He seguido tu sabio consejo y he procedido a utilizar en mis tuits la lengua más hablada en el mundo para intentar aumentar mis seguidores en Twitter: el chino mandarín. Pero, si te digo la verdad, no me sigue ningún ciudadano chino. Y mira que he intentado integrarme en la cultura china. Ya sé utilizar los palillos, los rollitos de primavera no me repiten y ya no hago chistes malos del tipo: ¿sabes cómo se llama divorcio en chino? Chao Chochín. Incluso, y esto que quede entre nosotros, en mi afán por publicitar mi amor por su cultura milenaria he llegado a regalarle unas bolas chinas a mi jefe. Le expliqué, incluso, cómo las podía utilizar. Creo que no le gustó mucho el regalo. ¿Las quieres tú?
Lo que no estoy tan seguro es de borrar de mi lista de intereses a todos aquellos que no hablen la sacrosanta lengua castellana. Y es que, relegar a la invisibilidad a todos aquellos que se comunican en lengua no castellana, supone que 6.600 millones de personas pierdan todo tipo de atractivo para mí. Y, perdona que te lo diga, pero a eso en castellano se la llama “estar jodido”. ¿Ya no podré leer a Nick Hornby, Jonathan Safran Foer o Murakami? ¿Tampoco podré escuchar a Marillion, Snow Patrol o Kodaline? ¿No crees oportuno que vea películas americanas, inglesas o francesas? ¡Pues vaya mierda de idea la tuya! ¿No será que el problema lo tienes con el catalán? En serio, Isabel, te prometo que leer palabras en catalán no te provocará estreñimiento (o, al menos, más del que pareces tener). Tampoco te generará ningún derrame cerebral. Para eso deberías tener antes algo de… Vale… Está bien… No seré faltón… No te insultaré… ¿Qué tal si te regalo una poesía de Martí i Pol?
Nosaltres, ben mirat, no som més que paraules, si voleu, ordenades amb aliva arquitectura contra el vent i la llum, contra els cataclismes, en fi, contra els fenòmens externs i les internes rutes angoixoses. Ens nodrim de paraules i, algunes vegades, habitem en elles, així en els mots elementals de la infantesa, o en les acurades oracions dedicades a lloar l’eterna bellesa femenina, o, encara, en les darreres frases del discurs de la vida.
¿Te vas a perder esta belleza por tu odio? ¿Vas a dejar que la irracionalidad te ciegue? Si es así, algo se ha podrido en tu alma.
https://societatanonima.wordpress.com/2015/02/15/carta-a-isabel-san-sebastian/








