Votos con poca política

El análisis de los resultados en Catalunya en unas elecciones generales siempre tiene una dificultad añadida: obligan a hacer una segunda e incluso una tercera lectura sobre un ámbito por el cual no han sido celebradas. Por esta razón, existe el riesgo de acabar en una sobreinterpretación, muy alejada del verdadero significado de la suma de las decisiones individuales de voto. Ponemos por caso, el sentido que tenemos que dar al podio catalán y a las variaciones que se han producido, ahora con una CiU en el número 1, mejorando sustancialmente, pero sobre todo con un PP en el número tres, mostrando la impotencia de romper el maleficio catalán. Desde mi punto de vista, la importancia política de las variaciones, en ningún caso tendría que traspasar el valor relativo de los votos que las han producido. El PP, en este sentido, prácticamente mantiene las distancias porcentuales de votos obtenidos con los resultados de sus homólogos españoles, mientras que el PSC se distancia hasta tres puntos y medio. Poca novedad, pues, en Catalunya. Por tanto, también está fuera de lugar que estas variaciones puedan justificar, en los mismos partidos, sentimientos de victoria o de derrota, muy absolutamente pírricos desde el punto de vista catalán. Y en el ámbito español, pasa poco más o menos lo mismo. Quiero decir que, si ya cuesta ver la coherencia de determinadas decisiones individuales de voto, ¿por qué tenemos que pensar que podemos hacer interpretaciones globales? ¿Qué sentido político tiene que el ciudadano se escape a toda velocidad de la vaguedad socialista para abandonarse a los brazos de la incertidumbre conservadora? A Rajoy, ¿lo han escogido porque daba confianza, o es que han chocado mientras se escapaban de Zapatero? ¿Qué ofrecían realmente Rajoy o Rubalcaba en una partida que ya estaba ganada, con una mayoría absoluta que no daba ningún margen de maniobra para condicionar el futuro? ¿Y qué podían pintar CiU, ERC o ICV en unas Cortes de paseo militar conservador? Como puede ver el lector, estoy intentando decir que no sé si los resultados se pueden analizar en clave política convencional cuando la decisión del votante se ha hecho en términos de desencanto, de miedo ante la crisis, quizás de resentimiento, y todo, con indignación algunos o incluso, por raro que pueda parecer, con ilusión ingenua de los que han resistido. Es decir, ante el escaso margen que quedaba para hacer propuestas sin ningún horizonte a la vista, creo que ha acabado predominando la respuesta desde un sentimiento de acorralamiento y al margen de la razón política clásica. Para mí, la gran pregunta para la que no tengo respuesta es cómo se comportará el electorado, dentro de pocas semanas, cuando descubra que los sentimientos lo han traicionado en sus intereses.

 

http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20111120/54239149417/salvador-cardus-votos-con-poca-politica.html