El “español” de Bad Bunny

El domingo, Bad Bunny hizo temblar a medio mundo cantando en la lengua de Puerto Rico ante millones de espectadores. Y en España, más de un indocumentado se emocionó con una ingenuidad conmovedora, como si este éxito abrumador –el de un puertorriqueño independentista, valiente y crítico, que sabe plantar cara y no teme a nadie– tuviera algo que ver con ellos. Como si la lengua que resonaba con fuerza en la Super Bowl siguiera siendo aquella que creen que es su gran aportación al mundo.

La imagen que ofrecía la pantalla era brutal y despiadada: el castellano que hoy triunfa mundialmente ya no tiene absolutamente nada ‘español’. La lengua de Bad Bunny es una lengua americana que, en todo caso, sobrevive de forma cada día más residual en un rincón de Europa.

Eso que hoy –a falta, seguramente, de mejor nombre– lo llaman todavía “español” es, en realidad, la lengua vibrante de México y de Colombia, de Argentina o de Puerto Rico. La del reggaetón que hace saltar a multitudes, de las series que enganchan a medio planeta, la del cine latinoamericano que gana premios y de una literatura que circula sin pedir permiso a nadie. Ante él, en cambio, el castellano europeo se va replegando hasta convertirse, también en comparación, en una variedad periférica de una lengua que España ya no controla ni define. De una lengua que –en el fondo– ya no le pertenece.

Esta pérdida es ciertamente importante para quien ha confundido lengua e imperio durante tantos siglos. España imaginó –se cree todavía– centro inmóvil del mundo hispanohablante porque había sido origen de la conquista brutal de América, del genocidio de los pueblos de aquel continente. Pero los imperios caen –siempre caen–, y las lenguas que dejan en algunos casos aprenden a respirar solas, a crecer sin tutelas, a ser algo distinto.

Por eso la lengua que Bad Bunny hace estallar ya no mira a Madrid, ni a Toledo, ni a Salamanca, ni las tiene en su mapa. No pide al viejo mundo normas ni legitimidades. No le pide nada, de hecho. Evoluciona, se mezcla, crece exponencialmente. Y por eso en el desfile final no había bandera española alguna –ni falta que hacía, ni se esperaba, ni tocaba–, porque aquel concierto no era el éxito de la lengua de Cervantes, sino de una manera de entender América de arriba abajo. América toda entera. Y sólo América.

A la vista de esto, la vieja arquitectura simbólica del españolismo se tambalea y se deshace. La Real Academia Española, convencida aún con una terquedad ridícula de ordenar el hablar de un continente entero, pierde cada día algo más de sentido, de autoridad, de importancia, y el domingo perdió aún más. Sus diccionarios polvorientos no cuentan la música que suena en las calles de San Juan, ni el canto de Bad Bunny, orgulloso de sus lateralizaciones y elisiones, potente en las velarizaciones, ‘boricúa’ (1) en el vocabulario. Las rígidas normas de la Academia no gobiernan el ‘spanglish’ ni las mutaciones constantes, imparables, de una lengua viva que, ostensiblemente, ya no les hace caso.

Entre nosotros, en los Països Catalans, esta situación debería ser reveladora, nos debería sacudir también interiormente. Porque deberíamos entender –y de explicarnos– que este castellano que se nos presenta en Elx o Santa Coloma proclamado como una de las lenguas más fuertes del mundo es en realidad una forma dialectal, menor y cada vez más alejada del centro real donde el español del siglo XXI late con fuerza. En España, el idioma de la mayoría de los americanos no es la lengua que conquista una parte del mundo, sino la sombra descolorida de un pasado imperial.

Y es por eso que –por más que gesticulen– el éxito de Bad Bunny no confirma supremacía española global alguna –como algunos quisieran–, sino que más bien certifica su final simbólico y definitivo. Porque demuestra sin matices que la lengua que un día fue suya ha huido del antiguo centro de poder y pertenece a quien la habla y la transforma, más allá de un océano muy ancho. Y que los antiguos dominadores se han convertido en una periferia alejada y envejecida, simples espectadores televisivos del show.

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Boricuas

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