LA VANGUARDIA
Andy Robinson
Liverpool,- Entran muchas ganas de ir a Escocia y disfrutar los próximos diez días antes de la posible desaparición del Reino Unido. Un 51% de los entrevistados en una encuesta del dominical Sunday Times dijeron que pretenden votar a favor de la independencia, una prueba de la rebeldía de los escoceses ante una campaña de miedo e intimidación gestionada por la bi (tri?) partidocracia británica de conservadores y laboristas (y a sus caniches los lib dems). Todo indica que, la campaña sí , con la ayuda de la corriente socialista y republicana de Commonweal, ha resucitado la imaginación utópica escocesa frente a la política (im)posibilista instalada en la era del post crisis . Los activistas del sí, muchos de ellos no-nacionalistas, a los que acompañé en visitas a vecinos del barrio obrero de Glasgow Easterhouse (*), han transmitido al votante el praxis del escritor Alasdair Gray -“Trabajar como si estuvieras al inicio de un pais mejor”- para ir construyendo el sí ante la amenaza del Tesoro de Osborne, del Banco de Inglaterra y los mercados financieros en la City. Ahora el sí tiene el momentum frente a una campaña no que, según comentó Alex Salmond, primer ministro escocés y brillante lider de la campaña, “empieza a entrar en una espiral hacia la autodestrucción”. Los poderes en Londres harán todo lo posible para infundir mas miedo. George Osborne -con cara de quien ya se juega su puesto de trabajo- anunció ayer mas transferencia de poderes a Escocia si los escoceses se portan bien y votan que no. Pero si el terremoto de un voto al sí fuerza al Reino Unido a rediseñar su anacrónico sistema político, quitarle poder al corrupto megalópolis londinense y transferir poderes políticos y económicos al norte de Inglaterra -restaurar, en definitiva, la sensación de que, con voluntad y energía, se puede cambiar la historia-, habrá que erigir monumentos a Willliam Walton, Robert the Bruce y Robbie Burns en las plazas de Liverpool, Manchester y Newcastle.
Vamos a Glasgow pues. Pero no para elogiar a David Cameron como hizo Alfred Bosch de Esquerra Republicana entrevistado en el mencionado dominical anti independencia del magnate neocon y amigo de Jose María Aznar, Rupert Murdoch. “Vemos tantas cosas en Cameron que no vemos en Rajoy; Cameron es un demócrata”, dijo Bosch al Sunday Times. No sé si ellos entienden pero cuando los jóvenes catalanes lleguen en masa a Glasgow -según prevé el mismo articulo del Sunday Times- elogiando los supuestos instintos democráticos de David Cameron , los escoceses les van a mirar con cara de esas del cómico Billy Connolly: “Are you messing me a boot?” (¿me estas vacilando?)
Porque todos saben en Escocia que Cameron, un primer ministro de sangre azul, con linaje directa a la realeza es tan democrático como sus antepasados: el rey Guillermo IV, defensor del esclavismo frente a Wilberforce y al mismo Robbie Burns (ver Lamento por un esclavo) . El rey era el tatarabuelo del tatarabuelo del tatarabuelo del primer minstro ( o algo por el estilo); la Lady Agnes Duff, tatara bisabulea (o algo parecido) de Cameron, que jamás entendía demasiado a los plebeyos; hasta Caterina la Grande, la déspota rusa que según The Spectator, figura en el ilustre árbol genealógico del primer ministro.
En Glasgow jamás se entendería eso del demócrata Cameron que se repite en Catalunya, porque Cameron y el Partido Conservador mandan desde Londres sin ningún mandato en Escocía, donde apenas se ha elegido un diputado tory desde los años de la Thatcher . Pasa lo mismo aquí en Liverpool. Existe un abismal déficit democrático en el Reino Unido, uno de los estados mas territorialmente desequilibrados del mundo.
