Este es el título de un artículo reciente de Gideon Rose que aporta datos incuestionables y conclusiones discutibles de la política exterior de EEUU de los últimos siete años.
En política interior la rápida resolución de la crisis económica, el hecho de que los EE.UU. sean ahora la nación del primer mundo que más crece, y la implantación del sistema de salud universal son activos indiscutibles de los últimos años.
La base de la política exterior del presidente Obama es preservar la esencia del orden internacional establecido en los 40 haciendo una política de equipo y de interlocución más que de individualismos nacionales y liderazgos extremos como sucedió en los 30 con el desenlace final de la guerra. Este orden se basa en la democracia, el respeto entre las naciones, la no interferencia en los asuntos internos, el libre comercio y organismos internacionales con peso e influencia desde la ONU a la OTAN, al FMI, al Banco Mundial etc. Para llevarlo a cabo en las circunstancias actuales es necesario para EEUU concentrar esfuerzos y eliminar objetivos no capitales. En este orden internacional todo el mundo puede tomar parte si se aceptan las reglas. La guerra fría fue el resultado del rechazo del Pacto de Varsovia a participar en él.
Ucrania es esencial para Rusia pero no para los EEUU o la UE y, por tanto, la respuesta a partir de esta valoración no podía ser la guerra. Si los EEUU no intervinieron en Hungría en 1956, en Checoslovaquia en 1968 o en Polonia en 1981, y hoy estos países son libres y democracias consolidadas, la conclusión de Obama, columna vertebral de su política, es que es esperable que esto suceda también en Ucrania en el futuro. No es misión de EE.UU. acelerar este proceso, tanto por capacidad de actuar, no tiene suficientes recursos, como por planteamiento estratégico. La esencia de su pensamiento es que a largo plazo las democracias superan a las dictaduras.
El Presidente Obama ideológicamente es un liberal con alma de conservador. Después de los 8 años de unilateralismo agresivo, de políticas maniqueas, de justificación de acciones preventivas, y de guerras innecesarias de la administración Bush, con victorias militares en Irak y Afganistán y cuestionables logros políticos, era necesario volver a lo que es esencial para preservar una comunidad de naciones democráticas y tolerantes que «presionadas» por el terrorismo iban a un callejón sin salida por una política más de revancha que de negociación.
Como dice Philip Gordon, funcionario de la Secretaría de Estado de EEUU, «en Irak se intervino y ocupó y el resultado fue un desastre caro. En Libia se intervino y no ocupó y el resultado fue un desastre caro. En Siria ni se ha intervenido ni se ha ocupado y el resultado ha sido un desastre caro». La diplomacia lateral y no implicada en el corazón del conflicto no es debilidad sino prudencia.
Obama intentó aproximarse al régimen iraní por el peligro nuclear. Cuando el gobierno lo rechazó organizó con éxito una muralla de sanciones económicas que complicó la economía de Irán y pese al rechazo del gobierno impulsó una negociación que eliminando las sanciones permitió de manera verificable llegar a detener el desarrollo de la bomba atómica, que habría significado la desestabilización de la región con consecuencias imprevisibles. Ni guerra, ni distensión ni rendición …
La utilización de la diplomacia ha permitido levantar el embargo comercial a Cuba y ha eliminado un estorbo más que un problema para la política de EEUU en Latinoamérica cuando hace años que Cuba ha dejado de ser un peligro para la seguridad estadounidense. El embargo era absurdo e introducía un sufrimiento injusto para la población, pero…
La protección de los aliados en Asia, Taiwán, Japón, Filipinas y Corea del Sur, ha sido una constante de todas las administraciones tanto demócratas como republicanas, pero el crecimiento de China supone un peligro para este equilibrio. La administración Obama ha conseguido firmar el Tratado de Comercio transpacífico, que crea un mercado libre para todos estos países y algunos americanos de la orilla del Pacífico a excepción de China, a quien se ha invitado a participar si cumple las reglas de adhesión: comercio libre y transparencia, de las que ahora está lejos. Este juego de incentivos y desincentivos es posiblemente la única política realista para condicionar la política china. Una muestra más del realismo conservador del presidente Obama.
Son las alianzas, el multilateralismo y la democracia lo que hace fuerte el liderazgo de EEUU. Es un legado del presidente Obama porque, como dijo Tocqueville, «está basado en el propio interés entendido de manera inteligente».
EL PUNT-AVUI







