Elin Haf Gruffydd Jones: “Debemos volver a aprender cómo ser hablantes de lenguas minorizadas”

La Red Europea por la Diversidad Lingüística (ELEN, por sus siglas en inglés) celebra su asamblea general en Barcelona estos 14 y 15 de noviembre, acogida por el CIEMEN. Más de 80 delegados de organizaciones que trabajan por las lenguas minorizadas de toda Europa se reúnen en la capital catalana para debatir sobre aspectos que les afectan, como la tecnología digital, las redes sociales y el futuro de la protección lingüística en el continente. Durante la asamblea también se presentará la estrategia de incidencia del ELEN, desarrollada con la participación del Relator Especial de la ONU sobre Cuestiones de las Minorías, Nicolas Levrat.

La sociolingüista galesa Elin Haf Gruffydd Jones es presidenta de ELEN desde 2021. Jones tiene una trayectoria vastísima en el estudio y promoción de las lenguas minorizadas en Europa, particularmente del galés y en los campos de los medios de comunicación, los sectores culturales y las políticas lingüísticas. Directora del Centro de Estudios Avanzados Galeses y Célticos de la Universidad de Gales Trinity Saint David y profesora en este mismo centro, Jones es miembro fundadora del proyecto europeo Mercator y ha sido integrante del grupo de expertos sobre medios de comunicación del Consejo de Europa para la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias. Habla galés, inglés, vasco, catalán, francés, gallego, español, italiano, portugués, alemán e irlandés.

-Antes de empezar la entrevista, me decías que en otra reciente con otro medio ya habías pensado cómo responderías —si te hacían la pregunta— qué lenguas europeas están ahora en peligro, y que ya tenías la respuesta preparada.

-¡Sí, pero no me la hicieron, así que no utilicé la respuesta!

-Vale, pues ¡adelante! Ahora te la hago yo, la pregunta.

-Independientemente de si una lengua está oficialmente en riesgo según la lista de la UNESCO, debemos tener en cuenta que todas las lenguas minorizadas corren algún tipo de peligro. Peligro que varía de una lengua a otra, de un ámbito a otro y de una jurisdicción a otra. Por ejemplo, podemos decir que el catalán tiene mucho menos riesgo en esta parte de los territorios de habla catalana [Cataluña] que en otras zonas, pero sólo hay que atravesar la frontera hacia el norte, sur o mar, y veremos que el catalán está más en peligro. Lo mismo ocurre con el galés, el vasco o el frisón. A algunas lenguas les ha ido bastante bien durante los últimos 10, 20, 30 o 40 años de acuerdo con los baremos tradicionales, pero creo que hoy en día ya nadie puede argumentar que las medidas que antes nos servían serían suficientes para mantener la posición actual. Cada vez somos más conscientes de los riesgos; por otra parte, podemos considerar el panorama digital como una oportunidad que puede beneficiar a nuestras lenguas, pero también presenta muchos retos que hasta ahora no hemos abordado correctamente.

-¿Puedes dar ejemplos?

-El número de hablantes de algunas de estas lenguas ha crecido gracias a la educación, pero no es suficiente. Todo el mundo acepta ahora que la socialización en una lengua es tan importante como la educación. En Gales, ha habido avances en la educación inmersiva en galés en todo el país. Pero si tú, o tus padres, debe elegir activamente una escuela concreta, y para llegar debe pasar por delante de otras dos, tres, cuatro o cinco escuelas que no ofrecen inmersión en galés, entonces esto no es una elección real. A la gente, el umbral se lo hemos puesto muy alto. En algunos países, como el mío, no hemos pensado en serio que, en educación, la oferta lleva a la demanda.

También en Gales, queríamos legislar en el sector comercial y privado, pero hemos tenido que aceptar que sólo tenemos competencia para legislar en el sector público. Esto no es sostenible. Si queremos que nuestras lenguas sean visibles y útiles en todos los ámbitos, debemos legislar también en el sector privado y comercial. No hacerlo es, en cierto modo, algo muy europeo: si miramos a Canadá, hay ejemplos de legislación lingüística que afectan directamente al sector privado y comercial. Hemos intentado ir en esa dirección: si un servicio es prestado por el sector privado para el sector público, sí, debe cumplir unas condiciones lingüísticas. Pero ocurre que, si no forma parte de lo que percibimos como sector público, no nos creemos que podamos aprobar esta legislación. Es necesario cambiar esta mentalidad, porque afecta directamente los servicios digitalizados, las redes sociales, los medios de ‘streaming’ digitales, etc. Debemos reconocer que a los ciudadanos les hace falta acceder a los servicios en su lengua, y que estos servicios los proporcionan empresas privadas. Es necesario crear este entorno también en el sector privado, que respete las lenguas minorizadas.

