Hace pocos años nos despertamos con la noticia del impresionante descubrimiento de uno de los mayores circos romanos de la Península Ibérica en Iruña de Oca , un municipio cercano a Vitoria-Gasteiz , pueblo con el mismo nombre que la vieja Iruña , capital de Euskal Herria y del Reino Vascón
Este territorio , ocupado tradicionalmente por Caristios y Autrigones , fue sin duda un área en la que se utilizó la antigua lengua vasco-aquitana junto al Latín y otras de tronco Celta como ha quedado demostrado;
Sin contar las 180 palabras en Euskera encontradas en Veleia bajo sospechas de manipulación , así como las 10 frases de estas ostracas, hace ya muchos años , en el concejo de Trespuentes (Transpontem) del municipio de Iruña de Oka se descubrieron en una casa cercana al yacimiento dos lápidas con las inscripciones “Illuna” y “Tichia”, citado por el Padre Fidel Fita (1883) :
«Rhodanus Atili f(ilius) servos an(norum) L Tychia uxor [Ill?] una socra. I(c) e(st). (Aquí yace Ródano, siervo, hijo de Atilio, de 50 años de edad. Pusiéronle esta memoria su mujer “Tychia” y su suegra “Illuna”)».
Las primeras referencias al Dios precristiano ASTO-ILLUNO fueron unas votivas descubiertas en el Alto Garona ( s.III) , en la localidad Saint-Beat-Lez , las cuales , se puede asociar a las palabras «burro oscuro-negro» en Euskera ; expresiones » chtonianas» cuyo significado está relacionado con el Mundo Subterráneo.
La visión de este animal, tan estimado por nuestros antepasados, determinó algunas formas de expresión o símbolos de su vida espiritual. En efecto, es en forma de caballo como son representados ciertos genios subalternos o personajes que figuran en ciertos relatos mitícos del pueblo vasco. Así, en la región de Tardets existe la creencia de que de la caverna de Laxarrigibele, situada en una estribación de Ahuski, cerca de Alzay, sale un genio de figura de caballo blanco que una vez secuestró a un mozo de aquella comarca, flojamente integrado en su medio social. También fue secuestrada una hija de Etsoinberri -caserío de Berástegui- por el genio de la sima de Obantzun que se le apareció en figura de yegua. También una hija del caserío Irari o Irabi de Amézqueta fue llevada a la caverna de Marizulo (Aralar) por un genio de figura de caballo blanco. A un pastor que apacentaba su rebaño en los pastos de Putterri (sierra de Aralar) se le apareció un hombre montado sobre un caballo blanco y le preguntó dónde estaba la caverna de aquella montaña. El pastor se la señaló. El caballero le dio en recompensa una moneda de oro y se marchó.
La moneda, en manos del pastor, se convirtió en polvo. Sobre el desfiladero de Artzate (Atáun), entre las contrapuestas peñas de Gurutzegorri y Aspildi, cruzaban de noche el espacio incontables caballos de fuego, al nivel de Sugaarzulo «caverna del Culebro» allí abierta sobre el abismo y a la vera de una estrecha senda que atraviesa la peña, donde en otro tiempo se dejaba ver un misterioso personaje en hábito de monje. El mismo espectáculo de caballos de fuego se veía también de noche sobre el vecino monte de Igartu, donde hoy se hallan las ruinas de un viejo caserío. El pastor de Aizaarte-saaltse estaba un día ordeñando sus ovejas en su sel de Agaoz (montaña en las estribaciones del Aralar). Súbitamente se le presentó un caballero montado sobre un caballo de fuego y le preguntó a ver dónde estaba el camino que conducía al santuario de San Miguel. Asustado el pastor, se santiguó. Al instante se ocultaron el caballo y caballero, precipitándose en la sima de Ubedi. Estos caballos de fuego Suzko-zaldiak, como también [Txekorgorri, Aatxegorri, Txaalgorri, Beigorri, Zezengorri] que entran y salen de las cavernas donde habita Mari o su marido Sugaar, fácilmente son considerados como representaciones de estos genios o como sus subalternos.
Según recientes investigaciones, la cuevas de Urdax y Urdazubi eran uno de los destinos de los grupos nómadas que se acercaban desde el Pirineo en los meses de otoño camino a la costa en busca de los animales que les suministrarían carne, pieles, cornamentas… Carne que les alimentaría y pieles que les darían calor durante los duros meses del invierno.
El caballo desempeña en algunos casos un papel fundamental, como el Zaldiko de Lantz (Navarra) o el Zamalzain de las mascaradas suletinas. A juzgar por la gran cantidad de pinturas rupestres en las que aparece representado, el caballo puede tener connotaciones de animal sagrado o mágico. Tal vez quienes lo pintaron pretendían conseguir más fácilmente su captura o su fecundidad.
Si bien el Zaldiko es más tosco que el Zamalzain, ambos son similares en su aspecto general: un armazón de madera recubierto que muestra en uno de sus extremos una representación más o menos esquematizada de la cabeza de un caballo y en el otro lado una cola de equino. Son portados por personas que les imprimen movimiento. En las respectivas representaciones carnavalescas en que intervienen son herrados y Zamalzain, incluso, castrado. Significativo resulta que Zamalzain sea el que mejor baila de todos los personajes de las mascaradas suletinas. Esto enlaza con la importancia que siempre han tenido las danzas de animales, a las que se confiere una inspiración mágica.
