Cautivos
JOANA BONET
LA VANGUARDIA
De nuevo, la cultura del eufemismo secuestra el lenguaje político, y las ironías no se hacen esperar, sobre todo en la prensa internacional, que tan a menudo acusa la dificultad de nuestro país en reconocer sus propios problemas, aireando su espíritu pusilánime. “Tú dices tomate, yo digo rescate”, ironizaba Time, en un juego de palabras que emulaba el standard de los Gershwin Lets’call the whole thing off, inspirada por las diferentes pronunciaciones anglosajonas de tomato o pyjamas. La psicología popular sostiene que para solucionar un problema el primer paso es reconocerlo, huir de la inmadura obstinación que tan sólo lo prolonga hasta la agonía. Y ante el estrepitoso drama financiero de nada sirven los juegos de palabras. Porque no hay que pasar por alto cómo el verbo rescatar, a menudo conjugado para expresar un acto de supervivencia o la superación de una tragedia romántica, se ha desplazado hacia la economía hasta el extremo de que, después de la “acción y efecto de rescatar”, la segunda acepción del diccionario de la RAE nada tenga que ver con un naufragio o una princesa encerrada en una mazmorra, sino con dinero contante y sonante. No así en el DIEC, que no recoge esta semántica economicista. La propia evolución del término ilustra de qué manera ha girado el mundo, alterando el significado de las palabras; el lenguaje al servicio de las mudanzas.
Según el Coromines, la fecha tardía de la voz castellana -en la edad media se decía redemir- sugiere la posibilidad de que se tomara del catalán rescatar (tratar de coger) en el siglo XIII. En el 2008, la palabra del año según el diccionario on line Merriam-Webster, que mide la cantidad de consultas, fue bailout, lo que demostraba que una gran cantidad de estadounidenses no entendía bien el término. Hay quien asegura que dicho significado de rescate proviene de ese bailout que también expresa la acción de saltar de un avión en llamas. El caso es que ahí está, cada vez más alejada del espíritu romántico y de la prolífica relación entre el alma creadora y la naturaleza, tan glosada gracias al virtuosismo musical. Las llamadas óperas de rescate -denominadas así porque su argumento gira en torno a la salvación de un cautivo- demostraban como el ser humano vive a merced de las fuerzas irracionales del universo.
Hoy le tememos más a la economía en mayúsculas que a los azarosos rugidos del universo. Su indiscutible hegemonía y sus fuerzas, no irracionales pero sí oscuras, sustituyen el conflicto de la imposibilidad del amor por la carencia de dinero líquido. Pero, mientras tanto, seguiremos alimentando en nuestro tierno imaginario la figura de un salvador -sea príncipe, princesa o incluso gobierno- capaz de rescatarnos del foso de los dragones.
El peligro de rescatar sin proteger
Andy Robinson
LA VANGUARDIA
“Euro zona: ¿Ser o no ser?” era la pregunta de rigor la semana pasada en el banquete de despedida a Josef Ackermann, presidente de Deutschebank que sale de la dirección del lobby bancario del Instituto Internacional de Finanzas (IIF). La cena de honor se celebró en el castillo de Kronborg a 45 kilómetros de Copenhague cuyos muros encerraron a Hamlet en la obra maestra de Shakespeare. Y, reunidos en un momento culminante de la crisis europea, los 500 ejecutivos bancarios, gestores de fondos y políticos parecían mas hamletianos con cada canapé y cada copa de champán.
La cuestión que determinará la próxima fase de la crisis en la unión monetaria y posiblemente la supervivencia del euro es la siguiente: ¿el novedoso paquete de apoyo a la banca española será el prólogo de una unión bancaria europea? ¿O será una peligrosa medida parcial que, al subordinar acreedores privados a los oficiales, aumente el miedo en los mercados?
El ministro de finanzas polaco, Jacek Rostowski, hizo la lectura mas positiva del drama shakesperiano de la zona euro: “El rescate a la banca española será el primer paso hacia la unión bancaria en Europa … cuando leamos los libros de historia el verano del 2012 se recordará como el momento en el que Europa empezó a superar su crisis”, dijo.
