Resultados y retos del 18º Congreso del Partido Comunista Chino
Pablo Bustelo
ARI 79/2012 – 20/11/2012
Tema: Se analizan las resoluciones y los desafíos del 18º Congreso del Partido Comunista Chino, celebrado entre los días 8 y 14 de noviembre.
Resumen: Este análisis se propone indagar, primero, en el ascenso al poder de la llamada “quinta generación” de líderes a raíz del 18º Congreso del Partido Comunista Chino. Además, se enumeran los cambios principales contenidos en la extensa enmienda, de claro calado político, a la Constitución del Partido. Finalmente, se enumeran brevemente los principales desafíos a los que deben hacer frente los nuevos dirigentes: desaceleración económica, cambio de modelo productivo, creciente desigualdad de rentas y riqueza, problemas medioambientales, política demográfica necesitada de revisión y rivalidad coyuntural con Japón y estructural con EEUU, entre otros.
Palabras-clave: China, Partido Comunista Chino, Congreso, Xi Jinping, Li Keqiang, Jiang Zemin, Hu Jintao.
Descriptores: China, Partido Comunista Chino, 18º Congreso (noviembre de 2012), Xi Jinping, Li Keqiang.
Análisis: Entre el 8 y el 14 de noviembre el Partido Comunista Chino (PCC) celebró su 18º Congreso. Hubo un cambio de los máximos dirigentes, lo que se produce cada 10 años (Hu Jintao fue elegido Secretario General en el 16º Congreso, de 2002). La llamada “quinta generación” (siendo la primera la de Mao Zedong, la segunda la de Deng Xiaoping, la tercera la de Jiang Zemin y la cuarta la de Hu Jintao) accedió al poder máximo en el PCC y lo hará también en el Estado cuando se reúna en marzo próximo la Asamblea Popular Nacional y nombre a los nuevos presidente y primer ministro. Además, el Congreso adoptó una enmienda a la Constitución del Partido, con importante contenido político.
El ascenso de la “quinta generación”
Como es conocido, Xi Jinping accedió al cargo de secretario general (y futuro presidente) mientras que Li Keqiang fue nombrado nº 2 del PCC (y futuro primer ministro).
Se han dado dos circunstancias especiales en dichos nombramientos. En primer lugar, los dos máximos líderes pertenecen a dos facciones distintas dentro del PCC. Xi Jinping forma parte de la corriente taizidang, de los llamados red princelings (“pequeños príncipes rojos”), hijos de antiguos máximos dirigentes del PCC, y a la que pertenecen también Jiang Zemin, Zhang Dejian (quien sustituyó a Bo Xilai, después de su defenestración, en Chongqing) y Yu Zhengshen, secretario del PCC en Shanghai. Por su parte, Li Keqiang está inscrito en la corriente llamada tuanpai, de la Liga de la Juventud Comunista (LJC) y de la que forman parte Hu Jintao o Wen Jiabao. Las diferencias entre las dos corrientes son difusas, pero existe cierto consenso en que los “príncipes” defienden el crecimiento económico casi a toda costa, para dar legitimidad al Partido, y son políticamente conservadores (es decir, no contemplan, ni siquiera de palabra, la apertura política) y en que los tuanpai desean un crecimiento sostenible y equilibrado y se manifiestan, aunque hasta ahora sólo de palabra, a favor de la democratización progresiva del régimen (por ejemplo, los discursos y las manifestaciones de Wen Jiabao, especialmente en los últimos años, han destacado por insistir en esos dos aspectos).
En segundo término, Xi y Li son los primeros líderes del PCC que no han contado con la bendición del patriarca Deng Xiaoping, quien falleció en 1997. Los presidentes anteriores, Jiang Zemin y Hu Jintao, fueron apoyados en su momento por Deng. Esta situación ha hecho que, en algunos círculos, se esté intentado revisar la herencia de política económica de Deng. Por ejemplo, éste insistió mucho en que unos deberían hacerse ricos antes que otros, lo que seguramente ha influido en el prodigioso aumento de la desigualdad en los últimos años. También en el gradualismo (“cruzar el río sintiendo las piedras bajo los pies”), puesto en cuestión ahora por quienes dicen que la economía ya ha llegado a un nivel de aguas profundas, en las que no hay partes de rocas fuera del agua.
