Cuando 1 +1 hacen -3

He sostenido muchas veces que no estoy de acuerdo  con la idea de que es necesaria la unión político-electoral del independentismo. Lo sostuve en las elecciones catalanas de 2010, y lo repito ahora que se acercan las elecciones españolas de 2011. Los argumentos son, fundamentalmente, dos. En primer lugar, creo que el independentismo no puede ser patrimonializado por nadie en particular. Se le debe dejar campar libre. La fuerza que tiene en la actualidad es la de su capacidad de estar por todas partes y no sólo al amparo de unas siglas. Incluso, de ir más allá de los partidos y de las ideologías políticas. Hay independentistas conservadores, liberales y de izquierdas. Y los hay encuadrados políticamente, pero también antipolíticos. Independentistas que no piensan votar, e independentistas que votarán a Duran i Lleida. Independentistas de piedra picada, y miedosos e irresolutos. Es necesario que todos sumen en la Cataluña del futuro. Cualquier intento de pretender «la unidad del independentismo», simplemente provocaría su enfrentamiento y ruina.

La segunda razón es que no todo el independentismo  nos acerca a la independencia. Hay alguno que nos aleja. De modo que, en cuanto al independentismo, 1 más 1 no hacen dos. Pueden hacer menos 3. Y no sólo porque hay independentismo antidemocrático, independentismo xenófobo e incluso de estilo facha, sino porque hay quien sigue un tipo de estrategia que simplemente nos abocaría a la indigencia permanente. Me cuesta entender a todos los que en nombre de la independencia abandonan el sentido crítico contra personajes que no pasan el mínimo umbral de la cultura democrática. Pondré un caso: yo creo que el independentismo no debe ser antiespañolista. Lo he justificado más extensamente en «El camino de la independencia». La mayoría social independentista, necesaria para llegar democrática y pacíficamente, necesita muchos catalanes que nunca renegaron -y harán bien- de la vinculación a sus orígenes. De modo que, para ir bien, el independentismo debería ofrecer por ejemplo -la doble nacionalidad a quien la quisiera, para que no rompiera vínculos, sino que sumara afiliaciones.

Diría que se me entienda: un independentismo  que se propusiera ir al Parlamento español «para reventar España desde dentro», como hemos oído decir estos días, restaría fuerzas al conjunto. Ya no hablo del ridículo de no saber medir las propias capacidades ante un Estado que tiene a su alcance todos los aparatos de coacción que le son propios. Me refiero a que sería políticamente inaceptable y generaría el rechazo de la mayor parte de los de casa y de todo el resto del mundo.

De momento, veo con preocupación que ERC  mantiene la ambigüedad respecto de esta cuestión, y parece que se deja querer por todos. Espero que simplemente haya sido que estaban demasiado entretenidos en otros asuntos. Si ERC no se sabe alejarse del friquismo independentista con toda contundencia, podría acabar de perder el escaso prestigio que le queda y que al nuevo equipo dirigente le sea muy difícil ir recuperándolo poco a poco pero sin debilidad.

 

http://www.naciodigital.cat