Las interpretaciones dadas a Zaldiko, Zamalzain y otros caballitos de estas características son variadas, Pueden ser descendientes de un antiquísimo animal-Dios con un doble significado: o una vieja divinidad o una representación del espíritu de la abundancia dentro del universal rito de la primavera. El herrado y castración sería el proceso de domesticación vivida por el caballo. Algunas versiones los consideran como la típica figura de los chamanes y los sitúan en relación con el totismo y los ritos de iniciación. Mientras varias teorías lo abordan desde una óptica sexual, otra señala que irían unidos al viaje de las almas, al transporte de los muertos
Comenta Barandiarán cómo el personaje tipo centauro, mitad hombre, mitad caballo desfila con papel preponderante en la mascarada suletina. Forma parte del elenco de los «rojos», en contraposición a los «negros». Es el zamalzain que oculta la mitad inferior de su tronco tras el armazón multicolor del caballo simulado. Su cabeza está tocada de una alta corona compuesta de espejuelos, cintas, flores y plumas.
Durante la larguísima representación de la mascarada, este zamalzain protagoniza diversas peripecias: se escapa, siendo objeto de una jocosa búsqueda por parte de los «negros», baila sobre el godalet o vaso de vino el baile central de la representación con una habilidad que generalmente mantiene en suspenso a los espectadores, es herrado por los kherestuak, es castrado por los txerreros que lanzan al aire dos corchos simbólicos que los «negros» -los malos o los tontos de la función- se precipitan en comer… Finalizados estos ejercicios, el zamalzain es ayudado por los «rojos» a recuperar sus fuerzas hasta que puede volver a ejecutar sus prodigiosos saltos.
¿Qué pueden significar estos misteriosos ritos entreverados de danza, diálogos y canciones? Chaho ve en este caballo un vestigio de la antigua caballería navarra.
«Detrás del caballo bailarín -interpreta V. Alford- encontraremos al caballo doméstico, domado, herrado, castrado. Detrás del caballo doméstico encontraremos a un ser misterioso, medio hombre, medio caballo y el reflejo de una pintura sobre la roca de una gruta paleolítica». Alford, al relacionar las mascaradas suletinas con los ritos europeos de la primavera, nos recuerda que no es éste el único hombre-caballo representado en el folklore vasco. «Atravesemos Francia y los Pirineos hasta el pequeño pueblo de Lanz, en Navarra. Los últimos días de Carnaval un hombre-caballo, el zaldiko, se pasea en medio de unos 30 dantzaris disfrazados, de un hombre vestido de mujer y un compañero que lleva una escoba. Al caballo lo herran, y el martes de Carnaval termina su paseo de una manera trágica, pues lo matan de un tiro. En Baja Navarra conozco dos caballos, el uno ha desaparecido desgraciadamente en Anhaux, y el otro vuelve a aparecer en San Juan de Pie de Puerto, después de una ausencia de 30 años. Si de aquí atravesamos el puerto de Oskitx encontraremos un caballo magnífico, el zamalzain coronado de Zubieta».
Este caballo, según los ritos europeos invocados por V. Alford, debería de morir, pero el de Lanz no lo hace; el de Zubieta era antes alzado sobre las ocho manos de cuatro dantzaris, en lo cual ve Alford el símbolo del animal sacrificado, el hombre-caballo , personaje esencial del rito de la primavera, representante inconsciente del caballo dios que moría. «No cabe duda -concluye Alford- que el caballo ha tenido siempre mucha importancia en este país desde los caballos pintados, esculpidos, modelados por los artistas paleolíticos; los caballos cazados, sacrificados, muertos por millares en los acantilados de Solutre. Parece natural que un Espíritu de la Abundancia tomase la forma de un caballo en un país de ganado, como es la Navarra y el Béarn. Es natural que los siglos hayan añadido detalles que no pertenecían a los primeros representantes del Espíritu,y que haya algo más reciente derivado de la domestificación del caballo. La castración parece que podría confundirse con la muerte propiciatoria, puesto que los «negros» se precipitan sobre las partes sacrificadas para comerlas, como hacían las Bacantes y otros muchos ritualistas que trataban de aumentar de esta manera sus propias fuerzas. Nuestro zamalzain ha guardado también algo del caballo salvaje, puesto que se escapa por las calles para ser perseguido»
Curiosamente , dos mil años más tarde , por casualidad , nos encontramos con la mayor pista de competición equina de la Península en Euskal Herria , un pueblo que desde la prehistoria ha idolatrado a los caballos , tanto para el trabajo , alimento como para la guerra , tal como los grandes historiadores romanos reflejaron en sus crónicas sobre los vascones.
Era Veleia la ciudad eúskara más importante y la tercera ciudad de la provincia Tarraconense, después de la capital Tarraco y Caesaragusta, albergando hasta 10.000 habitantes en su momento de máximo esplendor.
Desde el 2006 han aparecido otras dos palabras más: VELEIA(N) (escrita con «V», declinada en euskera) y UR (ver fotos).
Pues bien , el circo romano de Iruña de Oca tenía unas dimensiones cercanas a los 300 metros de longitud y 100 metros de anchura , en el cual , podían asistir unas 5.000 personas , sin duda , mayoritariamente conocedoras de aquel Euskera primitivo que evolucionó hasta hoy día tal como lo conocemos.