En otro orden de cosas, el Congreso se ha producido en un año en el que han abundado asuntos de corrupción: los “casos” Bo Xilai (miembro del Buró Político y secretario del PCC en Chongqing, destituido en marzo y acusado posteriormente de recibir sobornos y de complicidad en un asesinato), Xi Jinping (la agencia Bloomberg estimó en junio las inversiones de su familia en 376 millones de dólares) y Wen Jiabao (el New York Times desveló a finales de octubre que la fortuna de sus parientes podría rondar los 2.700 millones de dólares). Tales casos de corrupción o nepotismo han demostrado que esos males no afectaban únicamente a cuadros intermedios del Partido, como se decía desde las alturas, sino también a los máximos dirigentes. En otras palabras, las rencillas entre las dos facciones del PCC se han acentuado mucho en los meses anteriores al 18º Congreso, sin que existan precedentes en Congresos anteriores.
En cuanto al Comité Permanente del Buró Político, cabe destacar varias cosas. En primer lugar, no hay ninguna mujer, pese a que se rumoreaba antes del Congreso que podría entrar una (la consejera de Estado Liu Yandong). Tal cosa es llamativa y dice mucho sobre la importancia política en China de las mujeres, consideradas por Mao la “mitad del cielo”. Pero los órganos dirigentes del PCC siguen sin dar entrada adecuada a las mujeres. En el Buró Político hay dos mujeres sobre 25 miembros. En el Comité Central, hay 33 sobre 205 miembros.
Por otra parte, la corriente de los “príncipes” tiene una mayoría aplastante en el Comité Permanente del Buró Político, que ha pasado de nueve a siete miembros, con el fin de hacerlo más eficaz. La influencia todavía importante de Jiang Zemin, de 86 años, se ha hecho notar y la correlación de fuerzas es de seis a uno o, todo lo más, de cinco a dos a favor de los conservadores. Los únicos tuanpai son Li Keqiang y, con matices, Liu Yunshan, jefe del aparato de propaganda y censura desde 2002, pero a la vez muy cercano a Jiang Zemin. Los siete miembros del Comité Permanente del Buró Político son:
Xi Jinping, de 59 años, hijo de un viceprimer ministro y presidente de la Asamblea Popular Nacional, antiguo jefe del PCC en Shanghai, organizador de los JJOO de 2008 y casado con una famosa cantante procedente del Ejército.
Li Keqiang, de 57 años, patrocinado por Hu Jintao, a quien sucedió en la dirección de la LJC en los años 90, doctor en Ciencias Económicas (Universidad de Pekín), y que como viceprimer ministro ha ayudado mucho a sortear la crisis financiera global de 2007-2009.
Zhang Dejian, de 66 años, economista formado en Corea del Norte, fue jefe de PCC en Guangdong y también en Chongqing, después de la caída de Bo Xilai (ha renunciado recientemente a ese cargo).
Yu Zhengshen, de 67 años, secretario del PCC en Shanghai.
Liu Yunshan, de 65 años, tuanpai pero cercano a Jiang Zemin, ha sido jefe del aparato de propaganda desde 2002.
Wang Qishan, de 64 años, viceprimer ministro de Economía y ex-alcalde de Beijing. Nombrado ahora responsable de la lucha contra la corrupción.
Zhang Gaoli, de 66 años, secretario del PCC en Tianjin.
Tal correlación de fuerzas tiene su importancia en las políticas que se seguirán en los próximos años. Todos los dirigentes coinciden en que es necesaria una reorientación de la reforma económica y de la apertura, pero discrepan en que tal cosa exija o no una mejor distribución de la renta (con un aumento de los ingresos de los agricultores, una red universal de seguridad social y mejoras sustanciales en pensiones) y requiera o no reformas políticas y sociales, esto es, la apertura democrática, por muy gradual que sea, y la defensa de los intereses de la población campesina y de los trabajadores migrantes.
Finalmente, cabe destacar que Hu Jintao no continúa como presidente de la Comisión Militar Central del PCC, lo que sí hicieron sus predecesores, siendo Xi Jinping quien controla al Ejército al ser su comandante en jefe.
En suma, cabe hablar de un resultado a priori decepcionante para los partidarios de un crecimiento económico sostenible y equilibrado y de una apertura política gradual. Por ejemplo, Hu Jintao, en su discurso de apertura del Congreso, señaló que China debía conseguir duplicar el PIB y la renta per cápita del país entre 2010 y 2020, lo que supone un incremento anual medio del 7% en ambas variables. Está por ver que los “pequeños príncipes” acepten un crecimiento tan “bajo” y tan alejado del 10% de variación anual media en 1980-2010.
Las resoluciones políticas y económicas
Hay que buscar las resoluciones más importantes en la enmienda a la Constitución del PCC, que se aprobó el último día del Congreso.
