En Melilla hay en estos momentos cierto revuelo por la restauración que han hecho en el fuerte de Victoria Grande, que tiene el dudoso honor de ser la primera prisión que creó el régimen franquista. El fuerte necesitaba que lo limpiaran un poco, pero el gobierno de la ciudad –en manos del PP– lo ha hecho de una forma que convierte la barrabasada del Eccehomo del santuario de la Misericordia de Borja, en Aragón, en un juego de niños. En Victoria Grande han borrado, del todo y para siempre, los vestigios de la prisión, que en principio era un penal de mujeres pero por donde también pasaron hombres a la espera del consejo de guerra y, posteriormente, del pelotón de fusilamiento. Ha quedado todo tan bonito que sólo se echa en falta que no hayan puesto parquet flotante laminado.
En ElDiario.es, Carlos Hernández publica un reportaje que tiene como guinda una entrevista a Carlota Leret O’Neill, hija de Virgilio Leret –capitán del ejército que defendió la legalidad democrática ante el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y que enseguida acabó ejecutado– y de la escritora Carlota O’Neill, que estuvo encarcelada ahí durante años. Dice Carlota Leret: “Es una acción premeditada para borrar las huellas de un lugar que albergó tanto dolor y tanta muerte. Es indignante y un insulto para las víctimas; para quienes estuvieron encerrados y para quienes fueron sacados de allí para ser fusilados. Nunca olvidaré los días que visitaba a mi madre en la cárcel. Nos apiñábamos decenas de familiares y el tumulto apenas nos permitía hablar con ella. La veíamos a través de una tupida reja que ha permanecido intacta hasta la restauración. Ahora ya no queda nada de esa zona, ni de las celdas de castigo… Nada. Salvando todas las distancias, es como si en Auschwitz hubieran quitado lo que queda de los crematorios”.
Melilla es un lugar que vale la pena visitar, y no sólo por el muro de vallas con concertinas. También se puede admirar la única estatua del Caudillo Franco que hay todavía en una vía pública española, además de letreros de calles dedicadas a la memoria de militares y civiles de aquel régimen. Y águilas y yugos y flechas a tutiplén. El arquitecto encargado de la restauración se defiende diciendo que de ninguna manera se ha intentado borrar una parte de la historia, que se equivocan los que ven una intención política y que el objetivo principal del encargo que le hicieron era recuperar el fuerte tal como era el siglo XVIII “porque es un hito histórico muy importante en la historia de la ciudad”. Yo no me habría enrollado tanto. Habría tomado ejemplo del Ayuntamiento de Tortosa y habría dicho que ha sido la manera melillense de mantenerlo, reinterpretarlo y contextualizarlo. Cada uno mantiene, reinterpreta y contextualiza el franquismo de la manera que le sale del escroto (y perdón por el sexismo de la expresión).
LA VANGUARDIA







