Irlanda del Norte no se encuentra en un cruce de caminos, se ha quedado atascada en una rotonda

La violencia recurrente de una minoría en Irlanda del Norte refleja una falta general de confianza en su política

Irlanda del Norte ha comenzado un nuevo ejercicio de limpieza tras el estallido de la violencia comunitaria relacionada con el espinoso tema de las banderas y con la pelea de expresiones de lo irlandés y lo británico. La asamblea de Irlanda del Norte respondió el lunes con una sesión especial que se caracterizó no solo por el tono de reconciliación, sino también por las acusaciones vertidas. Una de estas acusaciones fue dirigida a los paramilitares lealistas que se niegan a coordinar este tipo de manifestaciones identitarias. Por su lado, el líder unionista tradicional, Jim Allister, alegó que la cuestión de los símbolos es un «nuevo teatro de la guerra» para el Sinn Fein. Muchos de nosotros esperamos nerviosamente mientras la protesta callejera y la violencia reúnen momentum.

Las tensiones iban en aumento incluso antes de que el Ayuntamiento de Belfast votara ondear la “Union Jack”, que hasta entonces había estado permanentemente en el Ayuntamiento durante un siglo, sólo en determinados días. En las últimas semanas el memorial Kingsmill, en el que se conmemora la muerte de 10 obreros protestantes a manos de los republicanos, ha sido vandalizado. En Newry, los unionistas han solicitado cambiar el nombre de un parque dedicado a un miembro del IRA. En Derry, cuatro disidentes republicanos fueron detenidos por llevar un lanzador de cohetes a través de la ciudad.

En 1969, al comienzo de la violencia callejera y los disturbios, el desventurado primer ministro de Irlanda del Norte Terence O’Neill describió las crecientes tensiones diciendo que Irlanda del Norte se encontraba en un cruce de caminos. Ahora, a pesar de el “Power – Sharing”, parece que Irlanda del Norte se encuentra en una rotonda, en la cual el desacuerdo cíclico se desparrama por las calles.

No hay duda de que este es un lugar más democrático que en el pasado. Tenemos leyes de igualdad. Pero para algunos, la ciudadanía compartida y de mutuo acuerdo sólo es aceptable si su partido, su comunidad, es la que gana, o al menos la que no pierde. Los símbolos son celebración pero también trampa. Marcan lo británico y lo irlandés pero al hacerlo no dejan espacio para la neutralidad. El Sinn Fein quiere una política lingüística para el idioma irlandés, pero los unionistas se resisten. Los unionistas exigen el cambio de nombre de los parques y campos de juego dedicados a voluntarios del IRA, pero no lo han conseguido. Y en medio del clamor, los oídos de aquellos que vemos que el proceso de paz navega a la deriva.

Los antiguos lealistas, reconvertidos en “gestores de la paz” y que se han comprometido con los republicanos, también se enfrentan a su propia cuota de oprobio. Estas voces progresistas están bajo una creciente presión por parte de los más jóvenes, que sienten que su identidad está siendo marginada y que viven en comunidades cada vez más resentidas por el compromiso político. Mantener una línea progresista es más difícil cuando los miembros de la clase obrera protestante sienten que su comunidad pierde cada batalla sobre las marchas y los símbolos.

Ya conocemos el caso de un pequeño sector de la clase trabajadora católica que se ha convertido a la «causa» disidente republicana y que, sin duda, iría a más si apareciera un equivalente de los protestantes unionistas. La política en Irlanda del Norte responde al clamor. Ni el DUP ni el Sinn Fein pueden perder credibilidad ante sus seguidores, ya que ambos tienen opositores acechando para desafiarles ante el más mínimo alejamiento de su ortodoxia política. La democracia raramente funciona bien si los líderes políticos están más preocupados por lo digan sus seguidores y hacen caso a los más desmedidos. Mientras este tipo de política continúa, muchos en Irlanda del Norte se alejan de la política. Cada vez hay menos votantes pero la gente lleva una vida más inter-comunitaria, aunque apolítica.

Estas son las personas que han desistido de buscar soluciones. Al hacerlo, han eliminado la posibilidad de conseguir una política mejor. Porque si ellos estuvieran comprometidos, los líderes políticos, queriendo buscar su aprobación, estarían obligados a ofrecer direcciones para salir de la rotonda y dirigirse a caminos que llevan hacia delante.

Peter Shirlow, profesor de la transformación de conflictos en la Universidad de Queen en Belfast, es el autor de The End of Ulster lealismo?

 

The Guardian, el martes 11 de diciembre 2012

 

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