Historia de dos fracasos

El profesor Borja de Riquer ha publicado Alfonso XIII y Cambó. La monarquía y el catalanismo político, un libro riguroso y sugerente que resulta de útil lectura en el trance en que nos hallamos, cuando la Segunda Restauración presenta signos evidentes de agotamiento –puesto de manifiesto en la grave crisis de los partidos que la han pilotado hasta ahora– y cuando el secular problema catalán –que es, de hecho, el problema español de la estructura territorial del Estado– parece aproximarse a un conflicto que puede llegar a afectar a todo el sistema político y comprometer la continuidad de la monarquía. El fracaso final de Alfonso XIII y Cambó tiene, por ello, un alto valor ejemplar, ya que “el monarca fue siempre renuente a los proyectos políticos de Cambó. No sólo –escribe Riquer– porque no comprendía a aquel catalanista que quería ‘rehacer’ España, sino también porque consideraba que su reformismo era demasiado aventurado y peligroso. Así, Alfonso XIII sólo llamó a Cambó a Palacio para pedirle ayuda en las situaciones más conflictivas y difíciles”. El desenlace de sus historias tuvo un punto en común: ambos murieron “fuera de sus patrias”.

 

Cuenta Riquer cómo Cambó había hecho suyo el diagnóstico difundido por Valentí Almirall hacia 1886 de que, si España era el problema, Catalunya podía ser la solución, arbitrando una estrategia basada en dos pilares: por un lado, hacer ver a la opinión pública catalana que sólo desde el gobierno de España podía consolidarse y conseguirse la autonomía catalana; y por otro, convencer a los políticos españoles y a Alfonso XIII de que España no se podía gobernar sin Catalunya. Y debe reconocerse que fue el rey quien facilitó a Cambó el acceso al Gobierno, y fue el rey –y no los políticos de los dos grandes partidos– quien forzó la formación de los gabinetes de concentración y la presencia de los catalanistas de la Lliga en el Gobierno a partir de 1917. Pero el monarca era –al decir de Riquer– más listo que inteligente y, a veces, tramposo, pues no en vano sostenían los políticos monárquicos que lo trataban que “era una persona de poco fiar”. El excesivo protagonismo político de Alfonso XIII –ya que podía provocar una crisis de gobierno y entregar el decreto de disolución de las Cortes a un político de otro partido– contribuyó a la gravedad de la crisis. El verbo borbonear es suficientemente expresivo.

 

Por lo que hace a la cuestión catalana, Cambó destacó la falta de comprensión del rey, como lo prueba este texto de sus Meditacions, escrito el 30 de noviembre de 1939: “Don Alfonso, excepto unos meses de entusiasmo que sintió por mí, no hizo nunca justicia a la Lliga y a la fuerza renovadora y salvadora que había en ella. A menudo fomentó el odio a la Lliga en Madrid y en Cataluña”. Esta falta de comprensión real se evidenció de modo espectacular el 30 de noviembre de 1922. Por entonces era evidente la incapacidad de los partidos españoles para gobernar, ya que se encontraban en plena descomposición interna, faltos de proyecto y liderazgo. En estas circunstancias, se produjo aquel día una trascendental entrevista en la que el rey le ofreció el poder a Cambó, incluso con procedimientos autoritarios, a cambio de que actuara estrictamente como un político español, y no como un catalán. Cambó –dice Riquer– debía sacrificar su catalanidad y el liderazgo del catalanismo político si quería convertirse en el presidente del Gobierno español. Cambó quedó sorprendido e indignado, pues no sólo le pareció una humillación personal sino que suponía una clara incomprensión de toda su trayectoria política. Pero este rechazo a la “vía catalana” no hay que atribuirlo exclusivamente al rey. La opinión de Alfonso XIII sobre los proyectos de Cambó y del catalanismo de la Lliga no difería demasiado de la que tenían los dirigentes políticos españoles y la prensa madrileña. Así, ABC proponía esos días no sólo la formación de un frente contra Catalunya, sino que exigía incluso a los catalanes que escogieran entre ser “hermanos de España” o ser extranjeros. El diario monárquico parecía desear que los catalanes se decantaran definitivamente por la independencia.

 

Hay que reconocer –concluye Riquer– que Cambó topó con la resistencia de los dos grandes partidos españoles, no dispuestos a perder su situación privilegiada, y con las enormes reticencias que despertaba su catalanidad. La gran época de Cambó concluyó con la llegada de la dictadura del general Primo de Rivera. Al caer esta, no acabó de aceptar del todo que la autonomía de Catalunya, por la que había luchado apasionadamente durante más de treinta años, llegara de manos de los nacionalistas republicanos de Macià, a los que tanto había despreciado. Se sintió incómodo en el nuevo régimen republicano y ante la Generalitat de Macià y Companys, aunque nunca conspiró contra ella. Vale la pena leer el libro. Comprobarán cómo les suena la música.

 

http://www.caffereggio.net/2013/06/29/historia-de-dos-fracasos-de-juan-jose-lopez-burniol/