Mapa, territorio y primavera valenciana

Ya es curioso que sean los más feroces enemigos del territorio valenciano, quienes lo han puesto definitivamente en el mapa del mundo. Ellos que hacen lo imposible por borrar el país, que se cargan los parajes naturales, que nos construyen en las playas, que nos niegan incluso un nombre digno, rebajándonos a la categoría insustancial de ‘comunidad’, han sido -en definitiva- los que han puesto nuestro territorio en el mapa.

Lo han hecho con el estallido de la burbuja de la corrupción, haciendo saber a todo aquel que no tiene las orejas compradas, que aquí han mandado y mandan los chorizos con más solera y tradición familiar. Generaciones de ladrones y expoliadores, que -habiendo aprendido el oficio de la mano de los pistoleros franquistas con los que entraron en nuestra casa en 1939- han sabido transmitir a sus hijos, sin que la tradición familiar se haya interrumpido en ningún momento.

Y lo hacen ahora, cuando envían sus perros forasteros y uniformados a ensañarse contra nuestros hijos; a masacrar a los estudiantes valencianos que se quejan porque, después de todos los lujos que ellos han permitido, de todo el dinero que han regalado a sus indecentes ‘amiguitos del alma’, de todas las obras faraónicas que han construido, a mayor gloria de sus egos casposos, no quedan recursos para calentar las aulas donde estudian.

Nos ponen en el mapa como un pueblo gobernado por un grupo de estafadores sin escrúpulos, que no son capaces ni de experimentar compasión por las criaturas de su propio pueblo. Porque por muy avergonzados que estén de ser valencianos (¡y lo están!), Por mucho que oculten nuestra lengua, hablando siempre la de sus amos castellanos, por muy analfabetos e incultos que sean («el valenciano lo hablo un poquito»- dijo la infame delegada Sánchez de León), las criaturas que están masacrando estos salvajes a sueldo son valencianas. Y su función, como gobernantes, debería ser la de protegerlos; no la de justificar la carnicería explicando cuentos chinos (policías heridos, ‘radicales infiltrados…’), y queriendo hacer creer que esos individuos fornidos, armados y equipados hasta los dientes son las víctimas de un grupo de estudiantes de secundaria.

Nos han puesto en el mapa como escoria, como ejemplo de los altos niveles de putrefacción que puede alcanzar la especie humana. Ahora nos toca a nosotros poner al País Valenciano en el mapa de la dignidad. Los estudiantes del IES Lluis Vives han iniciado el camino, pero es cosa de todos hacer de esta primavera valenciana el inicio de la recuperación. Es cosa de todos decir alto y claro a los burócratas castellanizados del PP que somos un país, y no la miserable comunidad subordinada en que ellos pretenden convertirnos, a mayor beneficio de sus bolsillos de rateros insaciables.

DE L’HORTA ESTANT