Escocia y el norte de Inglaterra odian a los tories pero se ven forzados a someterse a sus gobiernos, condenados a escuchar los discursos sobre la competitividad meritocrática y el emprendizaje pronunciados en el ingles etoniano de Cameron, del chancellor George Osborne, del alcalde de Londres Boris Johnson y otros integrantes de una elite inglesa rancia e hiperprivilegiada . En Liverpool se entiende exactamente a lo que se refiere Salmond cuando emplea el apelativo “toff” para describir a esos tres old boys – educadas en escuelas privadas como Eton o St Pauls y luego, gracias al talonario de los papas a Oxford y Cambridge —, como Tom Brown’s school days o Little lord Fauntleroy . El lector puede contar con que Cameron y Osborne, como buenos demócrats de la aristocracia inglesa, conocedores de las técnicas del very British coup, estén convocando reuniones ya con los líderes de la City y del MI5 para repasar las opciones que les quedan para los próximos diez días.
Lo cierto es que el déficit democrática y la explotación desde la megalópolis londinense se sienten tanto en Liverpool como en Escocia. Londres y los home counties del sudeste, los cinturones extraurbanos de stock brokers y de las nuevas clases profesionales alimentadas directa o indirectamente por la City ya son votos garantizados para los tories . Mientras, el norte se ha despoblado con niveles de desempleo 1,5 veces mas altos que el sureste -el 9,4% en el noreste (Newcastle), el 7% en el noroeste (Liverpool, Manchester) frente al 4,4% en el sureste- y la brecha salarial entre el norte y el sur que se ensancha cada año. En Londres el salario medio es 35.200 libras y 28.400 libras en el sureste frente a 25.000 en el noroeste y 24.000 libras en el noreste .
Como escribió Linda Calley, profesora de historia de Princeton, en el London Review of Books: “Es posible que las diferencias entre la parte sureña y la parte norteña de Gran Bretaña, -una linea imaginaria entre Grimsby en el este y Gloucester en el oeste- han sido tan importantes como las fronteras entre Inglaterra y Escocia yo Gales. (…) en lo que se refiere a renta, longevidad, regimen alimenticio, comportamiento cultural, actitudes políticas, sigue siendo significativo (…) Los diputados conservadores son una especie aun mas en peligro de extinción en el norte de Inglaterra que en Escocia (…)”. Lo mas preocupante para un residente del norte es que si Escocia sale , los conservadores tendrán una mayoría absoluta garantizada ad infinitum en lo que quede del Reino Unido.
Por todo eso , se podría imaginar -seria lógico- que la gente de Liverpool , Manchester, Newcastle sintiera verdadera inquietud ante la posibilidad de que el pueblo escoces optase por decir Cheerio! al Reino Unido , el próximo 18 de septiembre. Pero, según mis impresiones, no es así. La política del miedo al futuro parece haber sido desplazada en Liverpool por el asco por el presente y el deseo de que alguien en algún lugar se levante contra Westminster y la elite etoniana. En definitiva, que todo salte por los aires. Cuando vengo a Liverpool mi sensación es que el norteño medio en Inglaterra siente bastante admiración por los escoceses . En Liverpool también se aprecia la rebeldía. Hasta se ve alguna posibilidad de que el sí escocés pueda augurar cambios favorables para el norte de Inglaterra.
Paul Salveson , concejal laborista de Manchester, al que conocí en la conferencia del partido laborista hace dos años , donde organizaba a gente en favor de la autonomía del norte (ver http://www.hannahmitchell.org.uk) cree que el sí escocés puede resucitar la campaña en favor de la devolución de poder desde Londres al norte. “No veo ningún sentimiento anti escocés en el norte de Inglaterra pese a la hostilidad dirigida por los medios londinenses contra Salmond y los nacionalistas escoceses; muchos en el norte de Inglaterra quisieran que la frontera se desplazase dos cientos kilómetros más al sur”, dice Salveson. La independencia de Escocia -sostiene- podría ser un precursor de la creación de “gobiernos directamente elegidos en regiones como el norte que que restarían poderes sustanciales a Whitehall”. Es más, “tendríamos mejores trenes”. Salveson , a diferencia de Cameron, sí es un inglés de espíritu democrático
Cuando Salmond visitó Liverpool al inicio del verano, defendió esta misma idea de que “para el norte de Inglaterra la independencia de Escocia puede ser un catalizador para obtener poder político real para que podamos determinar nuestro propio futuro en lugar de esperar a las migajas que nos llegan desde Westminster”, dijo. “La independencia de Escocia supondría un replanteamiento de las estructuras de poder en el resto del Reino Unido (…) el resultado con toda seguridad reflejaría mejor las necesidades de las regiones inglesas que el sistema actual”.
