El resultado del referéndum británico no ha sido lo que yo deseaba. Pero no me esforzaré en difundir la maldad de los que quieren abandonar la Unión Europea (UE). Hay que hacer reformas, y hay que hacerlas deprisa. Lo dijo claro el primer ministro Valls: los puntos denunciados por el Brexit son reales. Menos querer meter la nariz en todas las tonterías y más actuar en los problemas que preocupan («L’Europe est envahissante sur l’accessoire et absente sur l’essentiel ”). Recomiendo analizar el problema que han planteado los británicos desde la misma perspectiva con que Cataluña denuncia el problema español. Porque si adoptamos respecto a los británicos la misma actitud que utiliza la presidenta de Andalucía respecto a los catalanes, es mejor que lo dejamos correr.
Inmigración. Aquí hablamos de eso demasiado ligeramente. Es fantástico apelar a la libre circulación dentro de la UE desde un país que se dedica, de manera estructural, a exportar paro. El año pasado la Gran Bretaña recibió 330.000 inmigrantes. Sin embargo, sin el incidente de la entrada masiva por Grecia, probablemente el Brexit no habría triunfado. El descontrol fue total. Porque en ese millón largo se coló de todo. Incluso, como se ha descubierto, terroristas. Esto no quiere decir que no se deban aceptar refugiados. E inmigrantes. Pero con cuotas aprobadas. Y todos controlados, como lo estamos ustedes y yo. No se pueden abolir las fronteras interiores (Schengen) si las fronteras exteriores no están aseguradas.
Desperdicio de recursos. La UE dilapida el poco presupuesto que tiene. No sólo pagando a unos funcionarios que viven magníficamente sino también tirando recursos económicos destinados a según qué estados. ¿Hablamos del AVE? ¿De las subvenciones a proyectos inútiles? ¿O de las ayudas a unos gobiernos que mantienen jornaleros improductivos, pero fieles votantes?
Seguridad y defensa. Tal vez no se han dado cuenta, pero Occidente está en guerra con el islamismo radical. Una guerra se libra aquí, en territorio europeo. Y hay otra que se libra en Oriente Próximo, en África central y el Magreb. De esta última, sin embargo, algunos se escapan. Unos destinan a ello mucho dinero y envían soldados que mueren: Francia, Reino Unido, Países Bajos, Bélgica, Dinamarca… Además de Canadá, Australia, Estados Unidos… Mientras otros se benefician contemplando cómodamente estas acciones desde el sofá del populismo pacifista. O jugamos todos o rompemos la baraja.
Calidad de las instituciones (incluida la prensa). Determinados países se esfuerzan por estar bien gobernados, proteger la libertad de prensa e impedir la corrupción. Otros sobornan el periodismo con subvenciones, permiten la corrupción y no hacen nada para mejorar la gobernanza. ¿Hablamos de nuestro país, Cataluña, corrompido hasta el tuétano? ¿De nuestra prensa? ¿De la productividad del sector público? ¿Interesa pertenecer a un club donde se tolera que un degenerado ministro del Interior conspire impunemente contra la democracia?
Estabilidad del euro, déficits y banca. Hubo un momento en que España estuvo a punto de necesitar rescate. Y, como era irrescatable, estuvo a punto de hundirlo todo. A Grecia se le tuvo que rescatar. Incluso los países que no formaban parte del euro tuvieron que poner dinero. Mientras que unos países han sido rigurosos, otros han vivido laxamente. Continúan haciendo trampas en los presupuestos antes de elecciones y, con el dinero del rescate bancario, han ayudado a crear un oligopolio local formado por los cuatro bancos que han quedado (BBVA, La Caixa, Santander y Sabadell).
Integración europea, después de todo. Debe haber varios niveles de integración europea. Muchos países no quieren más. A España (exportador neto de parados) le interesa el top. Lógico. Somos adictos a chupar de las prebendas. Pero los ciudadanos de los países avanzados de la UE saben que los excesos de «solidaridad» y «políticas sociales» los practican unos pero los pagan otros. Forzar más integración europea sin implantar una vara para medir la meritocracia de los estados (beneficios recibidos versus esfuerzo aportado) puede provocar Brexits en cadena.
Conclusión. Los ciudadanos de determinados estados de la UE no quieren dejar pasar por alto todas estas irregularidades sin preguntarse si estar asociado con según quien vale la pena. Es lógico hacerse las preguntas que han llevado al Brexit. Yo mismo me las hago. Y espero que la UE ponga remedio, urgentemente. Desde la Europa meridional pido una UE que me ayude a mejorar, no un club que se deje influir y deformar por nuestros vicios. Parafraseando a Groucho Marx: no me interesa un club donde se aceptan países como el mío. No sin que, como mínimo, me imponga unas cuantas estrictas reglas de comportamiento.
ARA