-Muchos de estos servicios cruciales para la vida cotidiana de todos son proporcionados por corporaciones muy grandes que escapan absolutamente de los poderes de los gobiernos subestatales, sin duda, pero muchas veces incluso de los gobiernos estatales. Entonces, ¿es un asunto que debería trabajarse a escala europea? Y si es así, ¿cómo responde la UE?

-La campaña por el catalán, el vasco y el gallego como lenguas oficiales de la UE podría haber empezado desde más de un punto de partida; por ejemplo, que utilizar una de las lenguas oficiales de su territorio es el derecho de cualquier diputado del Parlamento Europeo. Por supuesto, es un derecho importante, y espero que tengamos ese reconocimiento oficial muy pronto. Pero existen más implicaciones. Que una lengua de un territorio concreto tenga un estatus oficial a escala europea podría contribuir a que esta lengua sea más visible frente a las empresas globales: hace que la posición de la lengua les sea mucho más clara y sencilla. Las lenguas europeas que no son globales —no al igual que el inglés, el castellano o el francés— sí se encuentran en situaciones en las que necesitan aprobar legislaciones nacionales. Ahora hay un caso así en Eslovenia, para hacer que los proveedores globales respeten el estatus oficial de su lengua, el esloveno, en aquel territorio. En el ámbito europeo, esto es lo que hay que hacer.

No veo que haya ningún obstáculo para incorporar tres lenguas más a esta familia de 28. De hecho, el catalán aportaría varios millones de hablantes a esta dinámica y probablemente sería beneficioso para las lenguas oficiales estatales que tienen menos hablantes que el catalán. Así que creo que sí, que en la unidad está la fuerza; pero también en el número. Incorporar estas tres comunidades lingüísticas en la dimensión europea sería beneficioso para la misma dimensión europea.

-Algunos estados —algunos grandes, y otros no tanto— no quieren que esto suceda. ¿Crees que es por una forma de pensar que se mantiene durante lleva décadas o siglos? ¿O más bien porque tienen miedo a tener que implementar cambios dentro de sus propios estados?

-Siempre ha ocurrido que algunas personas no quieren hacer cambios. Quizás al principio existía la preocupación —completamente infundada— de que esto abriera la puerta de la oficialidad europea a todo tipo de lenguas. No estoy del todo segura de qué lenguas encajan en esta categoría de “todo tipo de lenguas”, porque cuando piensas en las condiciones que son necesarias (que la lengua debe ser oficial en su propio territorio, para empezar), esto ya cierra la puerta a la mayoría de idiomas. Y, en segundo lugar, la lengua debe tener los recursos lingüísticos y humanos para implementar las obligaciones de ser oficial. Así pues, cuando combinas estas dos cosas, no creo que haya en estos momentos otra lengua que pueda ser candidata dentro de la UE a la oficialidad. Antes del Brexit, el galés habría sido una. Y sospecho que el gobierno del Reino Unido lo habría apoyado. Y también existen muchos ejemplos de hablantes de lenguas minorizadas en un Estado que pueden utilizar la lengua oficial de un Estado vecino para comunicarse como eurodiputados en el Parlamento Europeo, por ejemplo.

-A veces, algunos gallegos utilizan al portugués en el Parlamento Europeo.

-¡Exactamente! O bien, los finlandeses de habla sueca pueden utilizar al sueco porque no sólo es una lengua oficial en Finlandia, sino también en Suecia. Luego, por supuesto, tenemos el ejemplo del francés o el alemán, que son lenguas oficiales en más de un Estado; los austríacos hablan alemán, los belgas hablan francés, etc. Hay muchos ejemplos de ciudadanos europeos que utilizan una lengua distinta a la lengua oficial dominante de su Estado. Así que, de nuevo, el argumento de “no, esto debe ser: un Estado, una lengua”, no se cumple.

El tercer argumento es que, si se realizan cambios en el entorno lingüístico, al final hará falta una clasificación distinta de las lenguas. Y quizá ésta sea una de las razones por las que algunos estados bastante pequeños están preocupados por la entrada del catalán, el vasco y el gallego. Si un Estado grande con una sola lengua dominante entrara en la UE, no creo que estos estados pequeños tuvieran objeción alguna; por ejemplo, que el ucraniano se convirtiera en lengua oficial de la UE.

Aparte de esto, el gobierno español ha dicho que pagará el coste con recursos propios, por lo que no hay ninguna factura adicional que deba cargarse a los recursos europeos. Y estamos en un momento en el que, seguramente, realizar traducciones es más barato que nunca: a las lenguas con recursos digitales no les hace falta el nivel de recursos que se dedicaba a la traducción hace 30 años. La producción de documentos ahora debe ser mayor, pero el coste real de la traducción probablemente sea mucho, mucho, mucho más bajo, por los procesos de optimización.

