña. Quieren el pajarillo (en mano) de Pujol, reformulado para continuar el negocio de las pitas pitas.

El último juguete de la Tercera Vía es el portal en catalán de El País. Rajoy, que es quien lo paga todo en este momento, menos el independentismo, se ha atrevido a publicar un artículo elogiando a Gaziel y a la lengua catalana. Hace unos días Lluís Bassets también publicó un artículo que elogiaba Gaziel y despreciaba a Eugeni Xammar, por independentista. Bassets es ese periodista progre que dice que los partidarios del Sí no han sabido animar a los partidarios del No. El artículo estaba escrito con un pintorequismo muy típico del siglo XX. Me recordó que Bassets pronto sacará, si me ha llegado bien la información, un libro diciendo que la sociedad catalana pujolea. La web catalana de El País, sí que pujolea. Ahora que ya han matado al hombre ya pueden explotar su herencia. Otra cosa que también han hecho para empezar, es volver a avivar la polémica del Josep Pla franquista, que tan bien funciona para justificar el resentimiento de los catalanets castrados y de la inmigración mal adaptada.

Y bien, este es el panorama. La consulta ha servido para poner el caso de Cataluña en las agendas internacionales. Pero su fuerza política se ha malogrado, en espera del general Mola de la tercera vía. Algunos independentistas me hacen llegar artículos que dicen que España está a punto de vivir un nuevo 1898. Creen que esto es una buena noticia. Yo creo que, si seguimos así, cuando España se hunda nosotros no sólo iremos dentro del barco, sino que además seremos los responsables morales del desmoronamiento. Pasará como siempre, vamos. Y no creas que Cataluña morirá, no: los mismos que habrán permitido que la situación se vaya al traste con sus silencios mediocres, ya se encargarán de llorarla y de continuar bajando el nivel, como hicieron en su época los Sentís, los Sempronios, y toda la galería de pequeños personajes tristes y mugrientos que hicieron de Cataluña un país irrespirable durante tantos años.

Así como España está descubriendo que para tener una democracia también hay que tener una población plena de demócratas, aquí estamos descubriendo que para alcanzar la independencia, hay que tener un gobierno y unos líderes de opinión que la quieran de verdad -no sólo en las sobremesas de domingo-. De momento, Cataluña tiene un gobierno dividido y unos intelectuales convergentes que se quejan de las filtraciones de ERC, mientras ellos se dedican a escribir al dictado del gobierno. Todo ello entrañable. Si no fuera porque los Kurdos y los cantoneses de Hong Kong, que lo tienen más difícil que nosotros, ponen en evidencia hasta qué punto las manifestaciones se han infantilizado, cuando han pasado de la calle a las instituciones.

La cosa pinta mal. A ambos lados, los políticos continúan pronunciando futilidades serias y solemnes. De la miseria moral del españolismo catalán no hablo porque no es mi problema, ni tiene demasiada importancia.

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