Todo el mundo ha señalado como uno de los grandes logros de la Vía Catalana del miércoles pasado el haber llamado la atención de todo el mundo hacia nuestra aspiración de libertad política plena. El suplemento del sábado del ARA con la selección de una docena de artículos publicados por la prensa internacional y, particularmente, la recopilación de links elaborado por Vilaweb con 120 referencias de medios de 40 países diferentes, es la evidencia definitiva de esta victoria comunicativa. Y todo conseguido sin tener los recursos habituales de que disponen los estados. Además, esto llega justo después de unos meses de una intensa -por no decir feroz- campaña diplomática comandada astutamente por José Manuel García-Margallo, uno de los ministros más inteligentes del actual gobierno español.
Una vez mostrado al mundo que la voluntad de independencia en Cataluña es explícita, masiva, pacífica y democrática, me puedo imaginar el compromiso en que hemos puesto a toda esa acción diplomática de España y sus agentes. Es fácil sospechar cuáles deben haber sido hasta ahora sus argumentos -de hecho, el amigo Agustí Bordas ya nos había adelantado algunos (léase en “Diplomacia catalana”, El Singular digital, 12 de marzo de 2013. Ver http://www.nabarralde.com/es/catalunya/9942-diplomacia-catalana). Por ello, me gustaría ver por el ojo de la cerradura cómo los diplomáticos españoles a partir de ahora son inquiridos sobre cómo liga su retórica anterior con las nuevas evidencias. Los de García-Margallo deben estar sudando tinta para acabar de pulir un nuevo argumentario que encaje la Vía Catalana en la propaganda previa para ser rápidamente distribuido por todas las embajadas y consulados.
Sea como sea, los hechos muestran que, sólo en un año, el mundo ha pasado de ignorarnos a tenernos en su agenda. No digo que nos acabe de entender, claro, y por eso nos está vigilando con el rabillo del ojo. Es un primer paso fundamental para el que se ha contado con trabajos tan cualificados -e independientes- como los del Colectivo Emma, con el trabajo tenaz de Catalanes Abroad, con la acción en Bruselas de Deumil.cat, con la fuerte irrupción de Help Catalonia o últimamente con la sectorial de Exteriores de la ANC, entre muchos otros (pido disculpas a los muchos que no menciono en estas líneas). A falta de estructuras de Estado, el país ha contado con esta eclosión de pequeñas pero potentes y generosas -precisamente tan potentes por ser tan generosas- iniciativas de la sociedad civil. (Por cierto, hace reír que algunos tengan que imaginarse como si vivieran fuertemente subvencionadas para hacer encajar los éxitos obtenidos en la percepción enfermiza que tienen de la realidad catalana). Y, hay que reconocerlo, desde hace unos meses se ha añadido a este objetivo de ponernos en la agenda internacional la acción decidida y eficaz del mismo Gobierno, con una secretaría de Asuntos Exteriores muy bien dirigida y el trabajo experto de Diplocat.
Todos sabemos que una vez hayamos hecho -solos- el golpe definitivo, dependeremos muy directamente del reconocimiento internacional que reciba nuestro gesto. Es lógico, por tanto, que estemos muy pendientes de los más pequeños indicios que nos puedan transmitir una cierta confianza, que la obtendremos. Y, visto el silencio de las cancillerías del mundo -con escasas excepciones a favor como las de Letonia y Lituania o declaraciones como las de David Cameron-, hay quien se inquieta. Personalmente, lo veo muy diferente: el silencio de los gobiernos extranjeros me parece absolutamente clamoroso. Lo previsible, si fuera cierto que nuestras aspiraciones incomodan a estos estados, es que se manifestaran a favor de España y en contra nuestra. En cambio, callan. Desde mi punto de vista, este es el apoyo que de verdad necesitamos y lo que augura una inclinación favorable a la hora de la verdad. El mundo está al acecho y hablará cuando sea la hora. Naturalmente, a favor de la democracia.
Salvador Cardús
ARA