Más aún. Cuando Irlanda entró en las comunidades europeas, no pidió un estatus de plena oficialidad para el irlandés. Sólo fue lengua del tratado desde 1973 (cuando entró) hasta 2007, cuando empezó el proceso para convertirse en una lengua plenamente oficial. Y, en 2022, se convirtió en oficial de forma operativa. Por tanto, si España quiere añadir otras lenguas oficiales décadas después de haber entrado en la Unión, está siguiendo un procedimiento y un precedente establecidos por los propios Estados miembros en el caso de Irlanda y el irlandés.

Lo que también me pregunto es: ¿hasta qué punto hay políticos que se esconden detrás de esta cuestión como una manera de no abordar un tema europeo de mayor alcance, como es el uso de los recursos con mayor cuidado o mayor eficiencia? ¿O también sobre algunos políticos y los propios usos lingüísticos personales en el parlamento? No hace falta observar demasiado rato el Parlamento Europeo antes de que alguien que no sea un irlandés hable inglés. Hay gente que puede utilizar las lenguas oficiales de su estado nacional y decide no hacerlo.

No creo que ninguno de estos argumentos sea demasiado convincente. Al fin y al cabo, es también una cuestión de soberanía española. Si España -como el gobierno de este país ha explicado muy claramente en su comunicación sobre el tema- quiere la oficialidad del catalán, vasco y gallego, también se trata de respetar la subsidiariedad: debería ser una decisión que, en última instancia, respetara las particularidades de cada Estado individual.

-¿Y crees que en la UE existe un consenso general de que estas particularidades de los estados individuales deben respetarse?

-La teoría es una cosa y los aspectos prácticos o la implementación son otra. Cuando miramos cómo funcionan las políticas económicas o las fuerzas económicas dentro de la UE, es evidente que los intereses de las mayores economías pueden ir en contra de los de las más pequeñas. Hace décadas que lo vemos. Pero esto de lo que hablamos es más un principio que una cuestión operativa: el resto de estados deberían verlo como la especificidad de un Estado que tiene lenguas oficiales distintas de la lengua oficial de todo el territorio. No creo que reconocer al vasco, al catalán y al gallego entre en la categoría de “cuestiones importantes de poder económico”; por tanto, no debería haber ningún impedimento.

Otra cosa importante es que la gente de otras partes de Europa entienda bien que el catalán, el vasco y el gallego son lenguas oficiales en algunos de los territorios en los que se hablan. No son “cooficiales”, sino oficiales, y en consecuencia deberían ser oficiales a nivel europeo.

-En cuanto a la cuestión de garantizar los derechos de los hablantes a escala europea, estos días el ELEN se reúne en Barcelona, ​​y uno de los temas a debatir es la estrategia que debe adoptar ante la UE. ¿Cuáles serán sus temas clave?

-Hemos estado desarrollando una estrategia, y también hemos invitado a Nicolas Levrat, el relator especial de la ONU sobre cuestiones de minorías, a estar con nosotros durante los próximos días. Uno de los puntos centrales de la estrategia es que nos vamos a centrar en el artículo 2 del Tratado de Lisboa, que hace referencia a las libertades, a la igualdad, y también a los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Creemos que existe una posibilidad de que, a través de esta redacción y de esta cláusula, la Unión Europea tenga que ofrecernos muchas más cosas en este sentido, y que tenga que cumplir más obligaciones respecto a las personas que pertenecen a minorías, y reconocer las minorías como minorías lingüísticas.

Sé que muchos de nosotros no nos consideramos “minorías”, sino hablantes de una lengua minorizada, y nuestra idea de nuestro territorio es la de un país o una nación que no incluye todo el territorio de los estados en los que vivimos. Por tanto, considerarnos minorías no es algo con lo que se sientan cómodos un determinado grupo de lenguas y hablantes de la familia del ELEN (aunque otros miembros del ELEN sí se sienten, y “minoría” es la forma en que se describirían). Pero creo que, en estos términos, miramos la cuestión en su significado técnico. Y, en términos relativos al Estado, sí somos una minoría. Si nos consideramos parte de una minoría lingüística, en nuestro caso también incluiríamos a personas que en realidad no hablan estas lenguas, pero que necesitan y quieren derechos lingüísticos en estas lenguas. Pienso, quizás en el contexto galés, en personas que no hablan galés, pero que quieren que sus hijos tengan acceso a servicios o educación en galés, o que quieren poder aprender galés ellos. Por tanto, el grupo de personas que pertenecen a esta minoría sería mayor que los hablantes reales. Creo que esto nos da una forma de volver a vincularnos al Tratado de Lisboa, para ver si puede aportar más cosas. Hay políticas progresistas en algunos estados, pero en general, al mirar el panorama europeo, no cumple los principios acordados de ser un continente que respeta la diversidad lingüística. Por tanto, creo que se puede ir más allá, y esto forma parte de nuestra estrategia actual.

-En las instituciones europeas está representado un amplio espectro de familias políticas y un buen abanico de estados. ¿Cómo crees que la estrategia de ELEN, y estos principios, y el hecho de recurrir al artículo 2, serán recibidos parte de los diferentes sectores de este complejo panorama?

