Estado Islámico
Estado Islámico (EI) tiene mucho que ver con la irrupción del wahabismo que describe el viajero catalán Domingo Badía (Alí Bey) cuando, a principios del siglo XIX y disfrazado de árabe magrebí, fue testigo de cómo los seguidores de esta doctrina conquistaron La Meca. Aquel movimiento impulsado por Muhammad ibn Abd al-Wahhab (1703-1791) y la tribu de los ibn Saud retomaba las ideas de Ibn Taymiyya (1263-1328) -guerra contra el chiísmo, el sufismo y la filosofía griega- y predicaba un islam austero, primitivo, sin morabitos (‘santos’) ni los rituales tan presentes en el sufismo y en el islam popular.
El wahabismo -como el salafismO- cree que la edad de oro del Islam se alcanzó en la Medina del profeta, insiste en el principio de la unicidad de Dios, considera herejes a los chiítas y, aplicando el principio del ‘takfir’, declara infieles a los musulmanes que no sigan los preceptos islámicos (principio que, como el antichiismo, también adopta Al Qaeda). Como el Afganistán de los talibanes, condena la música, la poesía, el tabaco, la risa, el juego… Es un Islam estricto, puritano, conservador, que liga su futuro al de una monarquía. El wahabismo recupera la idea del acceso inmediato al paraíso para los mártires de la yihad. A las poblaciones conquistadas sólo les queda la conversión al wahabismo o la muerte.
El Islam más conservador
Hacia el 1.790 los Saud controlaban gran parte de Arabia y hacían incursiones contra Medina, Siria e Irak. Como hoy EI, sus conquistas socializaban el terror. En 1801 atacan la ciudad santa chií de Kerbala (Irak) y asesinan a miles de personas. Dos años más tarde, ocupan la Meca y destruyen tumbas, santuarios, monumentos históricos… Pero la contraofensiva de Estambul y de Egipto ocupa en 1818 la capital (Dariyah) y pone fin al primer Estado saudí. Los ibn Saud se retiran al desierto. El 1924-25, desaparecido el imperio Otomano, Abd al-Aziz III ibn Saud conquista la región de Al-Hijaz, con las ciudades santas de Medina y La Meca, hasta entonces en manos de la dinastía hachemita. Dos años más tarde, establece el primer reino wahabí en Arabia, que fue reconocido por la URSS, el Reino Unido y Francia, que, en 1932, adopta definitivamente el nombre de ‘Arabia Saudíta’. Un estado rico en petróleo que para consolidarse internacionalmente suaviza los contornos del wahabismo.
En 1944, la alianza entre el presidente Franklin D. Roosevelt y Abd al-Aziz III, renovada hasta hoy a pesar del 11S, definió las bases internacionales del nuevo Estado: Riad obtenía la protección del país más poderoso del mundo a cambio de garantizar las exportaciones de petróleo y de mantenerse fiel a Washington. El wahabismo oficial sustituyó la yihad por la influencia cultural financiando movimientos pietistas como los Hermanos Musulmanes, radicalizados en la década de los sesenta por el discurso de Sayyid Qutb, o la Asociación para la Propagación del Islam (Tabligh). La wahhabitzación de la umma (comunidad de los creyentes) destruyó la variedad de tradiciones culturales del islam y provocó la división del mundo musulmán. También contribuyó a la formación de movimientos yihadistas como Al Qaeda, surgida en el contexto de la guerra de los muyahidines afganos contra el Ejército Rojo y con la complicidad de Pakistán y Estados Unidos. Este nuevo yihadismo de matriz suní-wahabí se puede leer como la respuesta al radicalismo chií que hizo acto de presencia con los atentados del Líbano de 1983. El wahabismo seguía vivo, ya que era el principal factor de legitimidad del régimen saudí.
