El nuevo califa, contra el imán oculto

Abu Bakr al-Baghdadi, jefe del Estado Islámico de Irak y del Levante que se proclama califa de los suníes de Siria e Irak, dice que tiene como objetivo destruir las fronteras de los acuerdos Sykes-Picot, firmados entre Francia y el Reino Unido para repartirse Oriente Medio cuando terminara la Primera Guerra Mundial. De aquellos acuerdos salieron las fronteras de Siria, Irak y Jordania.

Del desmantelamiento del imperio otomano, nació la república turca de Atatürk, que en 1924 disolvió la figura del califa de Estambul que encarnaba el último sultán. El califato que había estado en Damasco, Bagdad y Egipto, desde el 1517 lo encarnaba el sultán de Estambul. Al desaparecer la figura del califa, los musulmanes quedaron sin cabeza, precisamente en un período en que el mundo evolucionaba y quedaron huérfanos de una figura que pudiera adaptar el Islam a tantos cambios.

Pero, al margen de esto, el Islam vivía desde 656 la escisión entre chiíes y suníes por la sucesión de Mahoma. El primer califa fue Abu Baker, pero al morir el cuarto califa, Alí, primo y yerno de Mahoma, se escindieron entre los suníes y los chiíes, que decían que el califa debía ser descendiente sanguíneo de Mahoma. Y desde entonces los chiíes han sido mayoritarios en Irán y también en Irak, aunque, desde la independencia del país, en Bagdad gobernaron los suníes.

Fue con la ocupación estadounidense cuando por primera vez los chiíes gobernaron Irak. Y los chiítas creen en el imán o califa oculto, el Mahdi, que cuando era un niño desapareció en Samarra, en 874, y que volverá a la tierra como el mesías a traer la justicia poco antes del juicio final.

Casualmente o no, el líder de la EIIL que se proclama califa, que quiere unir Siria con Irak, tiene el nombre de Abu Baker, como el primer califa. Aprovechando que los musulmanes no tienen ningún jefe espiritual, quiere ocupar ese lugar, no para reinterpretar el islam y adaptarlo a los cambios sociales, a la aceptación de la ciencia y a la igualdad entre hombres y mujeres, sino para volver a una concepción más rígida del Islam que la que imperaba cuando el califa estaba en Estambul. Y tiene como objetivo aplastar a los chiíes, que considera peores que los cristianos. Por eso dice que quiere llegar a las ciudades de Nayaf y Kerbala y destruir las tumbas de los imanes chiíes venerados, descendientes de Alí.

Tan cierto como que, a medida que el EIIL, gracias a la ayuda de los jefes tribales sunitas, ha conquistado más terreno camino hacia Bagdad ante un ejército iraquí en desbandada, tendrá esperando en Bagdad y las ciudades santas un ejército de docenas de miles de hombres dispuestos a luchar y a morir, dirigido por Muqtada al Sader, superviviente de una familia chiíta venerada más radical que el primer ministro Al Maliki, que dirige precisamente el Ejército del Mahdi, el imán oculto, que volverá para traer la paz en un momento en que, según la tradición, será de caos absoluto, tal como la actual.

EL PUNT – AVUI