-Nosotros participamos cada invierno en el Foro de las Naciones Unidas sobre Cuestiones de las Minorías en Ginebra. En las pruebas que hemos presentado mientras elaborábamos la estrategia, hemos trabajado con Nicolas Levrat. Él llevará a cabo una visita a la UE el próximo año. Esto nos ofrecerá una nueva perspectiva y un enfoque específico sobre lo que la UE ha estado haciendo a escala de la UE.

Sin embargo, el panorama es muy amplio y no esperamos que un solo instrumento pueda conseguirlo todo. Algunos instrumentos como la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos o la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias se redactaron en los años ochenta o noventa. Sabemos que el texto de la Carta no refleja la forma en que vivimos hoy en día, pero todavía hay partes útiles. Por tanto, debemos dar pasos en dos direcciones. Una es el aspecto técnico de estos documentos o del artículo 2: ¿hasta qué punto podemos sacarle provecho? ¿Hasta qué punto podemos mirar diferentes formas de legislación para trabajar en litigios estratégicos? La otra es el elemento comunitario, de incidencia o activista, que trata de concienciar a la gente y agruparla para hacer campaña por algo. ELEN, como organización que agrupa a activistas e investigadores, tiene mucho respeto por esta fusión de individuos y organizaciones que son analistas activistas y activistas analistas. Reconocer estas dos partes del proceso es algo que tenemos muy claro; así como el hecho de que, aunque ponemos el énfasis en la lengua, somos muy conscientes de que nuestro contexto incluye otras muchas cuestiones relacionadas con la igualdad, los valores democráticos, la justicia social…

-Pero hoy en día vemos, en distintos territorios de Europa donde se hablan lenguas minorizadas, una tendencia creciente que vincula la defensa de las lenguas y culturas tradicionales con posiciones alejadas de la justicia social, a menudo a través de partidos de extrema derecha. Ocurre en Cataluña, también en Córcega y antes en lugares como Alsacia y otros territorios. ¿Qué reto representa esto para ELEN, a la hora de contrarrestarlo?

-Tenemos muy claro que somos una organización que respeta la igualdad. Tenemos muy clara nuestra posición en cuanto a igualdad de derechos, antirracismo y valores progresistas. Aquí es donde nos posicionamos como ONG por derecho propio. Y nuestros miembros tienen muy claro, cuando entran en ELEN, que estos son nuestros principios. Algunos de estos miembros, de hecho, están al frente de la lucha contra el auge de la extrema derecha y los ataques contra ciudadanos por su religión o su raza. No toleraremos este tipo de comportamientos y tampoco nos quedamos callados cuando pasan.

La propia ELEN, como organización, tiene muy clara su posición en el espectro político europeo. Y nos preocupa mucho que el intergrupo sobre lenguas minoritarias del Parlamento Europeo tenga tantos miembros que forman parte del grupo de extrema derecha. Quisiéramos que este intergrupo asumiera más responsabilidades a la hora de enfrentarse a opiniones excluyentes basadas en la raza o la religión. Rechazamos por completo que las lenguas europeas vulnerables se utilicen como arma para intentar crear divisiones donde estas divisiones no deberían existir. Y, por eso, también es importante que nuestros gobiernos y nuestras autoridades garanticen que haya acceso universal a la educación en un modelo que proporcione a todos los niños que viven en un país la posibilidad de terminar la escuela con una competencia completa de las lenguas oficiales de los territorios donde viven y que también se les permita, como hablantes de lenguas diferentes de, por ejemplo, el catalán y el castellano desarrollar habilidades en sus lenguas maternas y de origen, y llevarlas al aula o también al entorno escolar. 

-Sin embargo, la tendencia en algunos sectores de la sociedad va en dirección contraria.

-Esto es algo que interesa a toda Europa. Y ELEN ahora también forma parte de un proyecto, ‘Horizon Europe’, que estudia la sostenibilidad del capital lingüístico o la diversidad lingüística en toda Europa. Y analizar el aula multilingüe en relación con la educación inmersiva es uno de los puntos centrales de mi parte en este trabajo, tanto a través de mi universidad como de ELEN.

Lo que también sabemos es que, en ocasiones, los profesores no reflejan demasiado los orígenes sociales de los niños de las aulas. Y esto ocurre en toda Europa: son necesarios programas específicos que traten de mejorar esta situación. Cuando pensamos en la importancia de tener modelos femeninos para las mujeres jóvenes y las niñas, también es importante tener modelos positivos para las personas que se sienten diferentes del modelo hegemónico, si se quiere decir así, de nuestras sociedades. Deberíamos afrontar el problema y pensar: ¿hasta qué punto en nuestra aula se refleja en el personal de la escuela en lo que se refiere al perfil social, el perfil de origen, etcétera? ¿Debemos tener un cuerpo de profesores que refleje tan mal la composición del aula? ¿Qué pasaría si en las escuelas rurales sólo tuviésemos profesores provenientes de centros urbanos?

