dESPUÉS de meses dando vueltas al despropósito de las cocinas hospitalarias, cada día entiendo menos de qué va todo esto. Es como si no estuviera ocurriendo en Navarra. Como si fueran notas perdidas de una realidad surrealista en algún lugar lejano. Se acumulan cientos de denuncias de pacientes navarros ingresados en los centros hospitalarios, pero todo sigue igual. Son pacientes navarros y navarras que acuden a este periódico y a otros medios a denunciar una situación que muchos consideran indignante. No creo que les guste aparecer públicamente mostrando su malestar y angustia por la comida recibida. Más de 1.000 denuncias de personas enfermas son muchas denuncias como para que todo siga igual. Cada una de ellas debiera suponer una multa a la empresa responsable. No es una cuestión política. No creo que los pacientes lo interpreten en la mayoría de los casos en ese sentido. Es una cuestión previa a la política. Se trata de derechos sociales democráticos; en este caso, el derecho de los pacientes a la atención sanitaria y a la salud. Y sus denuncias y las imágenes que las acompañan es precisamente eso lo que cuestionan. También las advertencias de profesionales sanitarios sobre riesgos para la salud. Pero de nuevo la arrogancia se instala en la política. La política ha tomado una decisión y no hay vuelta atrás. Es la sociedad, los ciudadanos, los que no alcanzan el nivel necesario para valorar en su justa medida la sabiduría de la política. Es de nuevo la obstinada negativa de la política a admitir que se ha podido equivocar. Por ahí comienza la desconfianza hacia la política, hacia sus arrogantes protagonistas. Su descrédito.
http://www.noticiasdenavarra.com/2013/03/21/opinion/mesa-de-redaccion/arrogante-politica