No podria ser mucho peor de lo que es para el norte. Para tener una idea del grado de centralizacion al que la gente del norte de Inglaterra y Escocia está sometida , solo hace falta tener en cuenta que en el Reino Unido solo el 28% del gasto publico se canaliza mediante las adminstraciones subestatales frente al 38% en España.
De modo que la creciente insumisión escocesa es un rechazo ya visible en los sondeos respecto a un despreciado establishment político asentado comodamente en Londres,. Un bipartidismo , hasta la fecha, inamovible. Nuestra propia casta inglesa, quizás , unida endogamicamente a los lobbies empresariales y financieros, como dice Owen Jones en su nuevo libro The establishment, . Y el rechazo se palpa en otras partes del Reino Unido.
Todo esto -la rebelion catalana también, tal vez, aunque los nacionalistas no lo quieran reconocer- es el fruto de la crisis, de la injusticia intolerable ejercida en su falsa resolución, de la perdida de la soberanía, de la rabia que aún nos quita el sueño a los abusados ciudadanos europeos. “Westminister acaba de darse cuenta de que, en diez días, el Reino Unido puede desaparecer ”, dijo el comentarista de la BBC Nick Robinson, casi incrédulo ante su propia afirmación. Pero los partidos del establishment – continuó- no saben cómo responder, porque “hay una sensacion de que el sí escocés ya es una reacción contra ellos mismos”.
Glasgow, en busca de una “nación mejor”
Andy Robinson
Glasgow,- Los murales de Alasdair Gray en el techo y paredes de Oran Mor, una vieja iglesia reconvertida en restaurante y teatro en el bohemio West End de Glasgow, son una obra en construcción. A los 78 años, el autor de Lanark aprovecha cualquier descanso entre las bodas y fiestas que se celebran en la sala superior del edificio para subir los andamios y seguir ampliando su inconfundible universo gráfico, una fusión de lo medieval, del Arts and Crafts y la ciencia ficción. Cráneos con embriones en el lugar del cerebro, una pareja abrazada delante de un transbordador espacial, rosas y cardos que trepan por la bóveda. Entremezcladas con ellos, las frases icónicas de la gran novela de Gray (casi desconocida en España aunque una nueva edicion de Marbot en castellano, traducida por Albert Sola, y una primera edición catalana, pueden ayudar a divulgarlo) . Ahora los aforismas de Gray aparecen en el contexto de la campaña por la independencia de Escocia, que Gray, ha defendido con pasión y humor. La más importante se escribe a lo largo de una de las vigas del techo de Oran Mor, rodeada de figuras astrales: “Work as if you were in the early days of a better nation” (“Trabajar como si estuvieras en los días tempranos de una nación mejor”). Otra reflexión escrita en la bóveda es un aforismo que Gauguin escribió en un cuadro actualmente en la colección del museo de Boston: ¿De donde venimos? ¿Qué somos? ¿A donde vamos? Son las preguntas que se debaten en Escocia a un año de su histórica votación sobre la soberanía y el dia que visité Oran Mor el mes pasado, el escritor estaba sentado en uno de los bares debatiendo con un grupo de amigos a la espera de alguna oportunidad de seguir pintando.
Gray es el más destacado de un nutrido grupo de escritores que se han identificado estrechamente con la campaña en favor del SÍ en el referéndum sobre la independencia aunque todos ellos se distancian del Partido Nacionalista Escocés (SNP). Incluyen a James Kelman, Irvine Welsh, Iain Banks (antes de su muerte este año) así como el principal representante de la novela negra escocesa – la llamada tartan noir- William McIlvanney. El apoyo al “yes” es mucho más amplio en la comunidad cultural escocesa, desde teatro y cine a literatura, que en la calle, donde solo uno de cada tres escoceses dice que votaría en favor de la independencia. “En general, los artistas están mas dispuestos a plantar cara al proyecto de miedo que es el mensaje de la campaña NO, que insiste en que el impacto de la secesión seria desastrosa para un país que va relativamente bien en el Reino Unido”, escribe Joyce McMillan en The Scotsman. Aunque también es cierto que la comunidad artística se beneficia más que nadie del rechazo del gobierno del SNP a los recortes del presupuesto de cultura impuestos por los tories en Londres.
