¿Educación en español para qué?

Recientemente, una tal Rocío Casanova ha demostrado, en una entrevista emitida por Canal 9 que Oscar Wilde tenía mucha razón cuando decía que «las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene una». Y más aún, ha dejado bien claro que se pueden tener las dos cosas -opinión y culo- en el mismo lugar y aproximadamente con las mismas funciones.

Y como ella tiene una opinión, y la expresa, yo también quiero hacerlo. Y lo hago diciendo que llevar los niños a una línea educativa en español es una chorrada que no sirve para nada. No sirve porque el español es un idioma tan absolutamente impuesto y presente en la sociedad valenciana, que los niños la aprenden sin necesidad de que nadie se lo enseñe. Como muestra, basta fijarnos en las cadenas de televisión. En el área metropolitana de Valencia, hay 36 que emiten exclusivamente en español, y sólo dos que lo hacen (en diferentes proporciones) en español y en valenciano. El panorama es igual o peor si nos centramos en la radio, la prensa escrita o la publicidad. ¿Cómo que no tienen que aprender el español?

Conozco una familia que es bilingüe en dos idiomas, ninguno de los cuales es el español. En casa, por lo tanto, las hijas no lo escuchan. Y desde que a los valencianos nos ha prohibido ver TV3, los dibujos animados los ven en inglés. Poco contacto, por tanto, con la lengua del imperio. Seguramente mucho menos de lo que tienen la mayor parte de los niños valencianos. Pues bien, esas niñas, a los cuatro años ya están capacitadas para entender cualquier mensaje en español, e incluso lo hablan de manera comprensible.

Así pues, ¿para qué despilfarrar recursos en enseñar un idioma que se aprende gratuitamente y sin invertir ningún esfuerzo deliberado? Las familias valencianas harían bien (sobre todo las que no están capacitadas para transmitir el valenciano en el ámbito familiar) en llevar a los hijos a la escuela en valenciano. Así, al menos les regalan un idioma más. Y aún más, les evitan de caer en la penosa condición de ser individuos tristemente monolingües, y preparan sus cerebros para una recepción más sencilla y exitosa del aprendizaje futuro de nuevas lenguas.

¿Qué más queremos? Es evidente que la educación en valenciano es un valor añadido y una manera de hacer un uso racional de los recursos públicos en la educación. Y -por si esto fuera poco- escolarizándolos en valenciano evitaremos -muy probablemente- que alguno de ellos acabe convirtiéndose en un fantoche capaz de expresar públicamente según qué opiniones, cuyo resplandor avergonzaría incluso a alguno de los culos menos quisquillosos de la historia.

 

DE L’HORTA ESTANT