La campaña de Hillary Clinton de 2016 ya debe responder a muchas preguntas importantes sobre su integridad incluso antes de las discusiones lógicas sobre qué piensa hacer en Ucrania, con el Estado Islámico o con el ascenso de China. Desde mucho antes de comenzar la campaña que activó oficialmente ayer, las donaciones de gobiernos extranjeros a la Fundación Bill, Hillary y Chelsea Clinton han sido objeto de una importante polémica.
La fundación aceptó millones de dólares provenientes de siete gobiernos extranjeros -incluidos algunos gobiernos con un dudoso historial en materia de derechos humanos- y lo hizo durante el mandato de Clinton como secretaria de estado. Con ello bordeaba peligrosamente los acuerdos sobre conflictos de interés que ella misma había iniciado con el gobierno de Obama.
Hay informes de 2013 según los cuales Frank Giustra, un importante hombre de negocios y uno de los donantes a la Fundación Clinton, asegurarse los principales contratos mineros de uranio del Kazajstán después de haber sido presentado por Bill Clinton en persona al presidente de esta república de Asia central. Giustra dio más 30 millones de dólares a la Fundación Clinton, con la promesa de 100 millones más, y ahora está sentado en la junta de gobierno de la fundación.
No son sólo de este tipo, las críticas. El trabajo de la fundación en las secuelas del terremoto de 2010 en Haití ha sido ampliamente condenada.
Una investigación de The Nation demostró que las primeras contribuciones de la fundación en Haití –remolques de camión a prueba de huracanes transformados para servir como aulas escolares– eran de mala calidad y peligrosos. Habían sido fabricados por Clayton Homes, una empresa demandada por la Administración Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) por el uso de estos camiones con las víctimas del huracán Katrina. Clayton Homes es propiedad de Warren Buffet Berkshire Hathaway y, como es bien sabido, Buffet fue una de las personas más importantes que se unieron desde el principio en la Clinton Global Initiative.
Naturalmente, los republicanos que atacan a los Clinton con estos asuntos harían bien en mirar primero los escándalos que acompañaron a John McCain, Newt Gingrich, o Tom DeLay. Pero si algo nos enseña la historia es que los Clinton y la controversia son compañeros de cama muy íntimos.
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