El orgullo de España

La orgullosa España quiere por todos los medios evitar lo inevitable. Los Gobiernos de Madrid admitieron con gran retraso la deriva de los Bancos. No están únicamente las Cajas de Ahorros detrás del estallido de la burbuja inmobiliaria, que con una enorme cantidad de créditos tóxicos amenaza con enterrar a todo el país. Cuanto más se oponga el presidente Rajoy a la ayuda del Fondo Monetario Internacional y de la Unión Europea, menos puede imputar las consecuencias resultantes de la ayuda a su antecesor por su negligente actuación ante la crisis. Al final, aquel Gobierno había permitido que la especulación inmobiliaria se convirtiera en un deporte popular e incluso había negado el desastre cuando los inversores internacionales desde hacía mucho tiempo se habían dado a la fuga. España, más tarde o más temprano podría pedir una ayuda,  sencillamente porque la carga de los créditos tóxicos es demasiado grande. Esto no es ninguna deshonra. Pero sí es vergonzoso que España exija para sí otras reglas diferentes a las aplicadas en Irlanda. Cuando hace año y medio en la Isla Verde explotó la burbuja de la especulación, los precios de las viviendas se redujeron a la mitad y el país tuvo que solicitar ayuda, los irlandeses no se quejaron, sino que con valentía acometieron el cambio de sus estructuras económicas y aceptaron lo natural, es decir, que ellos mismos eran los responsables de sus deudas. Los españoles al contrario, quieren que los gastos de su colectiva especulación sean asumidos por otros. Por cada precio (Eurobonos, Rescates, Unión de Bancos o Responsabilidad conjunta para imposiciones bancarias)
España quiere forzar una socialización de las deudas en la Eurozona juntamente con Francia e Italia, contrariamente a lo acordado. Ahora Madrid propone un «rescate blando» para evitar el estigma de la ayuda a Portugal y Grecia con condiciones impuestas. ¿Que hubiera aportado el ir aumentando el crédito? De él los Bancos españoles reciben de la zona Euro más que suficiente. Lo que les falta es capital. En la Unión Monetaria es necesario que las reglas sean las mismas para todos. No puede ser que haya miembros de primera o segunda categoría según el tamaño de los países o el orgullo de sus habitantes.

Itzultzailea: Gonzalo Iraeta. FRANKFURTER ALLGEMEINE ZEITUNG