Tres veces en su vida, el economista Michel Aglietta, fallecido el 24 de abril de 2025, estuvo en el origen de rupturas, cada una de las cuales marcó un momento y abrió el camino a los investigadores de su generación. Tres veces aseguró el cambio de pensamiento. Tres piedras blancas, una de las cuales, la última, acaba de ser colocada e ilumina el camino a seguir.
Al dejarnos Michel Aglietta, habría tanto que decir…
Cada uno de sus libros ha marcado el momento en que fue escrito, y más allá de sus efectos inmediatos, cada uno ha producido un largo rastro en el mundo de la investigación.
Lo digo en los términos más simples posibles: no siempre he estado de acuerdo con lo que Michel expuso en uno u otro de sus escritos, pero cuando se trata de hacer balance, no dudo en decir que de su generación, que es también la mía, él fue, sin duda, el más innovador, el más importante, el más decisivo. Aquel, sobre todo, que será recordado. La razón es sencilla. Esto se debe a que, más allá de sus innumerables contribuciones específicas, en el campo de la teoría monetaria o financiera en particular, por centrarnos solo en este ámbito, estuvo en el origen de tres rupturas, cada una de las cuales marcó un momento y abrió el camino para los investigadores de su generación.
La primera, la más conocida y la más incontestable es la publicación de su obra de 1976 “Crisis y regulación del capitalismo” (Calmann Levy). Al reformular las tesis ya enunciadas en su tesis doctoral (defendida en 1974) en torno a la «corporación» (la gran empresa que cotiza en bolsa), para desarrollar el concepto macroeconómico del fordismo, asociándolo a los principios de la ‘collective bargaining’ (negociación colectiva entre sindicatos y patronal) que, después de la Segunda Guerra Mundial, acompañaron su difusión, finalmente y de manera más general mostrando cómo el keynesianismo estaba del lado del Estado, a la vez partera y extensión de este nuevo ‘régimen de acumulación’, Michel Aglietta sentó las bases de lo que se convertiría, con la ‘teoría de la regulación’, una nueva teoría del capitalismo. De ella nacerá una auténtica escuela de pensamiento que, algo extremadamente raro en una escuela francesa, tendrá un público internacional real. Desde Japón hasta América Latina, el método regulacionista encontrará imitadores y revitalizará la investigación económica.
La segunda ruptura surgió de un breve texto publicado en un folleto titulado «El capitalismo del mañana» por la Fundación Saint-Simon en 1998. Era la época en que el fordismo se descomponía constantemente y agonizaba bajo el peso combinado de su propio agotamiento y los repetidos golpes asestados por el liberalismo triunfante que, proveniente de Thatcher y Reagan, se extendía por todo el mundo. El gran tema del momento era quién sería el sucesor del fordismo, entonces moribundo. Encerrados en lo que había constituido su corazón y su fuerza motriz, todos nosotros, los regulacionistas, buscábamos este sucesor en las nuevas formas en el proceso de recomposición de la relación salarial. ¿Qué “flexibilidad desde arriba” para suceder al fordismo? ¿Qué revolución en la organización del trabajo y de la producción comparable a la que fue el fordismo podría estar a la altura de lo que se buscaba? ¿Toyota y sus métodos de producción (que, se proclamó, habían diseñado un sistema que «cambiaría el mundo»), o Alemania, cuyo modelo industrial triunfante se estableció como el «modelo Renania», llevaban, al menos en embrión, los elementos del sucesor deseado? Las publicaciones sobre este punto se multiplicaron. Caminos falsos, nos dice Michel Aglietta. En su nota de la Fundación Saint-Simon, antes de retomar la tesis formulada en una obra firmada junto con Antoine Rebeyrioux («Dérives du Capitalisme financier», Albin Michel, 2004), anuncia tranquilamente que el sucesor del fordismo como régimen de acumulación dominante debe ser calificado de «capitalismo patrimonial».
