Análisis de un sueño

EL Próximo martes, 28 de agosto, se cumplirán 49 años del famoso discurso que Martin Luther King dio desde las escalinatas del monumento a Abraham Lincoln de la capital estadounidense. Fue el 28 de agosto de 1963, durante la Marcha hacia Washington por el Trabajo y la Libertad. Los que entienden de esas cosas lo consideran uno de los discursos más brillantes de la historia y no se equivocan. Ese discurso aceleró un cambio en Estados Unidos y en el mundo. Porque fue dicho en el momento justo, cuando las ansias de emancipación de los negros estadounidenses habían llegado al punto de ebullición. Porque King lo declamó marcando las frases con ritmo de grandísimo orador: de pastor de iglesia. Porque la retórica que usó era perfecta. Porque supo usar los referentes políticos y culturales precisos para conmover tanto los corazones de los negros indignados como los de los blancos que tenían un mínimo de sensibilidad. Porque supo utilizar de forma sabia la repetición y el crescendo hasta llegar al estallido: “Yo tengo el sueño de que, un día, esta nación se elevará…”, “Yo tengo el sueño de que, un día, en las rojas colinas de Georgia…”, “Yo tengo el sueño de que, un día, incluso el estado de Misisipi…”, “Yo tengo el sueño de que, un día, mis cuatro hijos vivirán en una nación donde no se les juzgará por el color de su piel…”, “¡Yo tengo un sueño, hoy!”

 

Ese ritornelo –“Yo tengo un sueño”– ha sido objeto de infinidad de paráfrasis; algo así como lo que sucedió durante años con dos libros de García Márquez: El coronel no tiene quien le escriba y Crónica de una muerte anunciada. Tal cual o refritos por los periodistas, ambos títulos acabaron sirviendo tanto para un barrido como para un fregado: mínimamente modificados, lo mismo los utilizaban para anunciar la soledad de un político al que nadie hacía ya caso como la muerte, para nada anunciada, de un cineasta. Hasta que, hará cosa de diez o doce años, García Márquez se cuadró y pidió que, por favor, dejasen de manosearle los títulos de sus libros.

 

El discurso que el próximo martes cumple años será recordado siempre en los anales de la oratoria. A medida que pasan las décadas y queda más lejano el hervor de aquel momento histórico, más se ve que objetivamente es una pieza ejemplar, que sólo ha tenido un par de problemas a posteriori. Como el discurso fue retransmitido por radio y televisión y a King no se le ocurrió registrarlo en la Oficina de Derechos de Autor, hubo problemas entre la CBS y los herederos de King. Finalmente, según la ley, el copyright del discurso seguirá en poder de la familia hasta 70 años después de la muerte de Martin Luther King, lo que nos lleva al año 2038. El otro problema es que, en 1979, ABBA compuso y grabó una canción con esa misma frase como título: I Have a Dream, con una letra entre banal y patatera que empieza con los versos: “I have a dream, a song to sing / to help me cope with anything…”. Asesinado por un segregacionista blanco once años antes, Martin Luther King se ahorró la vergüenza de oírla.

 

http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20120823/54340124772/analisis-de-un-sueno-por-quim-monzo.html