Non, je ne regrette rien

DIEN Bien Phu sería la batalla definitiva, la tumba en la que la guerrilla comunista vietnamita se desangraría definitivamente o el último acto de la presencia francesa en Indochina. Así lo habían planteado los mandos franceses, cansados de perseguir al Viet Minh con escasos resultados, y así lo aceptó el comandante guerrillero, Võ Nguyên Giáp, también deseoso de poner fin a aquella larga guerra que tantas vidas había costado ya.

Aquel era un todo o nada en medio de la nada. Un Verdún asiático en el que se dirimiría el nombre del bando ganador. Y ambos contendientes lo vieron así desde el primer momento: los franceses aerotransportaron un mundo para fortificar aquella perdida posición, mientras los vietnamitas hacían lo propio cargando en bicicleta o transportando a pie decenas de piezas artilleras, lo que provocó la muerte de muchos de ellos por agotamiento.

La batalla estuvo a la altura de los preparativos y desde luego de los grandes dramas bélicos. Los enfrentamientos fueron salvajes. Los combates cuerpo a cuerpo, fortificación por fortificación, duraron semanas, si bien desde el primer momento se vio que los vietnamitas acabaría ganando, ya que habían sabido esconder su artillería en las alturas colindantes, mientras los franceses eran bajo ella un blanco fácil.

Aún así en Ginebra se estaban realizando unas conferencias de paz e interesaba estirar aquella batalla todo lo posible para mostrar un nuevo naipe, una carta empapada en sangre fresca, que demostrase la fortaleza francesa. Así pues, aún fueron enviados miles de paracaidistas más, tan solo para prolongar aquella agonía.

Al final un último asalto determinó la batalla. Sobre los cadáveres vietnamitas caídos ante las alambradas pasaron sus compañeros, y así una oleada tras otra hasta que lograron hacerse con el control de la totalidad de las posiciones defensivas galas. Se calcula que uno de cada dos soldados vietnamitas murió o fue herido.

Francia perdió la batalla, y la guerra, pero Vietnam solo ganó a medias. El nuevo Vietnam surgido de Ginebra fue dividido en dos zonas, la primera bajo el control de los comunistas, la otra, el sur, quedaría en breve bajo la protectora órbita de los EE.UU. La guerra se había ganado, pero para la opinión pública occidental, aquella no había sido una victoria vietnamita, sino una victoria comunista. Y así Francia se fue y la gente olvidó que había sido la potencia colonial. Incluso Giáp, que había tenido que huir a China años atrás para escapar de los franceses, que había visto como su cuñada era guillotinada, su hijo recién nacido dejado morir y su esposa asesinada en la cárcel tras tres años de torturas hubo de mirar adelante y olvidar el pasado.

Bajó el telón y la Indochina francesa cayó en el olvido, y los nuevos nombres que la sustituyeron, Camboya, Laos, Vietnam del Norte o Vietnam del Sur pronto empezaron a copar de tal forma los titulares de la prensa internacional que todo aquello que fue a morir a Dien Bien Phu fue aparcado en uno de esos oscuros y profundos recodos de la historia. Como cantaría al poco Édith Piaf, «Non, rien de rien, non, je ne regrette rien / ni le bien qu’on m’a fait, ni le mal». No, nada de nada, no, no me arrepiento de nada / ni de lo que hice bien ni mal. Francia posó sus ojos en Argelia, y Asia quedó cada vez más lejos. El olvido hizo el resto y aquel imperio que había sido, sencillamente dejo de ser.

No es de extrañar que la Legión Extranjera Francesa, la misma que se había batido en Dien Bien Phu adoptase aquella canción como su himno sentimental. Ni es de extrañar que hoy día, en la Francia que apela ahora en Mali a la lucha contra otros malos, esta vez no comunistas sino «yihadistas» (como erróneamente se empeñan en llamarles, olvidando que en esa saca entran integristas, terroristas, tuaregs, y miles de personas cansadas de los corruptos gobiernos de Bamako), sea mucho más corriente encontrar a alguien que sepa la letra de esa canción que a quien pueda relatar qué demonios llevó a sus abuelos a batirse a muerte en medio de la nada por un imperio que ya no existe… al menos oficialmente.

 

http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2013/01/24/opinion/tribuna-abierta/non-je-ne-regrette-rien