Leo asombrado esta noticia. Resulta que los bomberos de la pequeña localidad de South Fulton, en el estado de Tennessee, dejaron arder una casa porque su propietario no había pagado los 75 dólares de la tasa correspondiente del servicio de protección contra incendios. Los bomberos llegaron al lugar del fuego, pero sólo intervinieron cuando las llamas empezaron a quemar las casas de los vecinos, que sí habían pagado esta cuota anual. Según explicó el alcalde de South Fulton, el abono de la tasa es voluntaria y quien no la paga debe saber que, llegado el caso, no tendrá el servicio correspondiente.
Todo ello parece bastante lógico sobre el papel y responde a la aplicación estricta del principio del individualismo, abundantemente teorizado durante dos siglos por muchos ilustres pensadores de los Estados Unidos. Si quieres algo, te lo tienes que ganar. Nada es gratuito en los Estados Unidos, lo sabe todo el mundo. Los servicios públicos existen, pero su calidad y extensión tienen una relación directa y milimétrica con los impuestos recaudados. Lo hemos visto este verano con la pugna entre el presidente Barack Obama y el poder legislativo sobre el presupuesto. Poca broma.
Por eso, cuando leí la noticia pensé enseguida que aquella casa es un puñado de cenizas por culpa del sistema liberal extremo vigente allí. Admito que tuve ese momento de desfallecimiento, fruto de un modelo educativo y social partidista, y me indigné. Después, lentamente, empecé a atar cabos y pensé que la casa se habría quemado igualmente si el sistema vigente fuera el anarquista, es decir, sin estructuras administrativas y donde cada uno va por libre. Sin Estado y con autogestión, ya os digo ahora que no habría brigada móvil de bomberos profesionales, serían sustituidas por hileras de voluntarios con cubos de agua, un método excelente para hacer bíceps pero poco eficaz para apagar un fuego.
Tanto el liberalismo como el anarquismo sitúan al individuo en el centro de su ideología y lo contraponen a la sociedad, la cual, a sus ojos, siempre intenta imponerle conductas y limita su libertad. De ahí que, a menudo, los anarquistas sean llamados libertarios. Estas ideas van en contra del sentido de comunidad cohesionada y de algunos valores en desuso. La libertad individual no es un término opuesto a la solidaridad ni a la compasión. He aquí dos razones por las que los bomberos deberían haber apagado ese fuego.








