Con el nuevo gobierno español del PP se pondrán en evidencia varios hechos políticos de mucho relieve para los catalanes. El primero de todos, que en la versión actual moderada, el PP es más peligroso que en la versión arrebatada tipo Aznar. Aznar irritó tanto a los catalanes que hizo subir la espuma independentista. Nuestro país no sacó mucho provecho y ERC lo pagó caro porque no supo interpretar muy bien que su crecimiento era, en muy buena parte, fruto de aquella espuma.
La segunda lección es que el PP será tan españolista -ni más, ni menos- como el PSOE. Es decir, que hará lo que es obligación de cualquier partido que crea que en el actual Estado español sólo hay una nación, la española. Es decir, que crea que tiene la misión de garantizar la unidad de esta nación y por tanto de disolver cualquier otra aspiración nacional dentro del Estado. La única cuestión pendiente de conocer es si el PP de Rajoy actuará con más inteligencia y eficacia que el PSOE. Y me temo que la respuesta será sí. La insolvencia probada de Zapatero se mostró muy especialmente en el terreno económico, pero en el terreno autonómico, también.
La tercera lección es que, para las reivindicaciones nacionales, nunca es la hora. Cuando se va bien, porque parece que las aspiraciones nacionales de los catalanes podrían estropear la bonanza. Cuando vamos mal, porque las exigencias nacionales aún harían más graves más los males. En este sentido, suponiendo que en estos cuatro años se salga de la crisis, huelga decir que demandas como la del «pacto fiscal», serán descalificadas con el argumento de que podrían volver a desestabilizar el incipiente crecimiento.
En cuarto lugar, es notorio que la crisis y la necesidad de racionalizar el sistema autonómico será el gran argumento para homogeneizar las políticas catalanas hasta ahora diferenciadas del resto de comunidades autónomas y del Estado. Ya ha sido un hecho con el sistema financiero y ha empezado a pasar con las delegaciones del gobierno en el extranjero, que se han considerado inútiles teniendo en cuenta que para embajadas ya las tiene España. Pero seguirán otros temas nacionalmente relevantes para nosotros: televisiones públicas autonómicas, sistema educativo y universidades, modelo comercial y unidad de mercado …
Finalmente, como la sociedad civil catalana reaccionará adecuadamente y rápidamente, y como el gobierno no se acoquinará y liderará la confrontación que producirá la defensa de los objetivos nacionales, la quinta lección que sacaremos es que los catalanes, finalmente, habremos sabido aprovechar la oportunidad de la actual debilidad del Estado, a pesar de la intransigencia del nuevo gobierno conservador, para dar el salto definitivo hacia nuestra emancipación nacional.
Pero ahora ya no sé muy bien si hablo de una lección o de un deseo para el 2012.
Salvador Cardús · Nació Digital