En dicha enmienda destacan varios aspectos. Pese a lo que rumoreaba con insistencia, no se ha eliminado el “Pensamiento Mao Zedong” de la parte de inspiraciones teóricas de PCC. En cambio, se ha añadido la “perspectiva científica del desarrollo” defendida por Hu Jintao y sus partidarios. Así, la enmienda señala que “el Congreso acordó por unanimidad que, junto con el Marxismo-Leninismo, el Pensamiento Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping y la importante idea de las tres representaciones,[1] la perspectiva científica del desarrollo debe formar parte de la guía del Partido para la acción”.
Otro aspecto sobresaliente es que la enmienda insiste especialmente en la importancia de la reforma económica y de la apertura para el futuro de China. Resaltar esa estrategia puede parecer innecesario a estas alturas, pero quizá se deba a la voluntad de distanciarse de la llamada corriente neo-maoísta, uno de cuyos líderes era el defenestrado Bo Xilai, partidario de frenar la reforma y la apertura, para volver a los eslóganes anteriores a 1978.
Un tercer contenido es la insistencia, una vez más, en el “socialismo con características chinas”, una expresión en la que cabe todo pero que no significa casi nada. Como Xi Jinping, en su alocución ante la prensa el día 15 de noviembre, también citó esa frase, quizá la retórica “socialista” se vea acentuada ante las críticas de la llamada “izquierda” (maoístas y neo-maoístas), el aumento de la desigualdad y el prodigioso aumento de la riqueza de algunos privilegiados.
Finalmente, y de forma muy destacada, la enmienda defiende la “importancia estratégica” del “progreso ecológico”. En sus propias palabras, “el Congreso mantiene que el progreso ecológico es una tarea a largo plazo de importancia vital para el bienestar del pueblo chino y del futuro de la nación china. Es imperativo otorgar una alta prioridad a la realización del progreso ecológico y a su incorporación en todos los aspectos y en el proceso general de mejorar el progreso económico, político, cultural y social, trabajar duro para construir un país hermoso y conseguir un desarrollo duradero y sostenible de la nación china”.
Los enormes retos del nuevo liderazgo
Los desafíos de los nuevos líderes del PCC, que pasarán a gobernar el país a partir del próximo mes de marzo, son variados y de gran importancia, en justa correspondencia con el tamaño económico (segunda mayor economía del mundo) y político que ha alcanzado el país y su creciente complejidad.
El primero es la desaceleración económica. El PIB, que aumentó el 9,2% en 2011, creció el 7,4% en el tercer trimestre de 2012. Las razones son principalmente dos: el aumento de la inversión ha pasado del 25% al 20% y el crecimiento de las exportaciones ha bajado del 20% al 5%, por la crisis europea de deuda (la UE era el primer mercado de exportación de China hasta hace bien poco) y las incertidumbres que pesan sobre la economía de EEUU. Es verdad que los datos de octubre son alentadores y quizá anuncian que la economía china ha tocado suelo o lo tocará en uno de los dos últimos trimestres del año, pero las previsiones de crecimiento del PIB para el conjunto del año rondan el 7,5%, la cifra recomendada por el gobierno, cuyas previsiones quedaban hasta ahora siempre desmentidas al alza.
El segundo reto es la reconversión del modelo económico (“desequilibrado, descoordinado e insostenible” en palabras de Wen Jiabao) desde la inversión y las exportaciones hacia el consumo interior. Tal cosa exige la reducción de la alta tasa de ahorro privado (de los hogares y las empresas), lo que no es fácil, porque obliga a aumentar sustancialmente las inversiones públicas en sanidad, educación y pensiones, así como en forzar a las empresas estatales a repartir beneficios en lugar de reinvertirlos. No cabe descartar la posibilidad que la nueva dirección del PCC posponga tales exigencias en aras de un crecimiento más rápido del PIB.
Además, la desigualdad en la distribución de la renta y la riqueza ha aumentado mucho en los últimos 10 años, lo que es un caldo de cultivo para que haya protestas sociales más numerosas. Se cree que esas protestas habrían pasado de 87.000 en 2005 a 180.000 en 2010. Es verdad que no todas las protestas son por la brecha de renta y de riqueza; muchas se deben a las confiscaciones ilegales de tierras, a problemas medioambientales, a la corrupción o a las condiciones de trabajo de los trabajadores emigrantes. Pero, según algunos especialistas, el coeficiente de Gini de los ingresos de los hogares, que mide la equidad de 0 (igualdad perfecta) a 1 (desigualdad máxima), ha aumentado de 0,3 a principios de los años 90 a 0,4 a finales de los años 2000. Eso es más que en Turquía, EEUU y Japón (se ha mantenido en el 0,3 en ese último país).
