Entre el acuerdo UE-Turquía y la detención de Salah Abdeslam, algo no cuadra

Entre el acuerdo UE-Turquía y la detención de Salah Abdeslam, algo no cuadra

Ayer, mientras los líderes de los estados europeos firmaban (sin decir ni “mu”) el compromiso de que Donald Tusk ya había negociado con Turquía, la noticia de la detención de Salah Abdeslam monopolizó y desvió la atención del público. Y lo hizo con una sincronización tan oportuna que, si lo pienso más fríamente, algo no cuadra.

La cumbre entre los representantes de los países europeos para encontrar una solución al problema de los refugiados ya estaba convocada y el texto del acuerdo ya había sido detalladamente negociado entre el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu. Vista la urgencia de la cuestión, Tusk dictó a los líderes de los países miembros de la Unión que aprobaran el acuerdo sin proponer ningún cambio y éstos, como ovejas bien instruidas, firmaron los papeles que les ponían en la mesa. Al amparo del acuerdo ahora vigente entre UE y Turquía, los refugiados irregulares que lleguen a Grecia desde el país de la media luna, serán repatriados. Y por cada sirio devuelto a Turquía, otro será acogido dentro de la UE, dando prioridad a los que no hayan accedido (ni lo hayan intentado) irregularmente.

Dejando de lado el hecho de que encuentro difícil entender cómo puedan viajar regularmente unas personas que huyen a la desesperada de una guerra sangrienta, lo que se entiende aún menos es la actitud de Europa y de sus líderes que, después de haberse llenado la boca con discursos demagógicos sobre la disponibilidad a la acogida de los refugiados, deliberan “devolverlos” -como si se tratara de objetos o de animales- al Estado patrocinador del terrorismo del que escapan. Y, aunque parece una burla, por eso Turquía ha exigido -¡y obtenido!- 6.000 millones de euros (3.000 millones de inmediato) de dinero procedente de los bolsillos de los europeos, y también su adhesión a la UE a pesar del desprecio constante de los valores considerados imprescindibles para la admisión.

Ahora bien, mientras en Bruselas los líderes europeos bajaban la cabeza ante las condiciones impuestas por Davutoglu, otro evento ocurrido (qué curioso) allí mismo distrajo la opinión pública. Después de cuatro meses de los atentados yihadistas de París, la policía localizó y arrestó a Salah Abdeslam, es decir, al único asaltante que había rechazado inmolarse y había conseguido huir, convirtiéndose en el terrorista más buscado de Europa. Los días siguientes a los atentados, se dijo que tal vez había escapado a Siria, y también fueron a buscarlo hasta Holanda, pero ahora resulta que no se había alejado de su barrio natal, Molenbeek, nido y cuna de los yihadistas en Europa. Según explicaron los dos amigos que fueron a recogerlo a París después de los atentados, Abdeslam tenia miedo, estaba aterrorizado, porque era consciente de que, si los agentes franceses lo hubieran retenido, le habrían torturado. Sin embargo, y aunque la policía belga llevara a cabo una batida antiterrorismo en su barrio un día sí y otro también, Abdeslam se quedó en Molenbeek, y justo ayer -mientras el Consejo Europeo firmaba la vergonzosa repartición de los refugiados- los medios de comunicación pudieron anunciar, con titulares rimbombantes, la tan esperada captura del hombre más peligroso de Europa al que, hoy, están dedicadas las portadas de los principales diarios europeos e internacionales mientras que el acuerdo UE-Turquía, para la mayoría de los medios informativos, ha pasado directamente a ser noticia secundaria.

Llamadme desconfiada, pero mi sexto sentido me dice que algo no cuadra.

Stella Firinu

http://www.geopolitica.cat/lacord-ue-turquia-detencio-salah-abdeslam-cosa-no-quadra/