España, el gran agujero negro

Cuando en 1905 Albert Einstein, desde Berna, publicó la teoría de la relatividad, muy pocos se dieron cuenta del impacto brutal que tendría en la física y en el conocimiento del fenómeno del déficit español.

 

El control de los gastos y costes en el Estado español, vistos desde la perspectiva de la teoría de la relatividad, muestra una visión inquietante de un estado que día a día nos sorprende más, con controles y recortes en continua evolución, balances y cuentas de resultados con indicios de vida propia no humana y un misterioso comportamiento en su interior, donde las cosas no pueden ser explicadas con el conocimiento que tenemos ni con la normativa contable oficial, ya que allí dentro, ni la física ni las matemáticas que conocemos se cumplen.

 

Este es el fascinante atractivo de España, el gran agujero negro: el hecho de saber que las cosas como las hemos estudiado no funcionan siguiendo nuestra lógica ni tienen ningún comportamiento lógico. Previsiones de déficit que no se cumplen; decenas de entidades controladoras que no controlan; miles de cargos que cobran sueldos notabilísimos para acabar siendo absolutamente irresponsables, y mil y una cosas tan extrañas que es imposible mencionarlas todas.

 

España convertida en el gran agujero negro de Europa. Cualquier cosa que pase dentro queda oculta para siempre para alguien que la observe desde fuera. Esta frontera, o telaraña, es tan densa, tan inexpugnable que ningún auditor ni controlador ha penetrado nunca. Es la última frontera. Compadezco a los pobres funcionarios europeos que vayan a supervisar algo. Acabarán internados en los sanatorios de sus países.

 

España es hoy un monstruoso acopio de ineficiencia y corrupción. Un inmenso agujero negro, o, en un lenguaje más popular, un gigantesco pozo sin fondo, que atrae, diabólicamente, el despilfarro de recursos y acabará con la quiebra y autoaniquilación.

 

Y es que en los grandes agujeros negros, la gravedad, la atracción fatal para la autodestrucción, se impone a todas las demás fuerzas. En esta pendiente hacia el abismo, todo es devorado, nadie se podrá escapar.

 

Ahora bien, la pregunta pertinente es: ¿cómo llegó España a este punto?

 

No es fácil porque hace falta un esfuerzo y constancia considerables. España, sin embargo, ha sabido tomar todas las decisiones necesarias para llegar al actual descalabro. Ni con las ayudas de la Comunidad europea, ni con el expolio en los Países catalanes, se ha podido apartar ni un milímetro de la fuerza de gravedad del agujero negro. Y claro, al final el tamaño del agujero se ha hecho tan colosal que ha erupcionado.

 

Y nosotros, infelices de nosotros, estamos exactamente en medio del agujero negro.

 

El Singular Digital