Parece un pronóstico muy optimista. Pero Rostowksi se basa en la lógica inapelable de que no hay alternativas. Sin un compromiso de avanzar hacia un sistema mutualizado de supervisión bancaria, garantía de depósitos y rescates compartidos con la posibilidad de nacionalizar bancos quebrados desde Europa y no desde estados nacionales, la unión monetaria no es viable.
Es más, sin garantías de que se va a romper definitivamente los lazos perversos entre la deuda soberana y la banca mediante la mutualización bancaria europea,-advirtieron algunos de los comensales en el banquete del castillo de Kronborg- un rescate a España puede resultar arriesgado.
Ahora que se ha hecho público la fórmula de rescate, sin embargo, no queda nada claro que vaya a lograr ese fin. Más bien parece que los 100.000 millones de euros faciltados a España van a apretar aún más el abrazo de oso entre la banca y el estado español. En primer lugar porque los créditos europeos al FROB se sumarán a la deuda del estado español. Segundo porque, en cuanto entran acreedores oficiales en una operación de rescate -en este caso, el Mecanismo de Estabilidad Europeo que se, á el principal vehiculo de apoyo a partir del 1 de julio-, los privados se ven subordinados. Esto genera un riesgo -según explicaron fuentes del IIF- de que si hay un deterioro de la crisis tras, por ejemplo, una salida griega de la zona euro, se acelere la fuga de los acreedores privados desde la deuda española. Esto se debe al temor de los inversores privados a quedarse subordinados en caso de una reestructuración (impago) de la deuda española. Puede parecer una posibilidad remota pero en los neuróticos mercados financieros el futuro hipotético tiende a convertirse en realidad actual.
En caso de que “el FROB no pudiera devolver el dinero a los fondos europeos (debido a quiebras bancarias) , el gobierno español tendría que pagar”, advierte Peter Tchir de TF market advisors en Nueva York. Y si estos fondos europeos son acreedores preferenciales, serán reembolsados antes que los acreedores privados.
Ya se quejaba en las tertulias de Copenhague del trato preferencial que recibieron los acreedores oficiales en la reestructuración de la deuda griega. “Hay que tratar a todos los acreedores de manera justa”, dijo Charles Dallara director gerente del IIF. Así son los financieros de descarados. Pero, por el momento, más vale no asustarlos más sin proteger a la deuda soberana.
Por eso, era tan importante que un rescate a la banca española fuese avalada por la zona euro colectivamente, como el primer paso hacia la unión bancaria. Pero todo indica que eso era un paso que los países acreedores del norte no quisieron dar. Desde luego, los banqueros alemanes en el castillo de Kronborg -entre ellos Ackermann- se mostraron muy reticentes ante cualquier plan que permitiese que -según comentó un periodista veterano de Handelsblatt,- “otros países se afiancen en los depósitos bancarios alemanes”.
El problema de subordinación de acreedores privados siempre ocurre en rescates, según explicó la semana pasada Barry Eichengreen de Berkeley. Por eso, cuando un país se somete a un programa de rescate, lo normal es retirarlo de los mercados durante meses o años, hasta que su deuda sea sostenible. Eso ocurrió con Grecia, Irlanda y Portugal. En el caso español se ha diseñado un curioso rescate que ni protege a los inversores privados del efecto subordinación (mediante, por ejemplo una garantía del BCE de toda la deuda española y europa , en general) ni protege a España de los mercados.
Es obvio por qué se opta por esta formula original. A diferencia de Irlanda, Portugal o Grecia, “España es muy grande”, dijo Jean Pisani-Ferry del Instituto Bruegel, otro conferenciante en Bruselas. O sea, se está rescatando a un país que es demasiado grande para rescatar. La diferencia respecto a los demás países intervenidos es que “se considera que España solo tiene problemas de liquidez y no de solvencia”, dice Pisani-Ferry. Pero en esta crisis muchos economistas creen que una crisis de liquidez puede transformarse en crisis de solvencia.
De ahi la importancia de que, en los próximos meses, se den claras señales de que el rescate a España forma parte de una evolución general hacia una unión bancaria en el que los estados soberanos ya no tendrán responsabilidad de rescatar a sus propios bancos. Para algunos en Copenhage es un asunto urgente. Para salvar el euro, esto debería ocurrir “en cuestión de meses” , advirtió Jean Lemierre, asesor la dirección BNP Paribas.