El operador del cambio no hay que buscarlo en primer término del lado del trabajo y de su reorganización, sino más bien del lado de ese nuevo gran actor que es el fondo de pensiones. Hinchado de poder y de recursos gracias a la transformación en Estados Unidos que transformó las pensiones basadas en fondos de «beneficios definidos» en fondos de «contribuciones definidas», el fondo de pensiones, liberado en su movimiento por la desregulación financiera provocada por el neoliberalismo triunfante, ha cambiado la naturaleza misma del capitalismo. Salir del fordismo. Nacimiento de un conjunto de regímenes de acumulación impulsados por las finanzas. Una segunda vez, la teoría queda refutada. El enfoque a través de la teoría de la regulación primera vía (ATR 1) se convierte con el nuevo papel de las finanzas en ATR 2. Uno de mis desacuerdos con Michel es que él sostenía obstinadamente que bajo ciertas condiciones las finanzas, a través de sus inversores «pacientes» y de largo plazo (ciertos fondos de pensiones) podrían permitir que este régimen impulsado por las finanzas, debidamente regulado, adquiriera cierta estabilidad. En esto tenía más que dudas. Pero ese no era el punto. Lo más importante fue que Michel volvió a desplazar, durante mucho tiempo, el centro de gravedad de la investigación, mostrando una vez más dónde estaba todo en juego.
El tercer cambio, que sólo recientemente se realizó plenamente, había estado madurando en sus escritos durante muchos años. Michel Aglietta fue una vez más uno de los primeros (y uno de los pocos) teóricos de la regulación en comprender la importancia y el alcance del cambio de era que significó la entrada en el Antropoceno. Durante mucho tiempo luchó por introducir la dimensión “verde” en su obra y en la búsqueda de una salida a la crisis. Hasta su último trabajo “Por una ecología política – Más allá del capitaloceno” (coescrito con Etienne Espagne, Odile Jacob, 2024) que marca nuevamente una ruptura. No sólo se sitúa el Antropoceno en el centro de la atención, sino que, además, desde el principio, tomando posición sobre un largo debate sobre este tema, los autores optan por designar la nueva era con su verdadero nombre. Se sostiene que el Antropoceno es un capitaloceno en el sentido de que es el producto de las relaciones sociales y de producción que se formaron en torno a la relación capital/trabajo y que dieron origen a este modo de producción histórico muy particular llamado capitalismo. El extractivismo, la destrucción irrazonable e ilimitada de recursos de todo tipo, es su producto central. Se propone una definición específica del Capitaloceno, abriendo la discusión a un conjunto de nuevas preguntas.
En esta obra, su última, Michel Aglietta cierra de alguna manera el círculo y se reencuentra con sus intuiciones y aportaciones iniciales más fundamentales. Ya no son simples modos de regulación (de la relación capital/trabajo, del dinero, de la propiedad, etc.) los que son necesarios para enfrentar la crisis. Los tiempos exigen un descanso; Hoy en día debemos hablar de «regímenes de viabilidad» más que de modos de regulación. La mayor parte del trabajo se dedica entonces a explorar sus diferentes modos posibles de existencia. Queda así establecido el certificado de nacimiento de lo que puede transformarse en un ATR 3 (centrado en la ecología y en el análisis de las contradicciones entre capital, tierra y biodiversidad).
De todos modos, queda por tercera vez que Michel dé el puntapié inicial a la búsqueda. Una tercera vez, se abren nuevas y amplias áreas de pensamiento en las que llevar a cabo la investigación. Y sobre todo, porque esto es lo que a él le importaba, aporta una serie de elementos que nos permiten orientarnos hacia soluciones a explorar en un mundo donde la búsqueda de la equidad y del bien común son la brújula y del que, so pena de provocar lo peor, no podemos desviarnos.
Tres veces en una sola vida, Michel aseguró el cambio de pensamiento. Tres piedras blancas, una de las cuales, la última, acaba de ser colocada e ilumina el camino a seguir.
Pocos investigadores habrán hecho tanto.
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