Lo cierto es que la campaña del SÍ se encuentra en vía muerta, con el mismo apoyo del 30% con el que contaba cuando se anunció el referéndum hace un año. Ahora que falta un poco más de un año para celebrar el plebiscito, se pretende inyectar algo de pasión a la campaña. Por eso, Alex Salmond, el primer ministro escocés y la cara más visible de la campaña del Yes, ha dejado entrever que quiere convencer a escritores –concretamente, McIlvanney, el novelista predilecto del líder del SNP que admira sus retratos duros y tiernos de Glasgow – para que ayuden a redactar la legislación sobre el referéndum que se presentará en el otoño en el parlamento escocés. “Salmond necesita una mayor visión; ha sido una campaña muy pragmática y tímida hasta la fecha y no está dando resultados”, me comentó Scott Hames, editor del libro Unstated, una colección de ensayos sobre la independencia de una veintena de escritores, entre ellos Gray y Kelman. Al igual que el detective humanista Laidlaw de la serie policiaca de McKilvanny, que patea los duros barrios obreros de Glasgow donde la campaña del “Sí” apenas despega en comunidades históricamente laboristas, el novelista quizás puede aportar esta visión popular a la campaña. Kelman y Welsh, inventores del la novela vernácula popular escocesa, con su stream of consciousness expresado en el dialecto de Glasgow desde How late it was, how late (Kelman) a Trainspotting (Welsh), ayudarían también a resucitar la campaña SÍ. “Los políticos no saben conectar con lenguaje y hace falta una narrativa mucho más ilusionada; esto es lo que hacen los escritores”, dijo Robin McAlpine, uno de los organizadores de la nueva campaña Common Weal que pretende elaborar una visión de socialdemocracia nórdica para la campaña del “Yes”
Pero hay un problema para Salmond en su apuesta por movilizar al tartan noir para inyectar vida al discurso del “sí”. Los escritores son mucho más radicales en su visión de un Escocia independiente que el SNP. Salmond ha intentado combatir el proyecto del miedo de la campaña del NO descafeinando las reivindicaciones independistas para hacerlas mas digeribles. Defiende la permanencia de la monarquía, la libra esterlina, la OTAN en una Escocia independiente. Pero el puñado de escritores de renombre que apoyan el “Yes”, son casi todos republicanos de izquierdas que rechazan el nacionalismo tal y como lo define el SNP. “McIlvanney pasa a Salmond muy por la izquierda: Salmond estaba cortejando a Donald Trump y Rupert Murdoch pero McIlvanney y otros quieren un movimiento de base amplia y socialista”, dijo Hames mientras comíamos en Oran Mor.
Kelman me explicó su posición en un email: “Estoy totalmente opuesto al nacionalismo. Abomino el nacionalismo pero defiendo la independencia”, explica. Esta posición, añade, “es muy difícil de entender en el Reino Unido pero existe un argumento en favor de una independencia de izquierdas que no es nacionalista; los republicanos socialistas, anarquistas apoyamos la independencia pero NO (sic) el nacionalismo”. Alasdair Gray coincide con esa posición que plantea la autodeterminación del pueblo escocés como una reivindicación que no es nacionalista sino un principio de soberanía democrática que permitirá que Escocia siga su propio camino hacia el socialismo republicano. Existe, dice Hames “una enorme crisis de legitimidad política en Escocia que llamamos el Escenario Doomsday ya que tenemos un gobierno en Londres que carece de cualquier mandato en Escocia”.. No hay diputados conservadores en Escocia. “Cuando McIlvanney habló ante la conferencia del SNP en 1987, calificó a Margaret Thatcher como un “gamberra cultural” lo cual reforzó la idea de que el thatcherismo estaba fundamentalmente enfrentado a las tradiciones comunitarias escocesas”, dice Hames. De modo que, existe un argumento que plantea la independencia como el único escenario en el cual se podrá adoptar políticas progresistas de clase, al margen de cuestiones relacionadas con la identidad nacional.
