HAY un académico vasco que escribe artículos en la prensa madrileña y que últimamente ha tenido la idea de describir a los partidos políticos abertzales «como una organización política construida sobre el patrón y desde la mentalidad de una orden religiosa». Más tarde, concreta esta idea afirmando que «en el PNV lo que proporciona desde un principio su especificidad no es la finalidad independentista ni siquiera su inicial racismo. Cuando Sabino Arana piensa en montar una organización política, su modelo no es un partido político alguno sino la Compañía de Jesús a la que estimaba tan infalible como el Papa». Y prosigue: «El radicalismo inherente implica que el partido, como la Compañía, asuma una organización de tipo militar donde todo el debate interno queda excluido, apenas el creyente da el paso decisivo de ingresar en ella. Pasados más de 100 años su espíritu convertido en creencia en el sentido orteguiano, donde se está, sigue inspirando el funcionamiento del nacionalismo tanto en el PNV como en Bildu». Y concluye: «La cohesión interna se materializa tanto para el PNV como para Bildu no ya por medio de las expulsiones, sino al intervenir de modo automático pueblo a pueblo un mecanismo de satanización y exclusión del otro, lo que llamaríamos un totalitarismo horizontal o totalismo».
Sin embargo, el craso error de este articulista del El País se evidencia con estos datos que ahora se aportan. El Instituto Ignacio de Loyola y la Universidad de Deusto en el Campus de San Sebastián organizaron conjuntamente el primer seminario de Autogobierno y Liderazgo social: El arte de gobernar según Ignacio de Loyola. El seminario se celebró durante los días 1 y 2 de julio de 2008 en el Campus de San Sebastián de la misma Universidad de Deusto. Participaron en él 35 empresarios, políticos, profesores e investigadores del Estado español y de otros países (Italia, Argentina, Chile y Venezuela).
La pretensión fundamental del Seminario consistió en analizar detenidamente el empleo civil de las metodologías que Ignacio de Loyola utilizó para el gobierno de su Compañía y el desarrollo del liderazgo de sus miembros. Sorprendieron estas metodologías por su modernidad en el campo del proceso organizativo y del liderazgo.
El objetivo del Seminario se resumió en la siguiente consideración. El propósito de amplios sectores del mundo actual es tener y ejercer el poder. Para Ignacio de Loyola la mejor manera de empoderarse personalmente consistió en empoderar a todos los que se hallaban junto a él. Por tanto, el empoderamiento fue el concepto-clave, pero no como un método empaquetado, sino a través de un clima de reflexión que nos permitía saber qué querían hacer y cómo hacerlo. Ello implicaba conocer y asumir una dinámica de puesta en común disciplinada, según las aportaciones de sensibilidades distintas, y encontrar el modo de cómo llevar adelante la responsabilidad de cada persona. Lógicamente esta dinámica conllevaba un ejercicio de retorno interior, de análisis de la propia persona y del medio en el que actúa para buscar la reconciliación consigo mismo y con el medio, e incluso buscar la propensión, o en su caso, la disposición al cambio personal y a influir en el transformación del entorno.
El primer estadio analítico del Seminario presuponía partir de una premisa básica: reflexionar sobre la sociedad. De este madurado debate emergieron estas sugestivas consideraciones.
El gran vacío a llenar en la complejidad del mundo globalizado requiere muchos más líderes. Cabría decir aquello de «hay que conseguir que cada persona sea un líder y que cada líder se comporte como persona». En la actual sociedad esta exigencia presenta un perfil particular y perentorio. Sufrimos un retraso histórico en la formación de gobernantes, fruto de una política explícita de evitarlo. La doctrina maquiavélica sobre el Príncipe ha impedido y perseguido, desde el siglo XVI y, aún continúa en nuestros días, el estudio empírico de los modos de ejercer el poder y su crítica pública.
Hoy vivimos una situación en la que la gestión, el management, se estudia regularmente, aunque no de manera eficaz. Con frecuencia se observa que la dirección operativa de las organizaciones de cualquier tipo va por delante de sus gobiernos respectivos.
La falta de comprensión, dominio y ejercicio de sus tareas propias por parte de las personas que ocupan posiciones de gobierno -sea en instituciones públicas, partidos políticos, empresas privadas, u organizaciones no lucrativas ni gubernamentales- es, en estos momentos, junto a la existencia de determinadas estructuras socioeconómicas, uno de los principales obstáculos al desarrollo. Y casi no existe oferta para combatirlo.
La doctrina y la estrategia de Ignacio de Loyola representaban una oportunidad para proponer una oferta de combate. Fundó una organización de servicios religiosos y culturales de una dimensión mundial, con carácter social y con cinco siglos de existencia. Esta empresa ha generado personas capaces de obtener y ejercer un liderazgo ilustrado y comprometido con sus sociedades, articulando métodos para formar esos líderes y para asegurar el buen funcionamiento de la Compañía de Jesús.
Una primera característica de la práctica de Ignacio de Loyola se refería a su proceso empírico de construir una teoría sobre la acción. Escribía sobre lo que había experimentado y pretendía que los demás aprendiesen también a reflexionar en la acción y deducir reglas de actuación para su propia praxis, que se sintetizaba en su famosa frase «contemplativo en la acción».
El método de Ignacio de Loyola aventajaba a los métodos usuales de desarrollo del management en colocar los valores en el principio y fundamento del aprendizaje. Lo que resta eficacia a las escuelas de management y las hace inadecuadas para formar líderes o gobernantes es su tendencia a enseñar técnicas y no ocuparse de la propia persona del que aprende. Por ello, con frecuencia, de esas escuelas no salen buenos directores o líderes sino técnicos, consultores y financieros.
El Libro de los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola enfatizaba la importancia de la relación personal del que imparte los ejercicios con el receptor de los mismos, lo que suponía un entrenamiento práctico, hoy conocido como coaching.
Todo lo que en los ejercicios está relacionado con el hombre reconciliado, la cuenta de conciencia y el proceso de crecimiento constituyen un método de aprendizaje del liderazgo auténtico y actual sorprendentemente moderno.
Quiero concluir afirmando que se puede escribir mucho pero a ciegas. Y algunos articulistas lo hacen a oído, sin previamente estudiar el tema del que escriben. Quizás acuciados por la dinámica del número de líneas que le permite el redactor jefe o a veces de la premura de cumplir con un contrato de colaboración a fecha fija. Nuestro referente con el que hemos comenzado el artículo ha caído en la trampa de hablar de lo que no sabía a la espera de que nadie le leyera o que si algún interesado lo hiciera no fuera capaz de ponerle en entredicho.