No será algo que se resuelva en cinco años. Será necesaria una generación entera de gente que se hagan profesores y después progresen dentro del sistema educativo. Pero, por ejemplo, la existencia de un programa como ‘Lenguas de Origen’ parece indicar que Cataluña se está tomando en serio este reto. Debemos pensar en formas de unir a las comunidades. Y no se trata sólo de comunidades que hablan lenguas diferentes, sino también que socializan de formas diferentes. Y esa socialización también debe tener lugar en entornos significativos. Puede haber entornos en los que no pueda tener lugar porque los valores son demasiado diferentes, u opuestos entre sí. Como sociedad, debemos pensar en maneras de unirnos, en que todo el mundo esté más o menos cómodo y que no exija que algunas personas den grandes pasos y que otras no den ninguno. Cuando pensamos en la igualdad de género, los hombres han tenido que cambiar, así como las mujeres. Por tanto, creo que, reconociendo esto, todos debemos abordar los cambios sociales que tienen lugar a nuestro alrededor.

-Retomando tu argumento sobre la igualdad de género entre hombres y mujeres, sin embargo, las encuestas muestran que asistimos a una especie de reacción entre algunos hombres jóvenes. ¿Crees que algo similar está ocurriendo en lo que se refiere a las lenguas minorizadas? Gente del grupo dominante que diga: “Todo este tema de las lenguas minoritarias ha ido demasiado lejos: tienen demasiados derechos y eso debería detenerse”. Y si éste es el caso, ¿qué se puede hacer?

-Lo vemos con la extrema derecha en Reino Unido, por ejemplo. Las encuestas públicas nos dicen cosas diferentes, sin embargo. Una acaba de salir del Eurobarómetro, que dice que el 84% de los europeos están a favor de la diversidad lingüística. Así que, por un lado, tenemos pruebas contundentes de que el centro de la política se ha desplazado significativamente hacia el apoyo a la diversidad lingüística y a la presencia de lenguas minorizadas en los territorios donde existen políticas más progresistas, por ejemplo en Gales. Pero, por otro, también te das cuenta de lo frágil que puede ser este consenso para la igualdad en términos de igualdad de género, igualdad lingüística o igualdad en términos de racismo.

Por otra parte, no creo que la influencia de la extrema derecha haya alcanzado todavía su máximo potencial. Podríamos estar a punto de ver un gran cambio social. No sabemos qué pasará en Estados Unidos, por ejemplo, y esto tendrá un gran impacto en cómo vivimos aquí y en nuestra política aquí. Los partidos centristas europeos, así como los democristianos, no han abordado en serio el problema de la distribución desigual de la riqueza, ni el hecho de que las personas más pobres se están empobreciendo aún más en comparación con una élite muy pequeña de personas que se hacen muy ricas. Hay muchos analistas económicos que te dirán que la movilidad social es mucho más difícil ahora que hace 30 años. Que ahora, la mayoría de la gente no se hará rica trabajando, sino disponiendo de bienes, y que es mucho más probable que los tengan si proceden de familias ricas que ya tienen bienes.

-La riqueza por la herencia.

-Sí. No hablemos de la diferencia entre la clase trabajadora con trabajos manuales o sin ingresos y las clases medias. En realidad, es la diferencia entre cómo los superricos acumulan riqueza y bienes sobre la base de los bienes estatales, de propiedad pública, y sobre cómo se apropian de los bienes de las clases medias y también de las más pobres. Así, creo que los gobiernos centristas han defendido a la democracia sin igualdad; y si no aspiras a la igualdad, la democracia se rompe. Y creo que probablemente esto es lo que presenciamos ahora. También hay gente que dice que a finales del siglo XX y principios del siglo XXI quizás sólo fueron un pequeño escalón en la historia, y que ahora volvemos a algo mucho más baladí, donde la débil democracia que tenemos se debilita aún más y que el estado de derecho desaparece. ¿Es una visión muy pesimista?

-Pesimista o no, refleja cosas que ocurren. ¿Crees que esta tendencia también se extiende a nuestras vidas digitales? Me refiero de nuevo a las lenguas. Antes has dicho que el entorno digital puede aportar progreso para las lenguas minorizadas, pero también comporta riesgos. Me gustaría que profundizaras un poco más. ¿Cómo afecta el mundo digital a las lenguas y, en particular, cómo influye en cómo las personas utilizan la lengua en sus interacciones cotidianas? Antes no teníamos ese tipo de relación con la lengua, pero ahora sí.