En torno a esas reivindicaciones de derechos democráticos, republicanos y de defensa de las conquistas sociales, los escritores escoceses quieren resucitar la campaña del SÍ. El nuevo movimiento del Common Weal creado por la fundacion Jimmy Reid (por el historico lider sindical) empieza a esbozar una visión de una Escocia independiente, republicana que reivindica un modelo nórdico de solidaridad social, sistemas de bienestar y tributación progresiva que pueden reducir la extrema desigualdad que caracteriza la sociedad británica de los últimos 30 años desde la primera revolución neoliberal de Margaret Thatcher. Common Weal ya cuenta con el apoyo de algunos de los novelistas independentistas.
Esta visión de una Escocia equitativa puede ganar votos para la campaña del SÍ. Sondeo tras sondeo ha dejado bastante claro que la opinión publica escocesa defiende valores sociales en mayor medida que la inglesa (Aunque cabe añadir que el rechazo al conservadurismo desregulador en Escocia se comparte en el norte de Inglaterra , donde los tories tampoco cuentan con una base significativa de apoyo). Curiosamente, esta nueva configuración del independentismo escocés se parece bastante al croquis de un nuevo nacionalismo británico planteado por el joven laborista escocés Gordon Brown en 1975. Brown planteó entonces una identidad británica liberada de lazos peligrosos de etnía excluyente, nostalgia imperial, o folclorismo conservador al plantear que los símbolos del patriotismo británico deberían ser los logros sociales por los que luchó el movimiento laborista, conquistas como la National Health Service, el Estado de bienestar, los sindicatos. Como escribió Neil Ascherson en el London Review of Books en abril del 2007, esta forma de definir una “nación”, “es admirable porque es fundamentalmente subversivo; el patriotismo que se construye en torno a una institución de reforma en el nombre del pueblo es un concepto republicano”. Pese a los intentos de Danny Boyle (que llevó Trainspotting de Welsh a la gran pantalla) en su celebración del Britishness progresista de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres el año pasado, ha resultado imposible forjar una identidad británica progresista en torno a esas ideas, en parte por la carga de un pasado imperial, en parte por la concentración de la riqueza y de los valores conservadores y neoliberales en el sur de Inglaterra. Pero, en Escocia –donde existe un escepticismo mucho más extendido respecto a la monarquía y un compromiso mucho mayor con los servicios públicos- puede ser posible.
Una campaña basada en el Common Weal permitiría también superar la banalización de la identidad escocesa en torno a símbolos folclóricos, gaitas, embutido haggis y faldas escocesas de tela tartan (quizás, incluso de categorías literarias como el Tartan noir). Porque cualquiera que llega a Glasgow quedará impresionado por la ausencia de esos iconos tradicionalistas y tópicos en la comunidad imaginada escocesa. Al llegar a la ciudad el mes pasado a las 10 de la noche, pregunté cual seria el mejor restaurante para cenar y tres personas me respondieron con visible orgullo que Glasgow tiene los mejores restaurantes hindúes del Reino Unido. Hasta vi en la carta de un restaurante indio en frente del Parque de Kelvingrove un plato de pacoras de haggis (el famoso embutido rebozado en harina de garbanzos con cominos y otras especies indias). Kelman, uno de los impulsores del movimiento de reivindicación de la cultura escocesa en sus primeras novelas, recoge algo de esa nueva identidad escocesa multiétnica, mas preocupado por los servicios de salud publica para sus hijos que las hazañas del valiente Braveheart, en su nueva novela “Mo Said She Was Quirky” que retrata una madre soltera blanca de Glasgow de clase obrera que se enamora de un joven paquistaní. Estos son los ciudadanos que la campaña del SÍ, -quizás dotada de una nueva narrativa de inspiración literaria-, debe movilizar si puede albergar alguna esperanza de rebasar el 30% de apoyo actual. .