Por añadidura, los problemas medioambientales se han acentuado y generan importantes protestas sociales, como ocurrió con una refinería de cobre en Shifang (provincia de Sichuan) en julio y con una planta petroquímica en Ningbo, una ciudad portuaria al sur de Shanghai.
Por si esto fuese poco, la política demográfica debería ser cambiada. Es verdad que se ha reformado la política del “hijo único”, con la posibilidad de que los progenitores que sean ellos mismos hijos únicos puedan tener dos hijos en lugar de uno. Pero los expertos dudan de que esa medida sea suficiente para evitar que China se haga vieja antes de hacerse rica.
En política exterior, la situación no es sencilla. China debe resolver la rencilla con Japón por las islas Diaoyu/Senkaku y, sobre todo, hacer frente a la estrategia de “contención de China” de EEUU, acentuada por nuevos acuerdos de seguridad con algunos de sus aliados en la región y, sobre todo, por el giro del Pentágono hacia el “pivote asiático”.
Conclusiones: El 18º Congreso del PCC ha sido un hito importante en la evolución de China y sus repercusiones se dejarán notar durante años.
Por primera vez en mucho tiempo, el máximo dirigente, Xi Jinping, tendrá desde principios de su mandato los puestos de secretario general del PCC, presidente de la Comisión Militar Central (CMC) y presidente de la República (en marzo de 2013). Esto no ocurrió con Hu Jintao, que tuvo que dejar en manos de Jiang Zemin la CMC durante dos años. Tal cosa, en un sistema tan jerarquizado y con tanto culto a la personalidad, puede tener sus ventajas, si es que Xi opta por una reforma económica y política decidida o sus inconvenientes si Xi opta por el conservadurismo.
En segundo lugar, Xi Jinping es un “pequeño príncipe”, de manera que pertenece a la facción dirigida por Jiang Zemin, secretario general del Partido de 1989 a 2002. Por tanto, cabe suponer que será partidario de un crecimiento económico a toda costa, sin las precauciones de los últimos años (y, sobre todo, de 2012). Es posible igualmente que no otorgue particular importancia a la reforma política y la democratización del país, salvo de forma retórica, con el fin de mantener la estabilidad. Pero la contradicción entre el régimen político y una renta per cápita que puede alcanzar los 6.000 o 7.000 dólares en los próximos años (umbral a partir del cual las peticiones de reforma política se hacen socialmente más importantes, como se vio, entre otros casos, en Corea del Sur y Taiwán a mediados de los años 80) se hará cada vez más evidente. Además, en 2002 había una gran esperanza con un líder en teoría reformista en lo político, pero que, durante sus 10 años de mandato, apenas ha hecho nada. Quizá Xi Jinping nos dé una sorpresa, pese a sus credenciales conservadoras.
Además, el Comité Permanente del Buró Político tiene una mayoría aplastante de los “pequeños príncipes”, de manera de que la facción populista de la LJC ha sido marginada y hasta humillada. Es muy posible que la lucha entre las facciones de aquí en adelante haga muy difícil el consenso, en un sistema de toma de decisiones que descansa casi siempre en él. A cambio, los nuevos dirigentes tienen una alta y probada capacidad administrativa, además de mucha experiencia política, de manera que, sin duda, serán más activos que Hu Jintao durante su segundo mandato.
Finalmente, los retos a los que China debe hacer frente son de gran calado. La enumeración es larga: desaceleración económica, cambio de modelo productivo, creciente desigualdad de rentas y riqueza, problemas medioambientales de auténtica pesadilla, política demográfica que exige algunas modificaciones y rivalidad coyuntural con Japón y estructural con EEUU, entre otros desafíos. Está por ver que la “quinta generación” de líderes chinos esté a la altura de las circunstancias.
Pablo Bustelo
Investigador principal de Asia-Pacífico del Real Instituto Elcano
[1] Con arreglo a Jiang Zemin, presidente de la República entre 1993 y 2003 y secretario general del Partido de 1989 a 2002, el Partido representa a las fuerzas productivas avanzadas, a las fuerzas avanzadas de la cultura y a la mayoría del pueblo chino.
India y China: ¿son y serán complementarias?
Pablo Bustelo
Tema[1]: este ARI intenta argumentar que la complementariedad entre India y China es importante y cada vez mayor, lo que podría ayudar a que se pueda hablar de una “Chindia” en proceso de formación.
