Una mañana a finales de 1990 me atreví a entrar en el salón de mármol de la Oficina de Relaciones Exteriores para visitar al entonces ministro para asuntos europeos Joyce Quin. Agobiado entre pilas de cajas de color rojo, Quin – normalmente afable y trabajador – parecía cansado y me explicó que había pasado todo el fin de semana estudiando detenidamente los documentos sobre Gibraltar. «He pasado más tiempo trabajando en el peñón – 30.000 habitantes – que en los problemas de Gateshead, que tiene una población de 65.000 y del cual soy parlamentario».
Por aquel entonces yo era asesor del fallecido Robin Cook y entendí exactamente lo que quería decir: Gibraltar pertenece a la clase de asuntos de política exterior que los diplomáticos gestionan sin esperar resolver.
Algunas reclamaciones de los españoles sobre el Peñón son comprensibles: ¿cuántos británicos tolerarían que la península Lizard estuviera controlada por una potencia extranjera? Pero en general, la editorial de The Guardian tenía razón: el tema se está utilizando como una distracción de lo que debería ser – y a menudo es – una relación fructífera entre aliados europeos.
Esta última disputa entre Londres y Madrid es, sin embargo, una medida cínica del gobierno español. Se ha diseñado para tapar un escándalo interno que se cierne sobre el Partido Popular (PP) y amenaza con comprometer al primer ministro Mariano Rajoy.
En los últimos meses los españoles se han interesado cada vez más en un caso legal que implica a Luis Bárcenas, tesorero del PP desde hace más de 20 años. A finales del año pasado, a raíz de las filtraciones de un informante del banco HSBC, y bajo la presión de la judicatura española, las autoridades suizas publicaron los detalles de las cuentas bancarias que Bárcenas tenía en Zurich que sumaban al parecer unos 48 millones de €.
Se alega que el dinero provenía de donantes corporativos que luego recibieron lucrativos contratos por las administraciones del PP en toda España. También se alega que las cuentas se utilizaron para financiar los pagos en efectivo a los dirigentes del PP más allá del escrutinio de los votantes, las autoridades fiscales – o de la ley. Cuando el clamor creció, el PP se distanció rápidamente de su propio jefe de finanzas. A su vez, Bárcenas comenzó a suministrar al juez de instrucción los detalles de los pagos en efectivo ilegales que ahora afirma haber hecho a dirigentes del PP en las últimas dos décadas.
La semana pasada, Rajoy se vio obligado a comparecer en el Parlamento después de negarse durante meses a responder preguntas sobre el caso y ni siquiera mencionaba a Bárcenas por su nombre. Lamentablemente, en respuesta a las preguntas tipo “Watergate” sobre «quién sabía qué y cuándo», el primer ministro tenía poco que decir sobre lo que pasó en el partido que él lidera.´
Algunos sectores de la prensa de la derecha se han enfrentado a Rajoy, pero otros están decididos a tratar de salvarlo y desviar la atención del escándalo de financiación. La defensa del presidente la dirige el católico, conservador diario ABC, que lleva días sacando a relucir Gibraltar – es un tema que cala hondo en una generación más adulta, a los que en los años del franquismo se les enseñó que «Gibraltar es un cuchillo en el corazón de cada español «.
Pero incluso en este caso es algo más que mera política doméstica española. Una vez más, los paraísos fiscales están en el centro de la noticia. Gibraltar acoge a miles de empresas que no tienen ninguna actividad económica real en el peñón. El tesorero de uno de los partidos gobernantes de Europa admite tener cuentas con millones de euros en bancos suizos y todavía tiene que ofrecer una explicación plausible acerca de dónde salió el dinero. ¿Qué indagaron las autoridades suizas sobre las cuentas ilícitas? Y ¿por qué hace falta un informante y la presión judicial para que la verdad salga a la luz?
Así que no nos distraigamos. La creciente tensión entre Gran Bretaña y España también tiene que ver con la transparencia financiera – tanto si se trata de empresas domiciliadas en Gibraltar o de cuentas más cercanas Ginebra.







