Los ojos fijos, finalmente, en el día de las próximas elecciones al Parlamento de Cataluña, no podemos perder de vista otra fecha electoral mucho más cercana en el tiempo: el domingo 24 de mayo, jornada para elegir los integrantes de los nuevos ayuntamientos. Pero no es de estos comicios de lo que quisiera hablar, sino de otros que se producirán, exactamente, el mismo día.
Me refiero a las elecciones para constituir unas nuevas Cortes Valencianas y un nuevo Parlamento de las Islas Baleares, instituciones de las que tendrán que salir el futuro gobierno de la Generalitat y el nuevo Govern Balear, con las presidencias respectivas. Para cualquier persona preocupada por el futuro de nuestra lengua y cultura nacionales, incluso para aquellos que no compartan la idea de unos futuros Países Catalanes federados o confederados, no unitarios, lo que pase en estos territorios no puede ser en absoluto ajeno.
Los muchos años de gobierno del PP, llenos de diputados y consejeros, alcaldes y concejales imputados, procesados y condenados, expresidentes en prisión y otros que han tenido que retirarse al ser llevados ante la justicia, han dejado un paisaje desolador, con despilfarro de recursos sin precedentes y una devastación económica, paisajística, cultural, comunicativa e, incluso, moral escalofriante. El País Valenciano es el único territorio de la Unión Europea sin ningún medio de comunicación audiovisual de carácter público, ni siquiera privado, por lo que lengua y comunicación son sinónimos de castellano y comunicación, salvo esfuerzos tan loables como el digital ‘La Veu del País Valencià’.
No es sólo cuestión de lengua, sino también de contenido, ya que, en este caso, el País Valenciano no es ni sujeto de derecho, ni unidad de análisis de nada, ni referente en ninguna parte, dado que el referente no es otro que España y, en el mejor de los casos, cada una de las tres provincias: Castellón, Valencia y Alicante, eso sí, por separado. Lo mismo podemos decir del transporte de personas y mercancías, pensado, como la información, para desconectar el mundo valenciano del área catalana y, obviamente, ligarlo aún más a Madrid y aumentar la dependencia y su expolio.
La gran velocidad conecta la capital de España con su playa valenciana, pero no está prevista para articular un corredor mediterráneo entre los territorios con una economía más dinámica y exportadora, no sea que, los que hablan el mismo idioma, tengan un día la misma reacción colectiva que ahora tiene Cataluña. Se trata, pues, de desconectar el País Valenciano de Cataluña, para conectarla sólo a España.
En Baleares, y en cada una de sus islas, la ofensiva para descatalanizar culturalmente la sociedad ha sido extraordinaria en los últimos años, con una intensidad nunca vista, al lado de un modo arrogante y fanfarrón de gobernar, poniéndose de espaldas, por ejemplo, a toda la comunidad educativa. Por higiene democrática, por un mínimo de esperanza en un futuro diferente, por una regeneración ya inaplazable, el PP debe pasar a la oposición, como debe hacerlo también en Valencia.
Aquí, Compromiso es la gran esperanza, resultado del esfuerzo de confluencia entre sectores progresistas que tienen una visión nacional de la política y no ponen límites a las aspiraciones democráticas de los valencianos. Hay encuestas muy esperanzadoras, con unos resultados que, incluso, podrían darles la misma alcaldía de la capital.
En Baleares, la madurez política y el sentido común, por interés nacional, de la coalición MÉS y de ERC, debería hacerles superar diferencias y remar todos en la misma dirección, sin exclusiones previas. En otro caso, la mirada corta y los problemas personales, alargarán la vida del PP y, ante la incapacidad para sumar e ilusionar, la carta regeneradora y de cambio, se expresará en clave española. Y, en cada uno de los territorios de esta nación compartida que, ahora, sólo sale en el mapa del tiempo, la regeneración o es en clave nacional, o no será.
TRIBUNA CATALANA







