El negocio del hambre

Estos días ha aparecido en alguna prensa, así, como nota anecdótica o mera curiosidad, el hecho de que en Haití se están comercializando pastelitos de lodo. No, no es ninguna ocurrencia de marketing, sino cruda y dramática realidad.

Haití fue una de las colonizaciones que, históricamente, más rendimientos produjo a Europa. Concretamente fue la fuente de riqueza para la Francia del s. XVIII. Hace 20 años Haití producía el 95% del arroz que consumía. Hoy importa el 80% de ese producto. Las políticas impulsadas por el BM, FMI y por el intervencionismo yanqui, han convertido a Haití en el estado más pobre del Hemisferio Norte. El 80% de la población vive bajo el nivel de la pobreza. Pero no es mi intención fijarme exclusivamente en Haití.

Por cierto, los famosos pastelitos de lodo son unas galletas a base de un barro amarillo que abunda en la meseta central de la isla. Tal elemento se mezcla con grasa vegetal y sal. Los efectos suelen ser dolores intestinales, parásitos y toxinas potencialmente mortales, pero engaña el hambre… Ya están encareciendo el precio. Ya se sabe, los pobres han de pagar hasta por comer tierra.

Lo de este pueblo caribeño no pasa de ser un mínimo reflejo de la tragedia -porque realmente es una tragedia- que este neoliberalismo salvaje está desencadenando en más de la mitad del planeta (3.000 millones de pobres).

Vía campesina lo expresa sin ambages: “Esta crisis, es resultado de políticas destructivas -privatizaciones, desregulación, especulación, deshumanización…- implantadas por el modelo neoliberal.” Políticas agrícolas y alimentarias, añadiría, controladas no por los estados, sino por un mercado internacional sin rostro, bajo las directrices del FMI y del BM y con la complicidad de la OMC.

Países hace unos años autosuficientes en granos -prácticamente la mayoría de los pueblos latinoamericanos-, hoy son importadores. El procedimiento que han utilizado las multinacionales, bien estimuladas por el FMI, es harto simple y sabido. Lo he comprobado “in situ”, concretamente en México. En un primer paso y tras la liberación del mercado que supuso el ALCA, EEUU introduce en México maíz barato trasgénico, fuertemente subvencionado por el gobierno yanqui. El gobierno mexicano, en connivencia con la trasnacional de turno, deja de subvencionar el maíz nacional, con lo que su producción cesa de ser rentable.

Lo propio se aplica a la producción de frijoles y arroz. El campesino abandona la tierra o la deja en manos del gran propietario. No le queda otra alternativa que dirigirse a engrosar la informe masa urbana de pobreza, chabolas y picaresca, por ejemplo, del caótico México D.F.

Por el momento en el D.F. el 30% de la población es pobre, en el campo el 64%. Pero me temo que esta situación es una bomba de relojería. La acogida del D.F. es como un último recurso, un destartalado paño de lágrimas para el desesperado campesino, que puede mutarse en un galopante jinete del Apocalipsis.

Y -sigamos con la secuencia- las tierras van quedando en manos de los grandes truts, que inmediatamente las dedican a los monocultivos industriales o ganaderos. A estos sí subvenciona el estado -corrupto donde los haya-, bien sea porque sus políticos son los propios terratenientes o porque están metidos en harina hasta las cejas.

Este es, a grandes rasgos, el método que propuesto por el FMI, BM y sus multinacionales, está dibujando el mapa del hambre en el planeta.

Este control de la producción, está suponiendo que más de la mitad de los granos se usen para agrocombustibles (para alimentar coches) y ganadería, el resto para alimento humano. En resumidas cuentas, la agricultura industrializada se ha alejado de su función primaria: alimentar seres humanos.

Los pequeños agricultores han sido expulsados de la tierra. En Paraguay, Brasil, Bolivia, en México -son hechos de rabiosa actualidad-, los terratenientes, con la complicidad o incompetencia de sus gobiernos, organizan sus bandas de sicarios contra el pequeño campesino.

¿Qué ha sido en realidad la movida de cuño fascista de la provincia de Santa Cruz en Bolivia? Es evidente.

Evo Morales desde el principio de su mandato se enfrentó a las multinacionales, a los desmanes de la minoría capitalista, blanca, criolla y racista. Esta, con todo desparpajo, recibe las directrices en la embajada de EEUU y el apoyo logístico de la CIA. Y se sabe que está dispuesta a instaurar una sangrienta dictadura, para recuperar el poder secular que ha ostentado.

Los caciques cruceños no soportan la repartición de tierras que durante años robaron, ni la soberanía alimenticia que pregona Evo, ni la igualdad con la despreciada “indiada”.

La prensa americana, El País, sí el de la madre patria -¡Vaya demócrata bananero!-, son los voceros que preparan la tela de araña de este apetecido golpe de estado. No es tan sencillo como se ve, dar de comer a los pobres.