Una unión bancaria con una garantía de depósitos de los bancos más importantes, supondría el inicio de la unión fiscal. “Evidentemente supone comprometer fondos para la eventualidad de una crisis pero es más fácil de digerir políticamente en Alemania que euro bonos”, dijo Pier Francesco Gaggi, de la Asociación Bancaria Italiana. Pero otros en Copenhague se mostraron incrédulos ante la idea de la a la unión bancaria europea. Frederic Oudea cosnejero delegado del banco francés Societe Generale y Stefan Ingves del banco sueco Riksbank lo descartaron como un “proyecto muy a largo plazo”.
Son las dudas eternas de la zona euro ante su épica crisis. Pero hay indcios de que se acerca el desenlace de la obra y cómo dijo Dallara : “Europa ya debería ser un poco menos hamletiano”.
Entrevista: Finn Kydland, Nobel de Economía; miembro de la Reserva Federal de EE.UU. y la RacefVictor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet
“Su economía no debe estar al albur del político de turno”
¿Edad? Ni la pregunto ni la doy. La gestión de nuestro Fondo de Petróleo Noruego es coherente a largo plazo frente a presiones partidistas a corto. La vida tiene ya mucha incertidumbre como para que los gobiernos añadan más. Sólo la innovación crea crecimiento sostenible
Kydland ganó el Nobel por caracterizar la time consistency: un país sólo crece de modo sostenible si se invierte en él a largo plazo. El problema es que los políticos actúan a corto. La solución es crear instituciones independientes de los partidos. Los países que las consolidan -Noruega y su Fondo del Petróleo; el Bundesbank, o la Reserva Federal de EE.UU.- son seguros para el inversor más allá de la política. Justo lo que no hemos tenido aquí, porque el político de turno -estadistas han faltado- tomaba decisiones partidistas hacia el abismo. Un país es lo que no cambia después de que cambie su gobierno. Así que debemos construir uno nuevo entre todos. Y rápido. O nos lo impondrán.
España estaba peor en el 2006 que ahora…
¡Si fue un año magnífico!
Pero nuestros modelos ya avisaban de que la economía española estaba enferma, porque, desde 1998, su productividad no ha crecido.
¿La burbuja maquillaba la realidad?
Si gastas más de lo que ganas, al final, la realidad se impone: te arruinas. En el 2006, España estaba enferma, aunque viviera una fiesta a crédito. Al menos ahora se sabe enferma, que es el primer paso para curarse.
De momento, los errores acumulados nos han llevado al rescate bancario.
Ese rescate sólo será salvación si sirve para que el país vuelva a ser productivo, y el primer paso es una banca saneada y eficiente.
¿Y qué debería venir ahora?
Medidas para aumentar la productividad.
¿Qué medidas?
Ustedes ya tienen aquí excelentes economistas que deberían ser llamados a elaborar un cuadro de incentivos que la incremente.
Ahora en La Contra le toca a usted.
El único crecimiento sostenible que crea empleo a largo plazo es el que logra la innovación y, para lograrlo, se requiere que empresarios inteligentes inviertan en trabajadores bien formados.
Nada nuevo hasta ahí.
Pero para que un empresario invierta a largo plazo debe creer que ni los políticos ni los impuestos mal gestionados de ese país acabarán apropiándose de sus beneficios.
Lógico.
Y si los gobiernos acumulan déficit y deuda pública y mala gestión partidista, los inversores deducen que, tarde o temprano, les subirán los impuestos para pagarla…
¡Qué nos va a contar!
Ante ese panorama es muy difícil que alguien arriesgue en innovar a años vista. Y no sólo en España: Carlos Zarazaga, también de la Reserva Federal, y yo lo hemos demostrado en EE.UU.: desde el año 1947 hasta el 2008, con los lógicos altibajos cíclicos, el PIB per cápita aumentaba.
Y cada nueva generación vivía mejor.
Pero desde el 2008 nos hemos separado de esa pauta de prosperidad creciente.
Porque su deuda pública es inmensa.
Y disuasoria para el inversor. La clave de la prosperidad está en pensar a largo plazo, pero la política se mueve siempre a corto.
Como las promesas electorales.
A Prescott y a mí nos dieron el Nobel precisamente por acuñar la noción de time consistency: coherencia temporal. Demostramos que es esencial que los países tengan instituciones que garanticen estabilidad a largo plazo y así los hagan predecibles.
¿Tan importante es ser predecible?
La enemiga de la prosperidad es la incertidumbre. Y la vida ya tiene de por sí bastante incertidumbre como para que los políticos le añadan más todavía. Los países, para ser prósperos, necesitan medidas de Estado a muy largo plazo y dar la seguridad a los inversores y a todos de que las mantendrán.
¿Qué hacer?
Ser consciente de que la partitocracia debe tener límites y fiscalizarla y no dejar que tenga todo el poder. Una sociedad civil madura debe trascender los partidos y crear instituciones sólidas para el bien común: un futuro que garantice una economía predecible a salvo de los bandazos electorales.
Por ejemplo…
La Reserva Federal, de la que formo parte, tiene prestigio porque su gobernador es nombrado para un mandato de doce años. Así que puede escuchar, pero no obedece al político de turno. También el Bundesbank consolidó ese prestigio. Y le daré dos ejemplos de lo que no hay que hacer…
De esos ya tenemos: nos han rescatado.
El Banco de Filipinas comparte edificio en Manila con el Ministerio de Economía.
El Banco de España, por tanto, no debería estar en Madrid, sino en A Coruña
Argentina desde 1945 -67 años- ha tenido 54 gobernadores, si no me equivoco, de su banco central. Hubo gobiernos que despidieron y nombraron a varios el mismo año.
El gobernador acababa de empleadillo.
Y la economía, hundida por los caprichos del político de turno. Dos ejemplos virtuosos, en cambio, serían el Fondo del Cobre de Chile y el Fondo del Petróleo de Noruega.
¿Por qué tienen tanto prestigio?
Porque no hemos dejado a los políticos gastárselo. Si cada partido al llegar al poder dispusiera a placer del dinero del petróleo noruego, que es el de todos los noruegos…
En vez de fondo, tendrían deuda.
Pero, en cambio, hemos logrado que la institución y el bien común a largo plazo sobrevivan a los políticos y sus necesidades a corto.
¿Y no tienen presiones?
Y algunas razonables: ¿por qué no gastar más este año en quirófanos o guarderías?
¿…?
Porque el fondo también es para nuestros hijos, aunque a algunos partidos le iría bien gastarlo todo ya para ganar unas elecciones.
Aquí dilapiladaron nuestro fondo al politizar varias cajas y luego arruinarlas.
España puede aprender de sus errores, hacer reformas y volver a crecer. Es importante que ustedes aprendan a preservar sus instituciones y su sistema económico de los intereses partidistas a corto plazo.
La UE, a cambio del rescate, asume -hay quien cree que menos mal- soberanía.
Recobrarán el control de su destino si hacen reformas y mejoran su productividad. También lo dicen mis modelos.
El interlocutor de Rajoy es Barroso
Fernando González Urbaneja
República de las ideas
Poco a poco vamos conociendo la secuencia de hechos que condujo al desenlace del crédito (no diga rescate) pactado el pasado sábado con evidente nocturnidad y condiciones aún por concretar. Un dato importante lo proporcionó ayer Barroso, el portugués que preside la Comisión, capaz de expresarse correctamente en varios idiomas, incluido el español. Barroso es interlocutor sin intermediarios de Rajoy, el que traslada el estado de opinión de los mandamases de Bruselas-Berlín-París. Y la pasada semana Barroso advirtió a Rajoy que había que concretar, que era de interés para todos dar pasos adelante a la hora de trasmitir a las gentes de los llamados mercados que el euro tiene defensa y futuro. Y semejante mensaje pasa ahora por España, por poner en evidencia que la Unión ayuda a un estado miembro con un crédito importante, previo a una situación desesperada.
