España en diez frases

Uno de los métodos más fiables para medir el genio nacional de un pueblo es mediante el análisis de su pensamiento colectivo. A veces, los catalanes infravaloramos demasiado el pensamiento español, muy infecundo y reaccionario en líneas generales, pero que les ha servido para someternos durante cientos de años. De hecho, aunque que hoy día parezca inverosímil, hasta la pérdida de las últimas colonias de ultramar en la Universidad de Madrid se impartía una asignatura llamada ‘Arte de la colonización’ dentro de los estudios de carrera funcionarial y diplomática.

A mediados del siglo XVIII, el enciclopedista francés Louis de Jaucourt se preguntaba «¿Pero qué se debe a España? ¿Qué ha hecho España por Europa?». Y él mismo se respondía con un lacónico «nada». Un compatriota suyo, Montesquieu, sorprendido por la inoperancia y haraganería de los españoles, ya advertía en las ‘Cartas Persas’ que en España «la nobleza se adquiere en las sillas». Como las opiniones de los extranjeros podrían ser exageradas o tendenciosas, el mejor ejercicio metodológico es analizar frases o expresiones de los propios españoles que ayuden a comprender los rasgos de carácter que han hecho el pensamiento español de esencia castellana tan irrelevante y antipático a todo el mundo.

Es por ello que hemos buscado diez máximas sentencias suficientemente representativas del pensamiento español. La selección habría podido ser más amplia, pero las conclusiones seguirían siendo igual de inquietantes. Así, generación tras generación, encontramos una misma constante: lo peor del pensamiento español no desaparece con el tiempo sino que se perpetúa y se reformula a sí mismo para darse una pátina de modernidad. Para evitar hacer demasiada leña, nos hemos ceñido a expresiones posteriores al 1812, fecha donde los españolistas dicen que se fundamenta su nación moderna.

1) «¡Muera la libertad! ¡Vivan las cadenas!». Con este demencial grito recibió el pueblo madrileño al rey Fernando VII, cuando éste hizo su entrada triunfal en la capital en 1814, volviendo del exilio francés. Por si fuera poco, los madrileños desengancharon los caballos de su carruaje para arrastrarlo con tracción humana y lo llevaron por las calles de la Villa y Corte como si de un faraón o un sátrapa se tratara. No es extraño que viendo aquella recibida premedieval, el borbón restableciera el régimen absolutista y se permitiera todo tipo de demagogias y abusos.

2) «Vuelva usted mañana» es el título de un imprescindible artículo de Mariano José de Larra, publicado en 1833, que refleja magistralmente el patético funcionamiento de la administración española posterior a la Primera Restauración borbónica. Desgraciadamente, más allá del Ebro, esta respuesta aún se puede escuchar en algunos funcionarios públicos. Larra era un madrileño inteligente. Quizá por eso se suicidó. ¿Sería consciente de que la España que él quería reformar era inmutable?

3) «Mejor honra sin barcos que barcos sin honra» fue la perturbada divisa que ha ido conduciendo la política exterior española de derrota en derrota hasta el desastre final. Fue pronunciada en 1866 por el almirante Casto Méndez Núñez cuando, con el Estado en quiebra (como ahora), se reclamaron cuantiosas indemnizaciones en Perú y Chile en concepto de reparaciones coloniales por sus independencias, obtenidas cuarenta años antes. Los sudamericanos, lógicamente, se lo tomaron a broma hasta que la armada española comenzó a bombardear sus puertos. Esta loca aventura militar terminó en desastre, las sucesivas también. Hasta que en 1898 a España ya no le quedaron ni barcos ni honra.

4) «Son españoles los que no pueder ser Otra cosa» es la frase lapidaria que pronunció Antonio Cánovas del Castillo, artífice de la Segunda Restauración borbónica, durante la redacción de la constitución española de 1876. Ante la dificultad de definir lo que era ser español y el desprestigio que representaba ser súbdito de aquel estado fallido, no era fácil encontrar una acepción convincente. Siglo y medio después, las cosas no han cambiado mucho.

