La primera entrega de la serie Kutxa Bank (Banco Bilbao Bizkaia Kutxa, S.A.U., título definitivo) parece rematada por agotamiento y en pleno enredo de conceptos, creado tanto por los partidarios de la indebidamente llamada fusión de las tres cajas de ahorros, como por sus contradictores. Una perversa ambigüedad salta a la apreciación constatando que se trata más de la creación de un nuevo banco de negocios que de una caja de ahorros resultante de la consolidación de las existentes en la CAV.
Si examinamos la operación bajo tres criterios, propiedad del ahorro local, atribución de créditos a pequeñas empresas locales y facilidad de créditos propios al consumo y a la inversión doméstica, operaciones propias a la buena gestión del ahorro local, se diga lo que se diga, el resultado final no parece corresponder a lo inicialmente proclamado. Nos comunican los aspectos cuantitativos del resultado de las negociaciones. «Quinta Caja del Estado», «2.000 millones de euros de capital pero cerca de 5.500 millones de fondos propios» lo que revela la calidad y la cantidad de sus deudas a largo y medio plazo, en un ambiente extranjero poco prestamista. «75.800 millones de euros de activos», «beneficios en 2015 doble de los obtenidos en 2010, con un total de 810 millones de euros de los que 240 estarán destinados a la obra social». Todos los razonamientos, expuestos por los partidarios de la fusión de las tres cajas en un solo banco corresponden a un modelo de banco de negocios, vulnerable, que a la primera de cambio será denunciado por el FMI por su escasa talla, y obligado a asociarse con otros bancos si pretende a préstamos del Banco Central Europeo, exigente de masas críticas «de importancia». Kutxa Bank surge en un mar turbulento donde los más aguerridos navegantes intentan salvarse. Los fondos americanos han retirado en tres meses cerca del 30% de sus inversiones en títulos de bancos europeos.
Se pretende limitar las participaciones exteriores. Aparece la primera trampilla: suponiendo que se trate de una sincera intención, sus defensores saben perfectamente que el Banco de España y el Banco Central Europeo se opondrán a la realización de esa pretensión si no conviene a intereses privados, según la doctrina ultraliberal de la Unión Europea. Un condensado artículo, publicado en la prensa vasca, escrito por Ignacio Marco-Gardoqui, expone claramente los problemas que nos esperan en el caso de modificaciones en la estructura del capital de Kutxa Bank, problemas que serán resueltos dentro del marco de reglamentos y disposiciones de la UE en un clima de previsión de crisis bancaria sistémica… y a callar.
¿Dónde me sitúo? Poco importa la apreciación subjetiva frente al muro de la imposición objetiva, sobre todo en temas financieros. Queda la posibilidad de hacernos las preguntas de un ciudadano de a pie preocupado, además, por no hacerse pillar por la primera bicicleta que surja en el bidegorri que cruza.
La primera premisa que acompasa el discurso es el concepto de solidaridad, exigencia social prioritaria.
En una caja de ahorros, el préstamo a una empresa pequeña carente de tesorería para realizar su razonable carnet de pedidos es un acto de solidaridad. Al contrario, el préstamo a una operación especulativa de fuerte envergadura no es del dominio de una caja de pequeños ahorradores.
El préstamo a una familia para realizar una inversión doméstica, o comprar su primer coche, es una operación de solidaridad entre ahorradores. El préstamo para costear los estudios de un miembro de la familia, es un acto de solidaridad. Cualquier acción de participación en operaciones especulativas a alto riesgo no puede entrar en los objetivos de una Caja de Ahorros. Los actos de solidaridad citados se realizan ya en cada una de las cajas de ahorro, pero el Kutxa Bank ¿actuará con el mismo espíritu? Se nos dice, «contra más fondos disponibles mejor», pero ¿se nos garantiza el respeto del principio de solidaridad, término habitualmente ignorado por el colectivo bancario?
No se puede aceptar que una entidad financiera consolide los resultados obtenidos por su vocación especulativa con los que resultan de sus operaciones solidarias, que dicho sea de paso, no tienen por qué ser deficitarias en costo completo. Solidaridad y buena gestión de fondos de ahorradores modestos no tienen por qué ser incompatibles. Sin aventuras especulativas recientes la Kutxa presentaría resultados brillantes.
Si la CAV desea un Banco Vasco ¿por qué no? En el pasado grandes bancos locales han alcanzado dimensiones internacionales. ¿Se puede asegurar que siguen siendo bancos vascos? Es preciso saber en qué terreno nos adentramos. Muchos de los partidarios del Banco Vasco lo saben perfectamente. Será un establecimiento con vocación capitalística salvaje, ya que no existe otra en la lucha especulativa. Sin aportaciones exteriores la masa crítica no se alcanzará y será lo que todos los bancos locales han deseado ser, nacionales, aspiración irrealizable en un entorno mundializado sobre todo para los grandes capitales flotantes. Jugar en el patio de los mayores es una aspiración legítima pero los que lo han realizado con medios limitados se han desintegrado. ¿Revelan estas afirmaciones un reflejo de poca ambición? No tenemos que abandonar las utopías realizables, pero esta no lo es y la solución que se nos ofrece parece empapada del espíritu ‘hamalau’. Ser quinta caja del Estado ¿qué supone como Banco en el ranking bancario estatal? Y ¿en el mundial?
Cuando en Europa la tendencia general es separar los bancos de negocios, especulativos por naturaleza, de los bancos de depósito, aquí los queremos consolidar. Nos conviene a todos estar más viajados si se nos pide opinar y decidir. Parece necesario precisar, en el maniqueísmo ambiente, que no se trata de oponerse a la creación de un verdadero gran Banco Vasco pero después de haber previsto, sin maquillar, las fases por las que pasará antes de su inevitable internacionalización, sobre todo si las cuentas salen bien. Hay que decirlo claramente. En cualquier caso se nos confirman las garantías laborales de los 9.000 trabajadores que de las cajas de ahorro se incorporarán al resultante Kutxa Bank. Buena noticia, quizás ese aspecto ha dejado en la sombra el problema estructural.
La segunda parte del serial ya ha empezado. En Euskal Herria hemos sabido gestionar utopías realizables, en cuanto a las otras, ad imposibiliam nemo tenetur. En la atmósfera rarificada de la mundialización descubrimos progresivamente, junto a previsiones brillantes, la osada ignorancia, que no se reconoce a sí misma, expresada en forma de incontinencia verbal pretendiendo ordenar un movimiento browniano o difícilmente controlable. A propósito, ¿qué es de Gran Bretaña fuera del euro pero en realidad morroi del dólar? ¿Han oído hablar de ella?
Se ha decidido por quien, administrativamente, tiene la responsabilidad de hacerlo. Quizás una consulta popular de los ahorradores, mejor informados de «los pros y de los contras» hubiese sido preferible. No se puede limitar la información a una sola opción dejando exponer la adversa a lo que los generadores de la primera se empeñan en llamar franco tiradores, pretendiendo descalificarlos a pesar de su probada competencia.
Ahora, en la fase de acción cuyo inicio operacional está previsto para el 1 de enero próximo, y, a pesar de los pesares, tenemos que contribuir masivamente y con pujanza, al éxito de la operación con sentido agudo y objetivo de la crítica, ya que en obra humana nada está zanjado.