Antes, otros portavoces más o menos relevantes de la Comisión y del Consejo, incluido el comisario Almunia y el presidente Hollande, habían dicho con periodistas delante, que España tenía abierto el camino del crédito de los organismos europeos para recomponer el capital de sus bancos enfermos. Tras estallar el caso Bankia con estrépito, el sistema financiero español quedó bajo sospecha, precisamente cuando el Tesoro español tiene agotado el crédito.
Las sugerencias de Hollande y Almunia fueron despachadas con duras críticas por los medios más afines al Gobierno y con desdén por parte de portavoces del Gobierno. La visita de Rajoy a París, de camino a Bruselas, abrió una puerta imprevista. El Gobierno español quería línea directa con Merkel sin interferencias de Monti ni Hollande. Pero ha resultado que el interés español pasa por Roma y París antes que por Berlín.
Cuando Rajoy reparó en ese itinerario forzoso modificó su discurso (intervención ante el Círculo de Economía en Barcelona el sábado 2 de junio) con una decidida apelación europea y con la reivindicación de soluciones europeas. Pero al mismo tiempo quería ganar tiempo y aparecer como uno de los arquitectos de la intervención europea en la crisis.
No ha podido ser, demasiado tarde. Tanto que a lo largo de la semana pasada los empujones a los españoles para que escribieran la carta de petición de ayuda europea, de rescate, han sido agobiantes. Hasta el gobernador del Banco de Austria se puso a la tarea. Rajoy no ha escrito la carta, pero ha admitido que el “eurogrupo” le diga que cuando la escriba tendrá respuesta favorable y un crédito de hasta 100.000 millones.
El Gobierno ha querido vender como un éxito este desenlace; Rajoy pretende que ha presionado a Europa para que Bruselas moviera pieza, pero la realidad es que Bruselas ha impuesto su plan, no para ayudar a los españoles, sino para evitar la defunción del euro. Y en esa tanda de empujones y presiones, Durao Barroso ha sido un interlocutor determinante, el que ha pasado los mensajes importantes.
El relato que la Moncloa ha querido construir para vestir el caso duró muy poco, carece de consistencia y, además, merma capacidad de maniobra en el futuro porque confirma la impresión de que estos españoles no saben lo que se traen entre manos. No lo sabían los del anterior Gobierno, y tampoco los del nuevo.
fgonzalu@nebrija.es
EL SINGULAR DIGITAL
RESCATAR BANQUEROS Y EL EURO
Francesc Sanuy
La semana pasada, todo el mundo hablaba de que España podría servir de cortafuegos y salvaguarda del euro en primera línea de combate. Se publicaron datos que situaban los préstamos malos de su sistema bancario en una tercera parte por encima del nivel del año anterior y desde su habitual manera presuntuosa de hablar, en Madrid, se proclamaba que España sería el campo de batalla del euro. Se decía: “Es un país grande con un gobierno ortodoxo que aplica medidas adecuadas”. Y se encogían de hombros con una velada amenaza de “retranca” basada en los temibles efectos dominó de un país que tiene un PIB que multiplica por cuatro el de Grecia y unos rescates bancarios previos de más del doble de la suma ya aportada a los tres primeros sistemas ya rescatados (Grecia, Irlanda y Portugal). El rescate de la parte afectada de la banca española es de 100.000 m.€ y el PIB es de 1,1 millón de millones. Es por ello que Rajoy y su gobierno sacan pecho y aprietan el el gatillo para celebrar una humillación como si fuera una victoria. Que ya se sabe que de victoria en victoria se puede ir perfectamente a la derrota final.
De hecho, Rajoy se jacta de haber presionado a los socios en lugar de dejarse presionar, porque él ya ha hecho los deberes y con las sucesivas reformas financieras puede hacer como el “maestro Ciruela que no sabe leer y pone escuela”. Y, como si este país estuviera viviendo una época normal, se va a Gdansk a ver el partido de la Eurocopa España-Italia y a capitalizar la gigantesca y costosísima operación publicitaria de la Roja con un partido que, además, terminó en empate. Mientras el manacorí Nadal ganaba por séptima vez el Roland Garros de tenis sin ningún apoyo. En todo caso, el primer ministro Rajoy se mostraba orgulloso en su comparecencia y, por enésima vez, aplicaba su método de gobierno preferido que consiste en ganar tiempo. Seguramente, a eso se refería el premio Nobel Stiglitz cuando decía que la economía vudú no funcionará.
