En Escocia, la asistencia a la gente mayor es universal y gratuita. El sistema está centrado sobre todo en la atención a domicilio, para evitar o retrasar la hospitalización o el ingreso en residencias, e incluye todos los servicios normales que las personas mayores con problemas de salud requieren, desde los controles y cuidados médicos hasta hacerles la comida o limpiarles la casa cuando viven solas y no lo pueden hacer por sí mismas. Como Escocia es relativamente grande y la densidad de población es baja, hay casos en que el personal que se ocupa de estas tareas se ha de desplazar largas distancias a diario para atenderlas. No importa. Lo hacen, y todos los gastos van a cargo del presupuesto. No hace falta decir que este servicio, del que se benefician cerca de 50.000 personas, es muy popular entre los escoceses. En el resto del Reino Unido se calcula que cada año unas 40.000 personas tienen que vender su casa para poder pagarse una residencia. En Escocia, esto no tiene que hacerlo nadie.
Hace tres años, cuando el partido nacionalista de Alex Salmond ganó las elecciones al Parlamento escocés con mayoría absoluta, la clase política británica se quedó estupefacta. En Escocia, la ley electoral y la doble división entre izquierdas y derechas y entre nacionalistas y no nacionalistas dificultan mucho las mayorías absolutas, pese al poco apoyo con que cuenta el partido conservador. Por eso nadie esperaba que el partido nacionalista, que era el favorito, obtuviera una mayoría tan holgada. En Londres, malas lenguas llegaron a decir que los primeros sorprendidos eran los dirigentes nacionalistas, que hubieran preferido no alcanzar la mayoría absoluta para no tener que convocar el referéndum sobre la independencia, como habían prometido.
Buena parte de los analistas atribuyeron el resultado a un aumento del apoyo al independentismo. Pero los analistas más serios apuntaron enseguida al generoso sistema de asistencia a la gente mayor y a otras políticas sociales muy populares. En general, la sanidad pública funciona mucho mejor en Escocia que en el resto del Reino Unido. La educación pública es buena y es mucho más barata. Las matrículas universitarias son prácticamente gratuitas, mientras que en el resto del Reino Unido pueden costar hasta nueve mil libras anuales.
Es más: para evitar que los estudiantes ingleses estudien en las universidades escocesas y se aprovechen de la diferencia, las universidades escocesas les cobran unas tasas similares a las que tendrían que pagar si estudiasen en universidades inglesas. Los estudiantes de otros países de la Unión Europea, en cambio, pagan una matrícula casi tan baja como los escoceses. No quiero ni pensar lo que diría la prensa de Madrid si en Catalunya ocurriera algo semejante. ¿Cómo? ¿Cobrar cinco veces más a un estudiante español, por no ser catalán, que a uno francés o sueco? No habría suficientes adjetivos en todos los diccionarios de España para calificar la ofensa. Pero allí los ingleses se lo toman con su famosa flema, no siempre exenta de un punto de desprecio, y los escoceses explican con satisfacción que ellos lo encuentran natural. Si los estudiantes escoceses tienen que pagar para estudiar en universidades inglesas, ¿por qué los estudiantes ingleses han de poder estudiar gratis en las universidades escocesas? No puede ser. Habría una avalancha. Todos los ingleses querrían estudiar en Escocia.
Decir que la política de asistencia a la gente mayor y las tasas universitarias son la razón exclusiva del éxito del partido nacionalista es tal vez ir demasiado lejos. Pero me parece que tienen mucho que ver en ello. Hasta sus detractores consideran al gobierno nacionalista de Alex Salmond como un gobierno serio, capaz de cumplir lo que promete, aunque para mantener la atención gratuita a la gente mayor haya tenido que recortar drásticamente la administración autonómica. Cuando el Gobierno dice que, si Escocia es independiente, administrará los ingresos del petróleo con la misma prudencia que Noruega, que tiene un sistema ejemplar, la gente se lo cree.
¿Quiere decir esto que parte de las personas que votaron a favor de los nacionalistas lo hicieron sólo porque están a favor de la atención gratuita a la gente mayor y de la política de tasas universitarias pero no de la independencia, como algunos analistas han aventurado? No es fácil de decir. Es posible que haya ciudadanos a los que la simpatía que estas políticas les merecen los empuje a votar a favor de todo lo que el partido nacionalista proponga. Pero también es posible que haya muchos que consideren que una cosa son las políticas sociales y otra la independencia. Los votantes escoceses, como los de casi todas partes, hilan más delgado de lo que muchos analistas piensan. Si están a favor de la independencia lo veremos el próximo mes de septiembre. Pero la buena gestión pesa mucho, de eso no hay duda.
La Vanguardia