Resumen: Los dos países más poblados del mundo están condenados a entenderse, esto es, a superar su tradicional rivalidad (que alcanzó su máximo, como es sabido, en la guerra fronteriza de 1962), a resolver, de manera pacífica, sus contenciosos territoriales y a convivir en los Océanos Índico y Pacífico. A eso contribuyen dos factores. En primer lugar, la creciente convergencia en su política exterior y en sus intereses estratégicos, como se ha visto en los últimos años en foros como el G20 y el de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Por ejemplo, ambos defienden el multilateralismo y la multipolaridad, así como la estabilidad regional y global, puesto que se trata de grandes países en desarrollo cuya primera prioridad es la lucha contra la pobreza y el aumento de la renta per cápita. En segundo lugar, la existencia de una complementariedad económica (entre sí y en mercados terceros) significativa y creciente con el paso del tiempo. Este artículo intentará argumentar que esa complementariedad es importante y cada vez mayor, lo que podría ayudar a que se pueda hablar de una “Chindia” en proceso de formación.[2]
El comercio de mercancías
El comercio bilateral de bienes ha crecido mucho en los últimos años, lo que ya de por sí es una muestra de la creciente complementariedad o división del trabajo. Ha pasado de apenas 3.000 millones de dólares en 2000 a 63.000 millones en 2010 y a 73.900 millones en 2011. Ambos países se han fijado como meta unos intercambios de 100.000 millones en 2015, lo que parece perfectamente posible, salvo catástrofe. En segundo lugar, el comercio bilateral ha sido, es y seguramente seguirá siendo durante años expresión de una división internacional del trabajo de tipo vertical, en la que se intercambian productos manufacturados (China) por materias primas (India). Como no cabe descartar absolutamente que la India empiece a exportar a China una cantidad apreciable de manufacturas, ese comercio pasará, en el mejor de los casos, a ser interindustrial y no intraindustrial.
En la tabla 1 se observa que las exportaciones de la India a China y las importaciones de la India desde China son sustancialmente diferentes. La India exporta a su vecino oriental principalmente mineral de hierro, metales no ferrosos y fibras textiles (sobre todo de algodón). En cambio, las importaciones de productos chinos son fundamentalmente equipos de telecomunicación, maquinaria eléctrica, maquinaria industrial y equipos para generar electricidad.
Tabla 1. El comercio bilateral India-China (cantidades acumuladas 2007-2011, millones de dólares)
CUCI
Productos
Valor
Porcentaje
Exportaciones de India
28
Minerales y desechos de metales
53.403
57,5%
26
Fibras textiles
7.022
7,6%
68
Metales no ferrosos
4.872
5,2%
66
Manufacturas de minerales no metálicos
3.634
3,9%
Total
92.807
100,0%
Importaciones de India
76
Aparatos y equipo para telecomunicaciones
26.155
14,8%
77
Maquinaria, aparatos y artefactos eléctricos
15.605
8,8%
74
Maquinaria y equipo industrial
12.756
7,2%
71
Maquinaria y equipo generadores
12.720
7,2%
Total
176.751
100,0%
Fuente: Comtrade.
Entre el año 2007 y el año 2011, las exportaciones de India a China pasaron de 14.620 millones de dólares a 23.400 millones, pero las importaciones desde China crecieron aun más rápido, al aumentar de 24.000 millones a 50.540 millones, según datos de Comtrade. En 2011 el déficit indio en sus intercambios comerciales con China fue, por tanto, de 27.140 millones de dólares.
Las estadísticas oficiales indias difieren de las anteriores en parte (pero no sólo) por referirse a años fiscales (abril-marzo del año siguiente). Según dichas fuentes, el déficit indio con China habría pasado de 16.270 millones de dólares en 2007-08 a 39.650 en 2011-12, equivalente al 2 por cien del PIB (véase la tabla 2). En cualquier caso, el déficit bilateral es importante, de manera que la India pretende aumentar sus exportaciones de otros productos que los habituales, como serían arroz, medicamentos, automóviles y servicios de tecnologías de la información (STI). Por el lado de las importaciones, también se han dado casos de proteccionismo indio en los últimos años, como medidas anti-dumping y aranceles a las compras de maquinaria eléctrica procedentes de China.
Tabla 2. Saldo comercial bilateral India-China (millones de dólares)
2006-07
9.150
2007-08
16.270
2008-09
23.140
2009-10
19.120
2010-11
23.860
2011-12
39.650
Fuente: DGCIS.