¿Y si miramos a Africa? Africa nos hiela la sangre. Es el rostro del bebé cuyos grandes ojos gritan toda la tristeza del mundo, cuerpos hinchados sobre huesos descarnados, moscas comiéndoles el alma… Porque en Africa no hay acero para roturar los campos. Las ayudas del primer mundo tan sólo llegan para armas, que masacran a los hambrientos, y para incrementar una deuda externa que les deja inevitablemente a los pies de las alimañas del FMI y del BM. Mientras, los campos baldíos, las ganancias de las grandes empresas, las que poseen gigantescos depósitos de granos: He aquí el aumento de sus ganancias en el 2007: Cargil, 86% en el primer trimestre; ADM, 67% en un año, 44% Monsanto y Syngenta 28 %. La OMC “en el interin” miraba a la luna.

Todo esto viene agravado por la hipoteca del futuro, que los destructivos monocultivos esconden, como maligno tumor, en sus entrañas.

Sería otro tema. Pero no me resisto a esbozar algunas de las conclusiones a las que ha llegado el INTA (Instituto nacional de tecnología agropecuaria. Argentina) en el tema de los monocultivos:

– La falta de alternativas daña al suelo y perjudica el desarrollo agrícola. Empobrece las variedades y merma el empleo rural. Consume (por ej. la soja) los nutrientes de la tierra.

– Provoca erosión, pérdida de materia orgánica, balance negativo de nutrientes, desertificación y reducción de la biodiversidad.

– Despoblamiento rural, sustituyendo la mano de obra por técnicas extensivas, incompatibles con la sustentabilidad agropecuaria.

– Gran impacto de los agroquímicos -propios de ciertos monocultivos- en la salud de la gente y del ambiente.

– Peligrosidad del uso de tecnologías “terminator” (obtiene que la segunda generación de semillas devenga estéril) en los monocultivos de árboles. La dependencia de las multinacionales sería total. Etc., etc.

Porque mira que tiene bemoles esta tragedia. Desde 1961 la población se duplicó y la producción se triplicó.

Alejandro Nadal aclara perfectamente que ni las sequías, ni la gran demanda de India o China, ni la dedicación a los agrocombustibles o a la ganadería explican la escasez de granos. La oferta es superior a la demanda. Los stoks y depósitos de granos inconmensurables. Son los grandes consorcios los que alarman a los mercados con sus predicciones de escasez. Pero los mercados odian los derechos humanos.

“Los mercados -denuncia Annette Aurèlie Desmarais en su libro vía campesina-, nada saben de moralidad, justicia o del derecho básico de las personas a una alimentación adecuada y nutritiva”.

El libre comercio permitió a los países ricos inundar los mercados de los países pobres con sus productos agrícolas altamente subsidiados y a precios artificialmente bajos. Abrió al mercado las tierras y permitió su concentración en las manos de unos pocos. He ahí las graves consecuencias.

No creo que sean precisas grandes dosis de moralidad, de sentimiento solidario, digamos de bondad, para alarmarse ante esta perspectiva. Alarmarse, o avergonzarse como ciudadano del primero mundo, o más propiamente como ser humano. Llamar a las cosas por su nombre, aun siendo una verdad descarnada, puede resultar escandaloso. Sería tanto como reconocer que la mayor causa de muerte y de dolor en nuestro mundo, el gran crimen del hambre que mata diariamente, está controlado y dirigido por las multinacionales con el permiso de los estados ricos.

Sería tanto como decir que tales estados son agentes y cómplices de uno de los crímenes más aborrecibles, el del hambre. Sería tanto como decir que sus políticas están negociando con la vida de 3.000 millones de seres humanos.

Porque estos crímenes hay que atribuir a los estados que han permitido la desregulación, la privatización, la desertización humana del agro, la permisividad con los forajidos de las multinacionales. A los estados (EEUU, pero también ¿cómo no? España, Inglaterra Francia, la UE) que envían a sus multinacionales a las naciones “pobres” para explotar -robar- en beneficio propio sus recursos. A los estados que en lugar de tractores -por ej…-, envían armas destructivas a los pueblos más míseros…

Pero claro, el label de terrorista ya sabemos quien lo expende. ¡Qué coincidencia que hayan de ser justamente estos estados que negocian con el hambre asesina! ¿Y acaso no es éste, el del hambre, el terrorismo de los terrorismos? ¿Acaso no es el mayor terrorista el productor de hambre?

Para un servidor lo es, pero allá cada cual. Prefiero esperanzarme con la lucha de los que ya no se van a resignar a ser pobres, como es este gran movimiento de “vía campesina”

Sirva como colofón una de sus muchas reflexiones: Aunque producimos comida, muchos de nosotros tenemos hambre y vivimos en la pobreza, ¡paremos la privatización de los recursos naturales!