Votar con los pies

1. REVUELTA. La gente vuelve a votar con los pies. Las manifestaciones de Ucrania en favor de la adhesión a la Unión Europea nos devuelven inevitablemente a finales de los 80, cuando los ciudadanos de la Europa del Este salieron en masa a la calle e hicieron caer los regímenes de tipo soviético. La política es oportunidad. La gente de aquellos países supo captarla. Intuyó que el sistema estaba tan carcomido que sólo le faltaba el empuje para caer. Votar con los pies es una expresión leninista. Ironías de la historia, fue siguiendo esta consigna como los ciudadanos liquidaron los regímenes comunistas. Las revoluciones siempre tienen un día después. En algunos casos se han visto reaparecer las viejas oligarquías comunistas, en otras sus herederos -como Putin en Rusia- han construido nuevas oligarquías sobre la corrupción, la recuperación del orgullo nacional y el despotismo. La sombra de Moscú es alargada. Y en Ucrania las ilusiones de la Revolución Naranja que llevaron Viktor Yushchenko y Yulia Timoshenko al poder se desvanecieron en nueve meses. Las aspiraciones democráticas quedaron ahogadas por una verdadera guerra sucia entre políticos. Ahora los ciudadanos han vuelto a ver una grieta. Presionado por Putin, el gobierno ha frenado las negociaciones con la Unión Europea. Y la gente ha hecho oír su voz en la calle: entre Putin y Europa elegimos Europa. Por la situación estratégica de Ucrania, estamos ante una importantísima partida de poder. Putin se juega sus sueños de restauración imperial. Si Ucrania vira hacia Occidente, la capacidad de intimidación de Rusia quedará mermada. Parece difícil que la debilitada Unión Europea sea capaz de dar la mano a la población ucraniana. Cuando los mecanismos democráticos fallan, cuando los obstáculos a la expresión de la voluntad popular son demasiado grandes, la gente termina votando con los pies.

2. DOCTRINA. El caso Fabra es un ejemplo del nulo interés de los partidos para acabar con la corrupción. Ahora el PP se desentiende con el argumento de que ya no tiene ningún cargo de responsabilidad. Hace un año que se retiró, cuando ya llevaba veinte. Rajoy le tachó de ejemplar, cuando todo el mundo ya sabía de qué pie calzaba este maestro del clientelismo. Y el PP nunca hizo nada para poner este peligro público en su sitio. La política del PP contra la corrupción es la doctrina Rajoy: «Hay cosas que nunca se podrán probar». Una doctrina que es una invitación a creerse impune. Al final, la burbuja ha estallado: cien cargos del PP imputados en aquellas tierras. El magistrado Martín Pallín explica que en un momento dado los abogados de Fabra se plantearon pedir que su caso fuera juzgado por un jurado popular. Pensaban que la gente sería más favorable a los intereses de su representado que los jueces: caciquismo y servidumbre voluntaria. Si los ciudadanos hubieran reaccionado antes, todo habría sido de otro modo. Ahora no tendríamos que lamentar el estado de desconfianza absoluta que reina entre los ciudadanos y las instituciones.

3. CIENCIA. Coloquio en Rennes sobre ciencia, cultura y política. Dice el físico francés Jean-Marc Lévy-Leblond: «Cuando un descubrimiento se perfila me fijo en los límites y en los obstáculos, mientras que los verdaderos descubridores procuran no verlos». Me parece que aquí está la clave de la dimensión política y moral de la ciencia. Es comprensible que el investigador ambicioso tire por la directa sin reparar en los efectos colaterales, forma parte de la voluntad de verdad y de poder de cada uno. Y en todo caso es una cuestión moral. Pero la sociedad tiene derecho a poner límites y a decir la suya, más aún cuando a menudo la investigación se beneficia de importantes aportaciones del sector público. La ciencia hace su camino, pero en una sociedad democrática la política debe tener la última palabra sobre el paso de la teoría a la implementación práctica. Ningún saber puede estar por encima de nuestras cabezas.

ARA