La razón no es tanto el déficit con China sino el déficit comercial total indio, que ha aumentado de 13.000 millones en 2000 a 150.000 millones (6 por cien del PIB) en 2011, pese al fuerte crecimiento de las exportaciones de mercancías (19,3 por cien de media anual entre 2000 y 2011, casi tanto como el 20,1 por cien de China). Así, el déficit con China supone menos del 20 por cien del déficit total, mientras que el componente energético alcanza nada menos que el 65 por cien. Excluyendo la energía, el déficit con China equivale a más de la mitad del déficit total.
El comercio bilateral de servicios
Como es bien conocido, la India tiene una gran ventaja sobre China, que es su rápido desarrollo de las exportaciones de STI. Aunque en 2010 las exportaciones de servicios en general fueron mayores en China (128.600 millones de dólares) que en la India (90.193 millones), las ventas al exterior de STI supusieron el 49 por cien de las exportaciones de servicios en China y el 70 por cien en India. Por tanto, fueron muy similares en valor absoluto (tabla 3).
Tabla 3. Estructura de las exportaciones de servicios en 2010 (%)
India
China
Transporte
22
18
Viajes
12
31
Servicios de seguros y financieros
5
2
STI
70
49
Fuente: Banco Mundial.
En el subsector de software y servicios para ordenadores, India tiene una cuota (8 por cien) del mercado mundial superior a la de China (6 por cien), pese a la diferencia en el PIB. El liderazgo está ejercido, como es bien sabido, por Estados Unidos (39 por cien), Europa (34 por cien) y Japón (12 por cien). Sorprende la pequeña cuota de China, pues en 2011 se vendieron allí 73 millones de ordenadores personales, frente a los 11 millones que registró China, incluso si tenemos en cuenta la diferencia en cuanto al uso del idioma inglés y en lo relativo a las empresas privadas muy dinámicas e internacionalizadas, como la existentes en el sector indio de STI.
La diferencia está en que los principales clientes de la India fueron Estados Unidos (52 por cien de las exportaciones de STI en 2010-11) y el Reino Unido (21 por cien), seguidos, a mucha distancia por Canadá (4 por cien) y Alemania (2 por cien). En cambio, los clientes principales de China fueron muy similares a los del comercio de mercancías (UE, Estados Unidos y ASEAN).
Inversiones extranjeras directas
Las inversiones cruzadas son extremadamente pequeñas para el tamaño del PIB y la IED de los dos países. Se estima que en 2011 el stock de IED de China en India fue de apenas 580 millones de dólares mientras que el stock de IED de India en China fue únicamente de 460 millones. Hay apenas 10 empresas chinas que tengan o estén construyendo fábricas en la India y alrededor de 100 que tienen oficinas de representación. Esas cifras deben ser comparadas con el stock total de IED de China hasta 2011 (366.000 millones de dólares) y de la India (111.000 millones).
La mayor parte de la IED entrante en China procede de otros países asiáticos y se dirige al sector manufacturero. En cambio, el grueso de la IED entrante en la India tiene su origen en EEUU y Europa y se destina al sector servicios.
¿Hay y habrá complementariedad?
Muchos analistas han mencionado que es muy probable que la India empiece a exportar masivamente manufacturas, cosa que podría afectar negativamente a China, dada la diferencia de salarios (estimados en 2011 en una media de 656 dólares mensuales en China y de 295 dólares en la India). También se ha sugerido que China puede replicar su extraordinario éxito en el comercio mundial de mercancías en el caso de la exportación de STI, con lo que entraría en competencia directa con India. En otras palabras, esa tesis sugiere que China e India se van a hacer, con el tiempo, más competitivas entre sí (en los mercados internos y terceros[3]) de lo que son ahora.
No obstante, pese a algunas incursiones en la exportación de manufacturas (por ejemplo en el sector del automóvil) es difícil que la India pueda competir con China. Las razones son diversas: la industria china es bastante más competitiva que la de India, puesto que la competitividad está relacionada con los salarios pero también con la productividad; esa diferencia probablemente se mantendrá ya que China puede no abandonar los sectores intensivos en mano de obra y sí, en cambio, trasladarlos a la provincias interiores, en las que los costes laborales son sustancialmente inferiores que en la región costera y en las que han progresado mucho en los últimos años las infraestructuras de transporte y comunicaciones; y, si no se mantienen en China, podrían deslocalizarse hacia Vietnam, Indonesia, etc. y no necesariamente hacia la India.
