El general Fernández-Monzón, que se desenvolvió como enlace con la CIA en España acaba de publicar El sueño de la transición en el que revela el apoyo del almirante franquista a Felipe González para consolidarlo como el nuevo líder del PSOE entre los Congresos de Tolosa y Suresnes, desplazando a los exiliados encabezados por Rodolfo Llopis. Para lograrlo, presionó al presidente alemán para que éste lo hiciera con Willy Brandt de modo que la Internacional socialista solo reconociera a Felipe y así lo hizo, pese a que su padre durante la guerra se había pasado a los nacionales y era pública su pertenencia al Frente de Juventudes del Movimiento. Su suegro era médico militar y concejal del Ayuntamiento de Sevilla, en el que el alcalde era médico de cabecera de Carrero. Felipe siempre ha reconocido con agradecimiento que le hubiera escogido y permitido liberarse de la clandestinidad para liderar el PSOE. Mientras, Guerra trabajaba en el TEU (rama del SEU) y estaba enchufado en el Patronato de Doñana. El CESID, antecedente del CNI, fue quien los colocó en el PSOE y ellos se encargaron de acabar con el marxismo y la autodeterminación, siendo difícil reconocer al partido tras estos cambios, y eso a pesar de que en Suresnes se voto por la autodeterminación de los pueblos de las Españas, de manera que cada nacionalidad pudiera establecer libremente relaciones con los otros pueblos. Datos interesantes a la vista de las declaraciones conjuntas de González y Guerra sobre el pernicioso nacionalismo excluyente equiparable a la ideología nazi que se predica en Catalunya. Se ve que el nacionalismo español que se impuso por las armas de Hitler y Mussolini fue una cosa benigna y democrática y la opresión de la minoría maltratada no es una muestra de asimilación forzosa y totalitaria.
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