Lo explica Andreu Manresa, uno de los mejores periodistas que tenemos en este país. Diego Torres, ex socio de Iñaki Urdangarin en Nóos, acaba de dejar caer en los juzgados lo que podríamos definir como una pequeña bomba: acusa la casa real española de haber supervisado con detalle el funcionamiento de ese instituto.
Hay que ser prudentes con la afirmación. Torres pretende, por encima de todo, huir de una sentencia de prisión más que probable. Apuntar a Juan Carlos, ¡y a Felipe!, Puede ser, por tanto, una maniobra de distracción a la desesperada. Pero ciertamente la lógica ya hace tiempo que sugiere que Nóos no podía funcionar al margen de la casa real. Y, además, esta vez Torres aporta una información importante: dice que cada semana los servicios de seguridad del Estado -y no una empresa informática- hacían una copia de seguridad de todos los ordenadores de Nóos. No debe ser difícil, por lo tanto, o no debería serlo, que el juez investigara a dónde iban a parar estas copias y quién las recibía. Debe haber órdenes escritas, papeles, material informático que haya dejado un rastro fácil de seguir. Y que puede conducir al corazón de la trama corrupta.
Y esto es una gran novedad. Al igual que las cintas del Watergate terminaron acorralando a Nixon, ahora las copias de los discos duros de Nóos podrían poner la proa en la dirección que con la boca pequeña todo el mundo apunta, o sea, en la de Juan Carlos. Hace meses, desde la casa real aseguraban que Cristina era el dique que evitaría el desastre. El dique se ha reventado y el agua parece que empieza a subir.
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