En cuanto al desarrollo, en China, de un potente sector exportador del STI, no es tan evidente. China presenta algunos inconvenientes: falta de ingenieros y programadores cualificados, ausencia de personal con buen dominio del idioma inglés, inexistencia en China de empresas privadas muy dinámicas, como son las indias Wipro, Infosys, TCS, etc., presencia de un enorme mercado interior, de ya notable poder adquisitivo, que podría hacer que las empresas chinas se orienten hacia el mercado interno, especialmente cuando la estrategia gubernamental consiste en potenciar el consumo privado frente a las exportaciones.
En lo que atañe a las inversiones extranjeras, por el momento India y China compiten poco y no hay que descartar que se mantengan así durante algún tiempo. La IED en China es mucho mayor que en la India (124.000 millones y 34.500 millones, respectivamente, en 2011, según datos de la UNCTAD). La procedencia de la IED es muy distinta. En el caso de la India, los principales inversores, sin contar los paraísos fiscales, son Singapur, Reino Unido, Japón, Estados Unidos, Países Bajos, Chipre, Alemania, Francia y EAU. En cambio, en China los principales inversores son otros países y territorios de Asia. La lista está encabezada por Hong Kong, Singapur y Japón, a los que siguen Estados Unidos, Corea del Sur, Taiwán, Países Bajos, Francia y Alemania. Finalmente, los sectores de destino son muy diferentes: la industria en el caso de China y los servicios (software y telecomunicaciones) en la India.
La colaboración política
En marzo de 2012, el presidente chino Hu Jintao visitó la India y se entrevistó con el primer ministro Manmohan Singh. Entre otras cosas, los dos líderes decidieron que 2012 fuese el Año de Cooperación y Amistad India-China. Hu presentó un plan de cinco puntos para mejorar la relación bilateral: más contactos de alto nivel, mayor cooperación en la práctica, fomento de las relaciones culturales y people-to-people (P2P), superación de las divergencias en un marco de paz y estabilidad y más coordinación en los asuntos y foros internacionales.
En ese último aspecto, se ha avanzado apreciablemente pues India y China colaboran ya de manera significativa en foros como el G20 y el de los BRICS. También es positivo que China se haya convertido en el primer socio comercial de la India y que ésta sea el 8º mayor socio de China, aunque sea pisando los talones a Malasia.
En cambio, hay carencias que son muy llamativas: no existen vuelos directos entre Mumbai y Beijing o Shanghai, en parte porque el turismo es casi inexistente (medio millón de personas en los dos trayectos). Dado el bajo nivel de los intercambios bilaterales, tiene poco sentido que la India haya aprobado restricciones a las importaciones originarias de China, como medidas anti-dumping o aranceles a productos de telecomunicaciones o maquinaria eléctrica. Menos sentido aún tiene que, pese a la intención declarada de la India de exportar más alimentos a su vecino, existan en ese país restricciones a las ventas de arroz, justificadas por la insuficiencia de la oferta, que suele ser a menudo ocasional (depende mucho de los monzones) o que el cierre de minas ilegales de hierro haya hecho bajar las exportaciones indias de ese mineral.[4] En términos más generales, los temores y las suspicacias indias son excesivas, por ejemplo ante una futura invasión de manufacturas a bajo precio, que podría acabar con el pequeño sector industrial existente hasta ahora o ante las inversiones directas chinas, que, se afirma, podrían amenazar la seguridad nacional.
En días previos a la visita de Hu Jintao, se reunieron en Delhi los ministros de comercio Anand Sharma y Chen Deming. El ministro chino aseguró que se permitiría un mayor y mejor acceso de los productos indios en el mercado interior de China, en sectores como productos agrícolas y farmacéuticos, STI o adquisiciones y contratos del gobierno. Es más, se dio inicio, en el grupo de trabajo de relaciones económicas, comercio, ciencia y tecnología a un programa quinquenal de cooperación para discutir y resolver temas relacionados con el comercio bilateral (incluyendo la reconciliación de las estadísticas) y las inversiones cruzadas. También se creó una task force, obligada a entregar en 90 días sus conclusiones a los respectivos gobiernos.
El ministro Sharma declaró que “nos han asegurado que [los chinos] comprenden y apoyan las medidas relativas al desequilibrio comercial. Por su parte, el ministro Chen dijo: “China importará más productos desde la India en agricultura, tecnologías de la información y el sector farmacéutico. Queremos comprar más a India para tener un comercio más equilibrado. Animamos a las empresas indias a que promuevan sus productos en China”.
