¿Será el nacionalismo exasperado de los partidos –y medios- españoles lo que les impide a los políticos del candelero, ser verdaderos demócratas y les hace tan mezquinos?
Es la pregunta que muchos nos hacemos cuando contemplamos ya no su incompetencia, sino su cinismo y prepotencia en unos casos o su espíritu servil -rastrero-y adulador en otros.
Sacar pecho ante Chávez –leitmotiv en el ojo del huracán mediático yanqui- en el contencioso de los famosos entrenamientos de ETA, es más simple, por ejemplo, que condenar las escalas de la CIA en algunos aeropuertos hispanos. Sobre la oculta complicidad, mejor correr un tupido velo…
De la misma forma que hipócritamente se mirará a las estrellas ante las torturas de Abu-Grahip, las burradas de la dictadura alahuita o el sistemático genocidio que impulsa el estado israelí.
Lo de los hebreos, terroristas donde los haya, el vasallaje llega a la obscenidad. Ahí está sin ir más lejos, el reciente besuqueo del Moratinos y del Simon Peres.
Esta es y ha sido históricamente la pura idiosincrasia del españolismo –¡A la España carpetovetónica!-, andar de miserable lameculos del poderoso y apabullar al que se considera más débil.
Es sin duda, una de las lacras que más nos incomoda a los vascos, esa arrogancia y engreimiento, con que día a día nos escupen los españoles al rostro.
¡Que el Señor Ares, gran emérito del españolismo, otrora gran enaltecedor de la justicia española, ahora se pase por el forro sus dictámenes y nos haga rememorar aquel viejo recurso o digno pase foral: “se obedece pero no se cumple…”!
Pues no. En eso está pensando el tétrico consejero, en aceptar alguna medida que favorezca al entorno etarra, en el que al parecer ya entramos todos los vascos.
Muchos y siniestros personajes recuerdo, en la galería de antivascos que nos acompaña desde el franquismo. Pero que haya conseguido cabrearnos tanto como el actual consejero de interior de este puchero vasco, gobierno o lo que sea, ninguno.
Lo cierto es que los vascos, que quizás no seamos nada del otro mundo -ni falta que nos hace porque con que nos dejaran ser vascos, nos bastaría-, tenemos perfectamente calados a los hijos de la raza.
No aceptamos sus leyes por impuestas y porque han ignorado o mejor pisoteado con desprecio las nuestras, llámenles fueros o constitución vasca.
Rechazamos su sistema judicial, no sólo porque no es el que hemos creado nosotros, sino porque está pensado para abortar cualquier opción que surja de la libre voluntad del ciudadano vasco.
Y también lo rechazamos, por falta de garantías. No cumplen ni sus propias leyes cuando les contrarían y desprecian los principios fundamentales de la jurisprudencia.
Cuando se trata de vascos, no es preciso un habeas corpus para condenar, bastan indicios. Al vasco no se le condena por delitos, sino por la intención de delinquir. Y claro, que tal intención –a las pruebas me remito-, depende de la arbitrariedad del juez o del picoleto de turno.
Y eso, que tampoco se necesitan delitos para ser criminalizado, bastan como hemos dicho, indicios.
Y que los tribunales españoles, es bien sabido, son consolidados expertos en construir y empapelar por indicios a cualquier vasco.
Y que también sabemos hasta el hartazgo –y el Sr. Ares y todos sus correligionarios están muy al tanto, cuando no otorgan-, que el estado español tiene patente de corso para torturar al vasco hasta la extenuación.
Y lo conocen los de Venezuela, los de la ONU –estos ya suelen acusar, ¿puro testimonio…?- y los del tribunal de Estrasburgo, aunque callen o en su caso se hagan los despistados…
Y por todo esto y por mil cosas más, inabordables por falta de tiempo y espacio, los vascos no tenemos más remedio que reclamar nuestra soberanía.
No queremos ser cómplices ni partícipes, de un estado que desprecia y explota a los débiles –podemos hablar largo y tendido de América latina- y se confabula, cuando no se prostituye, con los poderosos- EEUU, Israel, Marruecos…-.
Luego, hipócritamente, se constituirá en defensor de no se qué derechos humanos, cuando lleva siglos pisoteando nuestros derechos, los de los vascos.
Los vascos, nosotros, que no es que seamos dechados de nada. pero vamos dejando por el mundo una cierta constancia –habrá de todo, que en todas partes se cuecen habas- de solidaridad y compromiso con los pueblos oprimidos. No vamos a listar a todos los grupos solidarios que andan en el intento.
Y por cierto, aprovechando lo del Pisuerga, un hurra por los de Askapena, los que conocemos su actividad, sabemos perfectamente lo sacrificada y digna que es su labor.
Por eso, nuestras entrañas no soportan ese veneno, puro rencor, que los de la quinta esencia española –políticos, periodistas y toda la camada del entorno- nos inyectan un día si y otro también.
Con todos estos preámbulos, ¿alguien puede extrañarse de que el pueblo vasco, consciente de estos largos siglos de humillación, minoración y destrucción que ha debido soportar desde España, pueda o deba caminar con la “Una, Grande y Libre”?
Justamente, todos esos tics de grandeza, que ni siquiera tras las severísimas críticas –cuando no desprecio- de tantos humanista, no se resigna a abandonar de una vez por todas, es lo que para nosotros los vascos nos resultan tan despreciables.
Y justamente por ello, desde Fernando el Católico o el Duque de Alba, hasta Franco y tantos adláteres y personajillos de menor cuantía, politiquillos de este engendro democrático o masa caótica que actualmente nos envuelve –hablábamos del tal Ares-, los vascos nos sentimos tan sin vivir en nosotros…
Evidentemente, sería una aberración generalizar, nunca hemos dudado de la dignidad de muchos españoles. Pero un servidor al menos, un poco conocedor del las esencias del nacionalcatolicismo y de las relaciones a lo largo y ancho de la historia entre España y Euskal Herría, lo tiene bien claro: hemos topado con un mundo de hipocresía, rencor y mezquindad.
Por eso no acabamos de entender, que los españoles llámense Rubalcaba, López, Ares o Ezquerra, -de nominibus non est quaestio- no comprendan que no queramos ser partícipes de este desatino llamado imperio, España o madre patria…
Que a ellos les parece tal destino, ese de los valores eternos, el mejor posible en este mundo, pues muy bien ahí lo tienen. Pero a los vascos que no nos lo impongan los pelmazos y pesebreros de ellos…
Como tampoco entendemos, que de una vez por todas no vean claro, que lo único que nos mantiene en dicho desatino hispano, es la benemérita, sus epígonos, sus jueces y toda la parafernalia coercitiva…etc…etc…
Y que como decía un “famoso escritor”, ya tenemos los vascos bastante para ponernos de acuerdo entre nosotros.
Y que no estamos para enredarnos en triquiñuelas con unos vecinos, que durante siglos se han mostrado tan pícaros, avasalladores, truhanes y quisquillosos… Alde hemendik!





