El revoltijo español

Mikel_Sorauren

Se van cumpliendo las expectativas. El panorama de desorden se apodera de todos los sectores sociales y estructuras del Estado español. El conjunto de elementos que lo configuran, sean económicos o políticos, han llegado al pozo negro en el que se entremezclan corrupción, autoritarismo o picaresca, sin que aparezca el sujeto adecuado para afrontar la insoslayable limpieza y proceder a la reestructuración del Estado en ruinas. El proyecto de reinstauración del viejo Imperio que fue denominado transición ha fracasado, porque no se basaba en la democracia participativa, sino en el poder de los influyentes y el dominio de los resortes socio-económicos desarrollados durante la vida de Franco. Por lo que toca al Estado de las autonomías, no ha sido sino un burdo instrumento, dirigido a sujetar a las naciones sometidas de Navarra, Cataluña, Galicia… Es cierto que ha servido para la creación de cargos políticos y hacer partícipes de los beneficios de la corrupción histórica a las élites regionales. En este terreno la ambición de los administradores del centro del Estado les ha llevado a no renunciar al cupo de beneficios que proporcionaba el control de los ministerios. Como resultado los nuevos administradores autonómicos han sumado su corrupción a la que ya existía en los ministerios madrileños.

El fracaso de la transición es resultado de la no renovación de las estructuras socio-económicas y mantenimiento de la vieja cultura española, que oculta su miseria tras su prepotencia. La vista del dinero y el crecimiento económico ha engañado a la sociedad española y también a sus dirigentes. Por lo demás, las naciones sometidas no han aceptado la trampa. El crecimiento experimentado por ellas, gracias a la recuperación de los instrumentos de administración autonómica ha evidenciado la superioridad de una administración más cercana, a pesar de que no se han visto libres de la corrupción, particularmente en la C.F.N. (Navarra). La colectividad, sin embargo, no ha dejado de apreciar las insuficiencias del actual status, mediatizado por el poder español. Éste se ha esforzado por impedir el progreso del soberanismo y ha seguido detrayendo importantes recursos fiscales, a pesar de una nominal autonomía fiscal como la residual de los territorios navarros. Los países catalanes resultan perjudicados en la comparación, pero en gran medida es apariencia, porque el Estado sigue extrayendo plusvalías no contabilizadas de los territorios navarros y domina, en definitiva el conjunto del proceso económico..

El hecho es que la crisis ha descoyuntado el intento de reestructuración del Imperio y no se adivina solución. El Gobierno español carece de instrumentos para evitar el colapso. La decisión con la que ha abordado lo que denomina reformas, se ha traducido en la aceleración de la crisis. La política emprendida de recortar el gasto público y facilitar el licenciamiento de trabajadores ha hecho subir el paro, hasta el punto de paralizar la Economía y disminuir el consumo y gasto. En tal coyuntura, cualquier cálculo del Gobierno sobre una futura recaudación que permita la inversión, y aun el funcionamiento del aparato administrativo, se aleja continuamente de la recaudación posible y real.

¡Aquí está España! La desorientación de sus líderes es mayor que la sorpresa de la situación desastrada en la que se encuentran. El Estado se contempla en la total impotencia. Esta carencia de medios ha llevado al parón de las cosas que siempre funcionaban, al margen de quien estuviese en el mando de los organismos públicos. Se achaca a Rajoy oscurantismo en sus decisiones y falta de liderazgo, dentro del propio partido y del conjunto del Estado. A decir verdad, no hay líder capaz de plantear y llevar a cabo la reconstitución del Imperio. El tortuoso Felipe González está escondido, el prepotente y fatuo Aznar recurre a los exabruptos que parecieron darle la razón en los tiempos buenos, como si fueran exorcismos que alejan a los demonios del separatismo. En decenios anteriores Herrero de Miñón clamó en el desierto del españolismo la necesaria condescendencia con las naciones soberanistas, en un intento de dar un viraje a la histórica cerrazón española ante los territorios del Imperio que buscaban la libertad. ¡ No fue escuchado!

La pertinacia sigue siendo un rasgo del carácter español que parece genético. Los españoles no entienden que el fracaso es responsabilidad de ellos primordialmente. Han carecido de flexibilidad para evitar los errores históricos. La transición representó una oportunidad. La ocasión obligaba a replantear las coordenadas del nuevo Estado; desde luego, la convicción de satisfacer las aspiraciones nacionales de Navarra, Cataluña y Galicia; con todo era de mayor importancia las reformas estructurales en el plano socio-económico; una profunda reforma agraria en las regiones sureñas, que hubieran permitido a esos territorios alcanzar un dinamismo económico propio; el abandono del modelo centralista de infraestructuras, especialmente en el terreno de las comunicaciones y la renovación de la cultura empresarial, con el abandono de la corrupción en la administración. Un proyecto de esta índole modificaría profundamente las estructuras económico-sociales, apareciendo nuevos centros neurálgicos y quizás de poder frente a la exacción del centralismo madrileño.

Es cierto que las aspiraciones nacionales reclamaban el soberanismo como única solución. No obstante, en Cataluña parecía existir cierta confianza en una autonomía que se esperaba pudiese llegar al federalismo. La oferta de autonomía pretendía ocultar segundas intenciones y se ha revelado engañosa. Hoy el soberanismo ha crecido en Cataluña en medida similar a Navarra. La situación de España en el límite de un rescate que la puede dejar en manos de poderes exteriores, no aparece ninguna opción de restauración. Mantenerse en ella muestra la perspectiva de la ruina. Se puede afirmar que España es inviable desde planteamientos económicos y se encuentra en una situación de dependencia total de la ayuda exterior, una ayuda que hará recaer cargas insufribles, muestra de la sumisión y dependencia a instancias extrañas. A las élites españolas no queda otra solución para impedir la desaparición del Estado que la tradicional imposición militar. Es obvio que barajan esta opción en el momento presente. Resulta difícil determinar el camino que seguirán, pero el único líder que puede surgir es el que plantee esta propuesta. ¿Cuál puede ser el resultado? …

 

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua