El pasado 23 de julio, la petrolera estatal china CNOOC anunciaba que había llegado a un acuerdo para adquirir por 15.000 millones de dólares (12.140 millones de euros según el cambio actual) la canadiense Nexen, una firma con importantes activos en recursos no convencionales de petróleo del tipo tar sands (arenas asfálticas) y con una reconocida solvencia tecnológica para la explotación de shale gas (gas de esquisto). La definitiva aprobación regulatoria todavía podría demorarse por espacio de nueve meses, pero todo apunta a que esta acabará concretándose.
La oferta incluye una serie de contrapartidas para Canadá: por ejemplo, la sede de CNOOC en América estará en Calgary y la nueva firma se ha comprometido a aumentar sus inversiones y sus esfuerzos de investigación para la explotación de las arenas asfálticas de Alberta. Aparentemente, los directivos de CNOOC han aprendido bien las lecciones derivadas de su fracaso en el 2005 al intentar comprar la compañía estadounidense Unocal, finalmente adquirida por Chevron por un valor inferior a los 18.000 millones de dólares ofertados por la petrolera china. Una decisión en la que, sin duda, pesaron de forma decisiva los argumentos políticos que veían en la operación una amenaza a la seguridad nacional.
En los últimos años las principales petroleras estatales chinas –China National Petroleum Corporation (CNPC), China Petroleum & Chemical Corporation (Sinopec) y China National Offshore Oil Corporation (CNOOC)– han tenido ocasión de aprender mucho sobre la manera de hacer negocios en el extranjero, consagrándose como importantes actores en las fusiones y adquisiciones acontecidas a escala global en el sector de la exploración y producción de hidrocarburos. No en vano, durante el 2009 y el 2010, las tres petroleras chinas gastaron por el concepto citado un total aproximado de 47.590 millones de dólares (un 35% de los cuales se destinaron a América Latina).
Este nivel de actividad no debe sorprendernos: en el 2009, mientras la demanda mundial de petróleo caía en 1,24 millones de barriles diarios (mb/d), la de China aumentaba en 0,7 mb/d. Asimismo, mientras la demanda mundial de gas descendió un 2%, la del gigante asiático aumentó en un 11%. Como la producción nacional china ha alcanzado ya su cenit o se encuentra próxima a ello, para cubrir cualquier barril de petróleo o metro cúbico de gas que se añada al consumo no queda más remedio que recurrir a la importación o a la actividad en el extranjero.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las adquisiciones han permitido a las petroleras estatales chinas (PEC) ampliar su producción en el extranjero de 1,1 mb/d en el 2009 a 1,36 mb/d en el primer trimestre del 2010 (a efectos comparativos cabe mencionar que en el 2009 la producción nacional de China fue de 4,0 mb/d). Las PEC están operando en 31 países y producen en 20 de estos, aunque sus actividades se localizan mayoritariamente en Angola, Kazajistán, Sudán y Venezuela.
Generalmente se da por sentado que la actividad internacional de las PEC está dictada por los intereses políticos y estratégicos del Gobierno de Pekín, hasta el punto de que sus movimientos podrían traducirse en menos suministros y precios más altos para el resto de los países importadores de petróleo.
Sin embargo, un estudio de febrero del 2011 de la AIE (el organismo asesor en materia energética de los países industrializados de la OCDE) destaca en sus conclusiones que la relación entre el Gobierno chino y las PEC es mucho más compleja de lo que parece, de forma que a menudo ambas partes muestran intereses divergentes. Según dicho estudio ( Overseas investments by chinese national oil companies), aunque el propietario mayoritario de las petroleras sea el Estado, este no las dirige: su gestión, basada esencialmente en incentivos comerciales, sería en realidad el resultado de una complicada interacción entre individuos y grupos asociados a las petroleras, cuyos intereses no son necesariamente coincidentes.
El informe de la AIE destaca que a pesar de la existencia de diversos mecanismos de coordinación, las PEC parecen gozar de un alto grado de independencia del Gobierno y que, en ocasiones, lo mismo sucede entre las sedes centrales y sus filiales. El análisis comentado señala que pese a que en su política de comunicación interna las PEC tienden a presentar sus movimientos en ultramar en términos de apoyo a los objetivos nacionales de seguridad energética, sus actividades obedecen esencialmente a motivaciones comerciales y a adquirir ventaja en la búsqueda de nuevas oportunidades en el mercado global. Este comportamiento independiente impulsado por objetivos comerciales sería particularmente notorio en el caso de las inversiones y operaciones en exploración y producción de petróleo y gas, mientras que las motivaciones políticas adquirirían una mayor relevancia en algunos proyectos de construcción de infraestructuras de transporte, tales como oleoductos y gasoductos.
Para la AIE no hay que buscarle los tres pies al gato: las inversiones internacionales de las petroleras estatales chinas contribuyen a incrementar de manera significativa los suministros mundiales de petróleo y gas, jugando en el mismo mercado global del que dependemos el resto de los países importadores.
Mariano Marzo. Catedrático de Recursos Energéticos de la Universidad de Barcelona.







