El califato perfecto (EIC)

En la historia islámica, solamente la etapa de los cuatro primeros sucesores de Mahoma se ciñó a las características de lo que se definió como el “Califato Perfecto”. Posteriormente, los líderes políticos islámicos adoptaron por ello la denominación de Califas, dirigentes que aplican la Sharía, la Ley revelada por Dios a Mahoma, como imitación de aquellos primeros sucesores del Profeta que cumplieron con el designio divino. El Régimen Político Perfecto no está enfocado al placer y la felicidad de los hombres, sino a una búsqueda orientada a la divinidad, y siendo Dios su centro, el hombre pasa a un segundo plano y su vida social es secundaria.

Abu Bakar El Bagdadi, aprovechando su creciente prestigio militar, ganado a base de atentados terroristas y victoriosas acciones aterradoras de conquista, ha decidido llevar a la práctica su teocrática idea de crear un Califato en el centro del mundo árabe. El nuevo “Estado Islámico Califal” es el nuevo paraíso yihadista terrenal (antes lo fue Afganistán), un polo de atracción irresistible para los jóvenes radicales musulmanes de todo el mundo, desengañados por nuestra consumista sociedad y seducidos por las imágenes propagandísticas de una guerra victoriosa y justa en el nombre de Dios.

El aclamado líder califal está ligado por tradición e íntimamente conectado con el Profeta Mohamed, pues practica y detenta un poder militar que le legitima para aplicar el poder político y el orden social mediante la Sharía, expresada ya en su predicación. El Califa representa al Profeta, por tanto la obediencia al Califa es de la misma naturaleza que la obediencia al Profeta. Como delegado de la “Umma” (Comunidad Islámica) para aplicar la Ley Divina (Sharía) no tiene poder legislativo, pero sí ejerce las funciones supremas de juez, gobernante y líder guerrero, siempre sometido a las limitaciones impuestas por el Corán, máximo mecanismo de control. Acabar con la “yahiliya” (decadencia), combatir las acciones corruptas y contrarias al Islam de los modernos estados árabes mediante el terror y la guerra sin cuartel, e instaurar un Estado Islámico unificador y universal es su objetivo. El Califato Perfecto instaurado por El Califa Abu Bakar el Bagdadí es el destino soñado de muchos jóvenes musulmanes que, fatalmente atraídos por este agresivo caudillo, están dispuestos a matar y a morir por él. El Jeque Invisible es el nuevo líder del yihadismo mundial. A pesar de su “invisibilidad”, miles de jóvenes de todo el mundo se sienten influidos por el actual Mul Es Saá (Dueño del Momento), heredero natural de Osama Bin Laden y Abu Musad al Zarkaui, que ha llevado a la guerra sectaria suní al zenit de su radicalidad, dominando con su grupo “Oriente” las regiones donde era la doctrina mayoritaria, en el norte de Iraq y Siria. Actuó desobedeciendo a Aimán El Zawahiri, el veterano líder teórico egipcio cofundador de Al Qaeda, que le conminó a combatir dentro del Frente Amplio de Al Nusra o abandonar Siria. No solo no quiso salir y seguir combatiendo a El Asad, sino que sometió al resto de grupos rebeldes a su autoridad tras una dura guerra interna.

Animados y envalentonados por el gesto primitivista del victorioso imán ortodoxo suní, la secta extremista islámica Boko Haram (La pretenciosidad occidental es pecado), que tiene aterrorizada a la población del norte de Nigeria desde hace años, ha proclamado un Califato con sede en Gwoza. Nada sorprendente si tenemos en cuenta que en muchas regiones del norte del país de religión islámica esta es practicada de manera rigorista y austera, donde emiratos y sultanatos no son cosa del pasado y mayoritariamente se rigen por la Sharía, con la inhibición, la aprobación o el consentimiento del gobierno democrático de Abuja. Su orgulloso y desafiante líder, Abubakar Shekau, aparece seguro, gesticulante, tranquilo y confiado ante las cámaras; no se oculta como El Bagdadi, sino que protagoniza vídeos con mensajes amenazantes e imágenes de cientos de abducidas jóvenes raptadas en constantes “gazi” (razias), con más de seis mil muertes acumuladas y exhibición de crueles ejecuciones similares a las mostradas por el Estado Islámico Califal. Tal vez sea consciente de que el suelo saheliano que habitan árabes, fulanis y hausas no vale una guerra e intuye que los extranjeros no intervendrán. Bien al contrario que en la zona del Kurdistán y alrededores, donde están en juego intereses políticos geoestratégicos, religiosos, étnicos, militares y económicos.

Todo está escrito y solo Dios sabe lo que acontecerá en el tradicional, necio y fatal ejercicio de la guerra entre humanos que se está desarrollando ante nuestros ojos en diversos escenarios. Sus causas: la intolerancia agresiva, el sectarismo excluyente, la falta de reconocimiento y de respeto al ser humano. Sus consecuencias las vemos a diario: muerte, heridas, daños, sufrimiento, destrucción, miseria, miedo, frustración, desconfianza, rabia, odio, rencor.

Joseba Marcaida
DEIA