Durante la Primera Guerra Mundial Thomas Edward Lawrence lideró la revuelta árabe que culminó con la ocupación de la ciudad de Áqaba, hasta ese momento en manos turcas. En la película que más contribuyó a mitificar esta victoria, Lawrence de Arabia, tras la derrota turca llega a la ciudad un contingente británico con la intención de hacerse cargo de ella. Lógico, porque, al fin y al cabo, fue el Foreign Office quien se apuntó aquella acción de guerra…
En el momento en que llegan los soldados británicos a Áqaba una enfermera inglesa abofetea a Lawrence por el estado penoso del hospital de campaña que los árabes habían improvisado. Esta es una de las anécdotas más significativas de aquello: “¡Salvajes, no saben hacer nada solos! ¡Dejen paso a la civilización!”.
El síndrome del ‘bwana’ ha dominado la historia de la humanidad durante siglos. Y todavía colea. Y explica episodios tan dramáticos como la conducta del gobierno valenciano –y de todo el PP– durante la crisis de la dana. Carlos Mazón ha reprochado al gobierno de Pedro Sánchez todos los errores y maldades que le atribuye en exclusiva para justificar los efectos de la catástrofe. Pero en ningún momento ha exigido las competencias que habrían permitido a la Generalitat controlar la situación. Posiblemente porque, en el fondo, la tropa de Mazón –todo el PP valenciano– considera que hay que dejar los hospitales de campaña en manos de los británicos, que lo hacen todo mejor. El problema no ha sido ‘el’ gobierno de Madrid, sino ‘quien’ lo controlaba.
Esta línea colonial nos lleva directamente al último episodio del paso de comedia amarga. ¿Dónde se determinará el sustituto de Mazón? Obviamente, en la capital del imperio. Y esta conclusión refuerza la idea de que ha sido Alberto Núñez Feijóo el responsable de la decisión de que el presidente homicida por incompetencia se mantuviera en el cargo un año. “Ya no puedo más”, gimió Carlos Mazón en la rueda de prensa en la que justificó la propia renuncia…
De este modo, serán el propio Feijóo y Santiago Abascal quienes decidirán en Madrid quien debe ser el president de la Generalitat valenciana. ¡Áqaba descubierta!
Si es en Madrid donde se sentencia quién será el futuro presidente de la Generalitat, de quien depende y a quien obedece, nadie debe extrañarse del carácter indeciso, subalterno y supeditado del govern valenciano a la hora de tomar decisiones.
Mientras deciden en Madrid cómo les sacan las castañas del fuego, los valencianos cazan moscas. Todo es como siempre y todo va como va, pero hay un detalle que podría tener cierta gracia. Los dos dirigentes de Vox en los que Abascal ha delegado las negociaciones y la decisión final son… ¡catalanes! ¡Horror! ¡Tantos años atacando el imperialismo del norte y ahora resulta que la “intromisión catalana” era verdad!
Integran la delegación del neofalangismo español el secretario general del partido, Ignacio Garriga, nacido en Sant Cugat del Vallès, y Montserrat Lluís Serret, vicesecretaria de acción de gobierno de la milicia auxiliar voxiana. Montserrat oculta sistemáticamente dónde nació –de hecho, es un dato inexpugnable en las redes–, pero el nombre y los dos apellidos lo delatan. ¡Qué mala suerte, Montserrat!
Basta imaginar por un instante qué habría pasado si el PSOE hubiera delegado una decisión determinante para los valencianos en dos catalanes… ¡El bwana es un traidor!
EL MÓN