No es el mejor procedimiento el de rescatar a los bancos y esperar que los bancos rescaten a los gobiernos. Sobre todo, si la deuda pública alcanza el 90% del PIB y los intereses de la deuda se convierten automáticamente en déficit. Previsiblemente, como primera providencia, deberán venderse las empresas participadas. Otra cura de realismo compungido que sería una buena lección para quienes solían ir a no pedir subvenciones de la política agraria común, sino con los tercios del Duque de Alba que en la Grande Place de la actual capital comunitaria hizo ejecutar a los duques de Egmont y Horn a fin de someter a los Países Bajos. Lógicamente, tener que mendigar ayudas y poner la mano allí donde solían ir a escenificar la gran obra de la pintura universal (la Rendición de Breda), debe resultar un aprendizaje molesto y penoso.
Es posible que esta absurda sensación de superioridad contrariada sea una fuente de inspiración para la burlesca y hostil manifestación de sentimientos adversos contra los hombrecitos vestidos de negro que nos han de supervisar las cuentas que la propia Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, reconoce haber falsificado. ¿Cómo se pueden extrañar los políticos que adulteran la contabilidad, ya creativa por sí misma y aún más si se hace con auditores como Arthur Andersen o, en el caso de Grecia, con el asesoramiento de Goldman Sachs, de que a un gobierno como el español sin credibilidad le envíen (con Fondo Monetario Internacional y consultores) una troika supervisora? Con la pasividad o complicidad del Banco de España y de la CNMV, el gobierno español ha tenido que tragar consultores extranjeros e independientes que nos discutían las cifras que deben servir para marcarnos la pauta. Serán, pues, hombrecillos e irán de un fúnebre color negro, pero ya se sabe que los individuos humorísticamente se dividen en hombres, hombretones, hombrecillos, trepas y soplavientos y que hay mucha gente que, antes de hablar, debería ponerse delante de un espejo. Inicialmente, Rajoy no quería ser ayudado, pero no ha tenido más remedio que aceptar el rescate siempre que se le ponga otro nombre menos ofensivo y en puro nominalismo de Guillermo de, Ockham por lo tanto, finalmente, diremos línea de crédito “no strings altached”, es decir, sin contrapartidas ni obligaciones.
La zona euro también necesitaba comprar tiempo, especialmente en vísperas de las elecciones griegas. De manera que los fondos adjudicados no irán directamente al gobierno, sino al FROB. Pero la principal disfunción que es la letal y malsana relación entre los bancos y los gobiernos sigue sin resolverse. El donativo podría convertirse en la cuerda para que cada uno se pueda colgar él mismo. Bankia es precisamente el ejemplo de lo que hay que evitar a toda costa. Mientras, la ministra de Trabajo de España se pasaba la jornada jugando al “Bubble Shooter”.
La ayuda tendrá, sin embargo, alguna “condicionalidad” (¡qué palabreja!, ¿verdad?). Por ejemplo, son las instancias extranjeras, en clara invasión de soberanía, las que determinarán las cantidades que hacen falta. Lo que está por ver es si el gesto lo hará el EFSF o el Mecanismo Europeo de Estabilidad. La decisión de solicitar la ayuda se tomó 24 horas después de publicarse el Informe del Fondo Monetario Internacional que, junto con la Comisión Europea y el Banco Central Europeo son la base del sistema. Los problemas anteriores de la periferia no eran antes tan alarmantes como las llamas del presente que amenazan el núcleo combustible del sistema. El Presidente del BCE, Mario Draghi, se quejó de que ellos no podían llenar el vacío que dejaban los gobiernos. El problema de la moneda única, al fin y al cabo, ha resultado ser una cuestión política. En resumen, si no hay unión bancaria, no funcionará el euro, “quod erat demonstrandum”. Ojalá que el mecanismo diseñado para España sea de una aplicación general y entonces habremos prestado un gran servicio. Cosa distinta es que los votantes acepten que los bancos y banqueros sean redimidos con el dinero de los contribuyentes.








