El último residuo del blaverismo

“Los principatinos tenemos todo el derecho del mundo a opinar sobre cualquier cuestión valenciana”

La dimisión del presidente de la Generalitat Valenciana y presunto delincuente Francisco Camps ha puesto al descubierto el último residuo del blaverismo. Ya he contado en otras ocasiones que el blaverismo político está prácticamente muerto y que el blaverismo cultural ha comenzado un largo camino que le llevará, si quiere sobrevivir, a la reconciliación con el valencianismo científico y moderno. Pero hay un virus del blaverismo que costará liquidar, porque todo cuesta identificar. Este virus está instalado en el cerebro de muchos principatinos y su síntoma es una inexplicable prudencia o reticencia a opinar abiertamente de lo que ocurre al sur del río Sénia. “Es mejor no decir qué pensamos, parecería una provocación”, dicen algunos. “Puede ser contraproducente porque se pueden enfadar”, dicen otros. Cobardía y auto-odio, digo yo. El primer paso para perder la mitad de la nación es ignorarla. Y no soy precisamente un esencialista. Los valencianos tienen que hacer su camino y no me preocupa cómo llamen a la lengua, a su país o a su bandera. Incluso me parece muy bien que también utilicen la bandera azul. Pero lo considero parte de mi país con la misma naturalidad que sé que la tierra no es plana. Conozco unos cuantos valencianos y ellos sí tienen bien claro que el Principado también es su casa. ¿Con qué derecho pueden los dirigentes estatales del PP decir a los catalanes que queremos interferir en la vida política valenciana mientras ellos se apresuran a abrazarse con el presunto delincuente Francisco Camps? ¿Es que ellos no interfieren? ¿Nos parece normal que Zapatero venga a Cataluña y nos parece extraño que Artur Mas vaya a Valencia? Más aún: ¿debemos estar callados mientras Alicia Sánchez Camacho se desplaza a Valencia a apoyar al PP? ¿Es ella, quizás, menos catalana que los otros líderes políticos? ¿Verdad que no? ¿Pues por qué no se les ve nunca, a excepción de ERC, por Valencia a apoyar a sus socios y aliados? Porque muchos políticos, empresarios, sindicalistas, artistas o periodistas están infectados con el último virus del blaverismo. Los principatinos tenemos todo el derecho del mundo a opinar sobre cualquier cuestión valenciana, al igual que los valencianos tienen todo el derecho a hacerlo en relación con nosotros. Y los de las islas, también. Tenemos que poner fin a esta estupidez según la cual hay valencianos que se ofenden si metemos la cuchara. No dudo que existan, pero no nos engañemos: los que se ofenden son los mismos que quieren un País Valenciano español y en castellano. Pues ya se pueden empezar a ofender, porque tenemos que empezar a perder el miedo.

Publicado por El singular digital-k argitaratua