5) «¡Que inventen ellos!» . Con esta alegre expresión de 1906 el pensador Miguel de Unamuno sentenció que mayoritariamente los españoles están desprovistos de espíritu innovador. Pero en vez de lamentarse se como lo haría Ortega y Gasset, proponía que esta carencia fuera asumida sin complejos como una característica más del carácter propio. Casi todo el mundo estuvo de acuerdo.

6) «Ser español es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en este mundo» pontificó sin inmutarse José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, durante un discurso en el año 1934. Una tontería tan rotunda como ésta no se encuentra ni en el Mein Kampf de Hitler ni en los discursos de Mussolini. Quizás habría que inscribir la obra escrita del precursor de la «dialéctica de los puños y las pistolas», entre los autores más destacados del surrealismo hispano.

7) «¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!». El general fascista José Millán-Astray, fundador de la Legión, se dirigió con este grotesco grito al auditorio congregado en la Universidad de Salamanca en 1936, tres meses después del golpe de Estado encabezado por su compañero y amigo Francisco Franco. Ni qué decir tiene que pronunciar estas palabras en un templo de inteligencia, como es una universidad, ya da pistas sobre la categoría intelectual y ética de los oficiales del ejército español.

8) «¡Quieto todo el mundo! ¡Se sienten, coño!». Prueba que el espíritu ancestral del casticismo español pervive de generación en generación es la orden que el coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, profirió el 23-F de 1981 durante el asalto al Congreso de Diputados de Madrid. Todos los golpes de estado suelen conllevar violencia, pero no tan chabacana y cutre. Junto al chusquero golpista del tricornio, Napoleón, Ataturk o Pinochet parecen los árbitros de la elegancia.

9) «¿Por qué no te callas?». Esta pregunta retórica fue espetada por el rey Juan Carlos I al presidente venezolano Hugo Chávez durante la XVII Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile. Chávez estaba criticando el anterior gobierno de José M. Aznar -quien había auspiciado el fracasado golpe de estado reaccionario de 2002 en Caracas- y el Borbón, sin guardar ninguna forma ni educación, le cortó de modo tan abrupto. El heredero de Franco demostró mundialmente que, aparte de un jeta, es también un prepotente. Quién sabe si con esa actitud neocolonial pensaba hacer valer los títulos de rey de las Indias, de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano.

10) «¡Que se jodan!». Es el esperpéntico improperio lanzado hace pocos días en las Cortes por Andrea Fabra (PP) contra los ciudadanos víctimas de los recortes del gobierno de Mariano Rajoy. El único mérito de la diputada «popular» para ocupar el escaño es ser la hija del cacique castellonense Carlos Fabra, facha reconocido implicado en múltiples delitos de corrupción. El nepotismo parlamentario ha sido una constante en la vida política española desde la instauración del régimen borbónico. Y así nos ha ido.

Con estos ejemplo se hemos visto que el pensamiento español producido en estos últimos doscientos años no ha dado mucho de sí. Y lo que es peor, los mismos síntomas de absurdidad, ultramuntanismo, locura y aberración de épocas pretéritas siguen vigentes en una parte significativa del españolismo actual. Sin ir más lejos, a raíz de los graves incendios del Empordà de este verano, los twitters catalanofóbicos que los españoles han hecho en Twitter han superado -con mucho- a las muestras de apoyo. El odio anticatalán vuelve a brotar con virulencia en España.

Sin embargo, nunca diré que el pensamiento catalán sea superior al español. En catalán también se han pronunciado absurdos varios. Pero de verdad cuesta encontrar expresiones, colectivas e individuales, tan aberrantes y desproporcionadas como las que los españoles han legado a la humanidad. Y aquí es cuando toca preguntarnos : ¿no sería ya hora de que dejáramos que el genuino pensamiento catalán rebrote libre en una Catalunya soberana y tan alejada mentalmente como sea posible de las astracanadas mesetarias de nuestros colonizadores? Aunque sea para conservar nuestra propia salud mental…

 

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