-Si pensamos en cómo crecían los niños hace quizás sólo diez años, es bastante diferente de cómo crecen ahora. Hoy en día oyes a hablar de niños de tan sólo tres o cuatro años que dominan completamente, interactúan y se identifican con contenidos producidos en lenguas dominantes, incluso si viven, por ejemplo, en hogares completamente vascófonos, en un entorno escolar completamente vascófono, y en un pueblo vasco donde no hay demasiadas conversaciones en castellano. Para estos niños, no se trata sólo de adquisición de la lengua, sino también de algún tipo de identificación y desarrollo de su identidad. Que esta parte de la población que se cría en estas condiciones tenga una infancia menos vasca, galesa, frisona o catalana… No estoy segura de que sea bueno, pero ya veremos: todavía no lo sabemos exactamente.

En el futuro, tanto sociedades como individuos, deberemos aprender de nuevo a ser hablantes de una lengua minoritaria o minorizada; no sólo a hablarla, sino a cómo comportarnos u operar con ella. Deberemos construir formas nuevas o adicionales de crear un vínculo emocional o una relación con la lengua que nos preocupa. Tener una exposición muy temprana en la lengua dominante es algo que está pasando en las comunidades lingüísticas minorizadas: puede que el niño esté en su habitación y que la primera persona con la que “hable” sea un contenido automatizado o audiovisual en castellano, por ejemplo.

Otro fenómeno es, como dices, el hecho de que antes manteníamos conversaciones orales entre personas, y bastaba. Por supuesto que la gente escribía cartas, notas, tarjetas… Pero, por lo general, las conversaciones pasaban oralmente. Ahora, esto se produce en una combinación de oral y escrito. Y así, en cuanto a la lengua escrita que se utiliza, sabemos que históricamente éste ha sido uno de los obstáculos para las lenguas minorizadas: incluso hablantes que no hablaban muy a menudo la lengua dominante, y que quizás se habrían sentido incómodos hablándola, la utilizaban para la comunicación escrita en muchos casos: a causa de la escolarización, de la presencia visual de la lengua dominante… Así que, de nuevo, lo que estamos viendo en el entorno digital es el dominio visual de la lengua mayoritaria u oficial. Y, sin embargo, esperamos que los hablantes de lenguas minoritarias que operan en el mundo digital se comporten completamente al contrario de lo que hacían las generaciones anteriores en lo que se refiere a los periódicos o a la educación cuando se llevaba a cabo sólo en la lengua mayoritaria o dominante. 

Lo único que podemos hacer, creo, es crear cada vez más espacios digitales donde nuestra lengua esté presente, utilizada, visible y audible. Debemos producir más contenido para poblar los entornos digitales. Esto crea una especie de espacio digital en el que lo normal es utilizar nuestra lengua. Por lo general, la mayoría de la gente habla la lengua que se espera que hable. En Gales, durante muchos años tuvimos esta narrativa de “la elección de lengua”. Pero, en realidad, la única opción de lengua que tenemos es cuando elegimos la otra, la que no se espera. Si yo entro en el CIEMEN, no elijo hablar catalán aquí, ¿no? Si realmente eligiera hablar aquí aquí, elegiría el castellano. Eso sí que sería una elección mía. La cuestión de la elección de lengua y de la acción individual ha sido muy sobreestimada por los planificadores lingüísticos. La mayoría de la gente no elegirá, ¿a que no? Como decimos en galés, la única opción es elegir no hacerlo. Eliges cuando eliges en contra, si quieres decirlo así. Tú no eliges lo que es dominante: lo que es dominante te elige a ti.

-Antes de terminar, me gustaría aprovechar para preguntarte sobre cinco lenguas minorizadas en Europa y que me digas cuál es, a tu juicio, la principal fortaleza que tienen en cuanto a la promoción de la lengua, y cuál es la mayor debilidad.

-De acuerdo.

-Pues empecemos por tu galés nativo.

-Uno de los grandes retos que tenemos es que las zonas donde el porcentaje de hablantes de galés es mayor también son zonas donde hay despoblación, especialmente de las generaciones más jóvenes. En estas zonas, debemos tener en cuenta la planificación económica tanto como la planificación lingüística. Si no logramos mantenerlas como comunidades económicas y sociales viables, nos será muy difícil reproducir en otras partes de Gales un porcentaje o densidad de hablantes similares. Es muy importante que miremos esta naturaleza holística general, de cómo se pueden mantener las comunidades.

Además de esto, lo que no hemos conseguido durante los últimos 25 años es desarrollar suficientemente nuestro sistema educativo. El porcentaje de personas que cursan su educación en galés no ha crecido. Esto se debe, en gran parte, a la despoblación en las zonas donde había mucha más oferta en galés. Ha habido crecimiento en algunos lugares, pero por lo general, no hemos llegado a la mayoría de la gente. Cuando terminan la escuela, no son capaces de hablar en galés. El sistema no les ha dado las habilidades lingüísticas.