La evolución más reciente tiene una fecha clave: 1979. Por un lado, la revolución de Irán cuestiona a los Saud como guardianes de los lugares santos del islam porque su doble política (rigor en Arabia Saudí, lujo y laxitud religiosa en el extranjero) conculca los principios religiosos y discrimina a los musulmanes inmigrantes. Desde entonces la lucha por la hegemonía en la región del Golfo no ha cesado. Por otro, la confusa y efímera ocupación de la Meca por Juhayman al-Otaybi, que reclamaba un retorno a los principios puros del wahabismo. La división de las elites saudíes -a favor o en contra del wahabismo o del occidentalización- ha sido constante desde 1979.
Intransigencia armada
En los últimos años, la radicalización ha sido favorecida por la tímida ‘modernización’ de Arabia impulsada por rey Abdullah bin Abdulaziz al Saud (2005-2015) y por los acontecimientos internacionales: ocupación de Afganistán e Irak, primavera árabe, política sectaria antisunnita del primer ministro iraquí Nuri al Maliki (2006-2014), guerra civil de Siria, bajada de los precios del petróleo… Y EI ha recuperado el radicalismo wahabí: antichiismo, aplicación del ‘takfir’, fusión entre religión y política en la figura del califa (Abu Bakr al-Baghdadi). Resurge eso que las elites políticas occidentales no percibieron, el gen peligroso que anida en el wahabismo y su capacidad potencial de mutar en cualquier momento y volver a su estado original: un Islam primitivo, puritano, violento. Esto es EI. Al Baghdadi ha recuperado, como Osama bin Laden hace unos años, la versión más intransigente del wahabismo: o conversión o muerte. Esto ha dividido las elites saudíes entre ‘modernizadores’ y simpatizantes de EI (según una encuesta de julio de 2014 el 92% de los saudíes cree que EI se ajusta a los principios islámicos). El cisma también afecta a otros países musulmanes y al islam europeo. En suma, el reto de la barbarie asesina de EI no es sólo militar, sino político e interno del islam. Es de nuevo la ‘fitna’ (la división o la guerra civil en el seno del Islam), y el objetivo último de EI sería conseguir controlar la Meca y Medina para obtener así la legitimidad como nuevos emires de Arabia.
Cronología
1703. Nacimiento de Muhammad ibn Abd al-Wahhab, fundador del wahabismo.
1741. Al Wahhab es expulsado de su ciudad (Uyayna) por difundir ideas ultraconservadoras y encuentra refugio en Ibn Saud y su tribu. Ibn Saud ve en el wahabismo una vía para llegar al poder.
1803. Los Ibn Saud ocupan La Meca.
1818. Tropas egipcias y otomanas ocupan Dariyah, capital de los Ibn Saud. Fin del primer Estado saudí.
1924-25. Abd al-Aziz III ibn Saud conquista la región de Al-Hijaz, con las ciudades santas de Medina y La Meca.
1927. Establecimiento de un reino wahabí en Arabia, reconocido por la URSS, el Reino Unido y Francia.
1928. Hassan al-Banna funda en Ismailia (Egipto) los Hermanos Musulmanes.
1945. Franklin D. Roosevelt y Abd al-Aziz III se encuentran en el Canal de Suez y acuerdan una estrecha alianza entre EEUU y Arabia Saudí que aún hoy perdura a pesar de los atentados del 11S. Aràbia Saudí, miembro fundador de Naciones Unidas y la Liga Árabe creadas ese mismo año.
1979. Revolución islámica en Irán.
1988 (agosto). Ayman Zawahiri y Osama bin Laden fundan Al Qaeda en Peshawar (Pakistán).
2006 (octubre). Creación del Estado Islámico del Irak (EII) como filial de Al Qaeda.
2011. Con la guerra civil de Siria el EII extiende sus actividades a Siria y pasa a denominarse Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL). En Siria confluye y rivaliza con Al Nusrat, también filial de Al Qaeda.
2014. El líder de la EIIL, Abu Omar al-Baghdadi rompe con Al Qaeda y se proclama Califa del Estado Islámico (EI), con el nombre de Ibrahim. El EI ocupa y controla gran parte de Siria y de Irak.
Este artículo se publicó en la sección ‘¿Por qué pasa?’ del número 155 de la revista SÀPIENS (Mayo de 2015).
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