Tendencias
Los analistas indios más optimistas consideran que la India podría crear un potente sector industrial exportador, a medida que China se adentra en productos sofisticados y de alto valor añadido. También consideran que las masivas inversiones de China en sanidad y educación harán necesaria productos y servicios como medicamentos y equipo médico, por una parte, y, por la otra, manuales de formación en inglés, formas avanzadas de investigación científica, entre otros bienes y servicios, además de servicios de consultoría, jurídicos, de comercialización y de publicidad. Según esa tesis, la India podría sacar mucho provecho del auge actual de China.
La opinión de quien esto escribe es que lo segundo (más bienes y servicios indios en sectores no plenamente desarrollados en China) podría ser perfectamente posible, pero que lo primero (el auge industrial exportador de India) es dudoso, con contadas excepciones. Las razones principales son que quienes podrían sacar provecho del abandono chino de sectores muy intensivos en mano de obra (como juguetes, calzado, artículos de confección, ensamblaje de productos electrónicos, etc.) bien pudieran ser Vietnam, Indonesia o Bangladesh, que tienen una trayectoria industrial más antigua que la de la India y costes laborales aun más bajos. Sin ir más lejos, la industria manufacturera supone el 27 por cien del PIB en Indonesia, el 20 por cien en Vietnam y el 18 por cien en Bangladesh, frente al escaso 15 por cien de la India. Además, como ya se mencionó antes, no está claro que la industria muy intensiva en mano de obra vaya a abandonar China. Lo que podría ocurrir es que se traslade desde las regiones costeras hacia las interiores, donde los salarios son más bajos y las infraestructuras han mejorado mucho en los últimos años.
Conclusiones: Este artículo ha pretendido sugerir que la tesis de que la India sea una China in pectore y de que China acabará dominando el comercio internacional de STI es un argumento que carece de una adecuada contrastación empírica.
El auge del comercio bilateral de mercancías (73.900 millones de dólares en 2011 y 100.000 millones previstos para 2015), los productos intercambiados (hierro, metales no ferrosos y fibras textiles frente a maquinaria y otros bienes de equipo) y la voluntad india de reducir el déficit bilateral (con más exportaciones de arroz, medicamentos, automóviles y STI) son factores que apuntan a una notable y creciente complementariedad o división del trabajo entre India y China.
En cuanto a las inversiones directas cruzadas, hasta ahora son muy escasas. No parece que India y China estén compitiendo por la IED, ya que la cantidad recibida es muy superior en China, porque los principales países de origen son distintos y porque los sectores de destino son diferentes.
Tal cosa no quiere decir que India y China no compitan en algunos ámbitos, como el acceso a materias primas energéticas y no energéticas, aunque incluso en el sector energético se han dado casos de colaboración.
En suma, es muy posible que la India deba crear (por razones de generación de empleo) un potente sector industrial exportador, pero, en muchos partidas, éste no será competitivo con el de China, a la vista de los bajos salarios que todavía prevalecen en las regiones interiores. Además, no parece probable que China consiga replicar sus éxitos exportadores industriales en el sector de STI y competir en ese campo con la India, porque faltan una amplia difusión del idioma inglés y empresas dinámicas e internacionalizadas. Por añadidura, si China consigue desarrollar el sector de STI, muy posiblemente se orientará hacia el mercado interior, dado el cambio de estrategia de desarrollo que está fomentando Beijing, desde la inversión, las exportaciones y la industria hacia el consumo, las ventas en el mercado interior y los servicios.
Pablo Bustelo
Investigador Principal de Asia-Pacífico del Real Instituto Elcano y profesor titular de Economía Aplicada en la UCM
[1] Artículo publicado recientemente en la revista Economía Exterior, nº 62, otoño de 2012, pp. 57-64 y reproducido con la amable autorización de la revista.
[2] Véanse P. Bustelo, Chindia. Asia a la conquista del siglo XXI, Tecnos-Real Instituto Elcano, Madrid, 2010 y un resumen actualizado en P. Bustelo, “Chindia: repercusiones económicas globales y en España”, Información Comercial Española. Revista de Economía, nº 859, marzo-abril de 2011, pp. 55-72.
[3] Sobre la decreciente competitividad en mercados terceros, véase P. Bustelo, “¿Chindia o China más India? Complementariedad y competencia económicas entre dos gigantes asiáticos”, Revista de Economía Mundial, nº 20, 2008, pp. 75-97.
[4] Ver “India and China. Friend, Enemy, Rival, Investor”, The Economist, 30 de junio de 2012.