Estamos llegando a ser conscientes de que debemos tomar medidas específicas para las zonas donde el porcentaje de hablantes es mayor. Ahora bien, esto no lo hemos abordado adecuadamente, pero al menos creo que tenemos más conciencia de que tenemos que hacer algo. Esto debe sernos una ventaja. En cuanto al avance de la tecnología digital, por lo general no estamos tan mal. Y los medios en lengua galesa han adoptado la diversidad de los orígenes de sus hablantes; reflejan un Gales más contemporáneo.

En cuanto a llevar la conciencia de y la pertenencia a la lengua a las personas que no la hablan, creo que ha ido bastante bien. Pero no lo hemos convertido en un aprendizaje y uso reales. Hay mucho camino por recorrer. El hecho de que no hayamos hecho ningún progreso significativo con nuestra educación durante 25 años, ahora nos está frenando. Si lo hubiésemos conseguido, todos los demás elementos se habrían reforzado gracias a la educación. Bien; creo que, si cruzo el mar y me voy un momento a Irlanda, diría que…

-El irlandés era la segunda de mi lista de cinco lenguas, así que adelante con lo bueno y lo no tan bueno.

-Veo lo que está pasando en Belfast: es enormemente alentador. Ahora mismo, Belfast es uno de los sitios más inspiradores para visitar. He estado en mayo de este año y creo que hay una gran energía, que forma parte de la construcción de la lengua en el oeste de Belfast. Esto no es algo que haya pasado ahora desde [el éxito del trío de hip-hop irlandés] Kneecap; es algo que ha estado ocurriendo durante décadas ante muchas adversidades y oposición política. Los propios Kneecap son un producto de su entorno. No son sólo un grupo de jóvenes que un buen día decidieron empezar a rapear en irlandés: han surgido de los movimientos sociales que han estado haciendo campaña por los medios de comunicación irlandeses, los derechos lingüísticos de los hablantes de irlandés, etcétera. Han asistido a las escuelas y a los clubes de fomento del uso del irlandés en el oeste de Belfast. Y ahora vemos que la energía que se ha invertido en las campañas por el estatus de la lengua irlandesa en el norte de Irlanda ha unido un gran movimiento de personas. Y esto es también un ejemplo del imperativo legislativo: al fin y al cabo, tú presentas una ley, y sobre esta ley puedes crear más recursos o un entorno mejor. El camino para llegar a esta ley ha sido muy valioso para unir a la gente y revitalizar los movimientos de activistas lingüísticos y el compromiso comunitario.

La otra cara. Últimamente, no estoy demasiado al corriente de lo que ocurre en algunas partes de las Gaeltacht en Irlanda, pero por lo que leo y hablo con la gente y por lo que entiendo, hay un cambio significativo en el uso social del irlandés. Estas zonas del oeste de Irlanda se enfrentan a problemas bastante globales en lo que se refiere a la vivienda, el mundo laboral, quién es el propietario de los bienes… Es una historia que nos es bien conocida, y que tiene impacto en el uso social de la lengua.

-Pasemos al tercer idioma: el frisón.

-Bien, Frísia es interesante porque quizás era la excepción que confirmaba la regla de la importancia de la educación mediante la inmersión. Los vascos, galeses, catalanes… siempre hablaban de la importancia de los modelos de inmersión lingüística. Para ellos, eran los únicos modelos que funcionaban, y cualquier otra cosa conduciría al colapso más o menos inmediato de la lengua en las familias y en el uso social. Frisia formaba parte de esta misma familia de lenguas minorizadas europeas desde el principio; pero en cambio tenían muy pocas clases en frisón, su lengua, en su sistema educativo. Y, sin embargo, el frisón parece mantener el uso social y familiar. Parece que hay pruebas que sugieren que el tejido social era lo suficientemente fuerte como para permitir que el frisón siguiera siendo la lengua de cohesión social en muchas ciudades y pueblos en particular. No tanto en Ljouwert, pero sí en las villas y pueblos de los alrededores.

Pero ese tejido social está cambiando, porque las poblaciones también están cambiando. La ausencia del frisón en el sistema escolar puede que no tenga grandes consecuencias individuales para los niños que lo adquieren en casa, a través de la vida social. Pero no facilita su adquisición por parte de los niños cuyos padres se han trasladado a Frisia como parte de los movimientos globales de población. Y, por supuesto, esto significa que la adquisición de la lengua a través de la educación es mucho menos eficiente. Dependen más de la adquisición de la lengua a través de la socialización, porque a través de la familia no es posible en estos casos. Si pensamos en la forma tradicional, tenemos tres esferas en las que la lengua se puede transmitir o adquirir: el hogar, la escuela y la comunidad. Hay gran porcentaje de nuestros hablantes que no adquieren la lengua en casa sino a través de la escolarización, o de una combinación entre escolarización y socialización. Cuando tenemos escolarización y socialización juntas, es suficiente para compensar el hecho de que la lengua no esté disponible dentro de la familia. Pero si tenemos otras combinaciones como familia y escuela, pero no socialización, entonces es más vulnerable. Y si tenemos socialización y familia, pero no educación, entonces depende mucho de la densidad de hablantes. En cuanto al frisón, la composición de la socialización está cambiando, lo que tiene un impacto en la importancia que tiene el hecho de que la lengua tenga menos protagonismo en la escuela. Así pues, por lo que escucho en Frisia, ahora están más preocupados por introducir más frisón en la escuela, a fin de tener un mejor equilibrio entre las tres esferas.

-La cuarta lengua, de la que sabes mucho, es el vasco.

-Soy consciente de algunos de los debates públicos que tienen lugar ahora en el País Vasco, en torno a los ‘arnasguneak’ en particular (las zonas de alta densidad de hablantes vascos). Una de las ventajas de los vascos es que tienen una economía muy fuerte en comparación con España, no tanto con Francia. Tienen un modelo muy localizado de propiedad de bienes y producción de riqueza; cómo operan con la recaudación de impuestos, etcétera. Así que tienen un sentido muy fuerte de cohesión social y se realizan muchas actividades de socialización. Pueden realizar planificación lingüística en un sentido muy tradicional: las actividades son coherentes con las condiciones que se necesitan para la reproducción de la lengua. Todo lo que hace falta es cambiar la lengua que se utiliza en este entorno. En cambio, existen otros contextos lingüísticos minorizados que se enfrentan a la erosión de la cohesión social. En el País Vasco, vemos mucha más estabilidad económica y social. Así que creo que están en una posición muy buena. También han ordenado su sistema educativo: no del todo, pero una gran parte de la población ahora accede a la educación en euskera sin tener que pasar por delante de cinco escuelas para llegar a ella.

Pero éste es, sin duda, uno de los retos que tienen: utilizar esta activación y mirar que las personas que tienen conocimiento del vasco lo usen. ¿Cómo convierten el conocimiento en uso? De nuevo, este tema también está vinculado a las redes sociales, o a esa combinación entre entornos digitales y entornos presenciales, comunicación oral y comunicación oral-escrita mixta. También está vinculado al mundo laboral fuera del sector público. Ahora han llegado a un punto en el que el vasco es necesario para progresar en muchos ámbitos del sector público. Pero, ¿esto mismo, puede llegar al sector privado? También tienen otro reto en cuanto a una población cambiante, como en todas partes, aunque probablemente no tienen un cambio en la escala que tiene en Cataluña. Ellos lo tienen a una escala en la que creo que deberían poder hacer progresos.

-La última lengua es el catalán. Como tiene tantos contextos diferentes, te dejo elegir sólo uno, para que te centres.

-Va bien. Las últimas veces que he venido, en realidad sólo he estado en Barcelona. Así que elegiré Barcelona.

El cambio en la ciudad ha sido enorme, ¿no?, desde los años noventa, que es la primera vez que vine aquí. Barcelona es única en el contexto de las lenguas minoritarias o minorizadas, por el tamaño de la población y la importancia global de la ciudad. En una ciudad que alberga tantas lenguas, la narrativa sobre el catalán como lengua de cohesión social me la encontré hace veinte años. Ahora bien, o bien esta narrativa es algo demasiado obvio y ya no se dice de esta manera, o bien ya no está tan presente como antes, que los retos eran más pequeños.

Barcelona tiene enormes recursos en catalán, sí. Visibilidad de la lengua, sí. Conocimiento pasivo —o conocimiento receptivo, como deberíamos llamarlo ahora— de la lengua, sí. Pero… es una ciudad que nunca tiene tiempo libre. Siempre, siempre, siempre está llena de turistas. El efecto del turismo en la ciudad es sorprendente, ¿no? Ya nunca hay invierno. Cuando lenguas como el catalán —pero también el galés y otros en entornos muy diferentes— tienen mucho turismo, estos lugares necesitan tener un espacio de respiro, un período de respiro, que les permita recuperarse hasta que llegue la próxima temporada. Y veo que Barcelona, ​​probablemente, se encuentra ahora en esa dinámica de quien sabe cuándo será la próxima temporada de respiro. Seguramente, la pandemia fue una suerte de temporada de respiro. Pero aparte de esto, no creo que haya habido un tiempo de tranquilidad para que la ciudad pueda saber qué es sin esa influencia del turismo.

De la misma manera que antes decíamos que los hablantes de lenguas minoritarias deben saber cómo operar como tales, creo que los catalanes de Barcelona ahora necesitan saber cómo comportarse como catalanes, cómo operar como catalanes en esta ciudad. Probablemente, ahora deben pensar dónde importa hacer qué. ¿El vestíbulo de un hotel es una prioridad en comparación con un barrio donde vive gente? Diría que no.

Nationalia

Nationalia es el diario de las naciones y pueblos sin estado. Editado por el CIEMEN desde 2007, es una forma diferente de mirar al mundo y alejada de una visión hegemónica centrada en los estados como actores principales de la escena internacional.

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RACÓ CATALÀ

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