Si no se extiende entre las clases populares la percepción de que la crisis económica se atenúa en los próximos meses, el riesgo más palpable de retrasar el proceso soberanista será que este sea desplazado por la intensificación del conflicto social. El desafío, aunque en ocasiones protagonizado por defensores de la causa soberanista, parece concentrar su liderazgo y se nutre mayoritariamente en sus bases por sensibilidades muy alejadas del proyecto emancipador nacional catalán. Esta es una circunstancia conocida por el aparato del Estado español, por su personal político y los poderes fácticos del unionismo en Cataluña, que no han dudado en potenciar este nicho, que puede convertirse, como de hecho ya sucedió en la primera mitad del siglo XX y hasta la experiencia de la llamada Guerra Civil, en el principal instrumento de bloqueo interno de las aspiraciones catalanistas. A veces parece que la mayoría actual en el Parlamento de Cataluña formada por CiU y ERC no perciben que si se fortalece una alternativa partidaria de la enmienda a la totalidad en la cuestión social, si el objetivo es la destrucción del sistema, también ellos integran el conjunto de fuerzas a batir en la medida en que han participado hasta ahora del juego político, económico y social, por mucho que afirmen su intención de superar el presente marco político con una secesión.
En estos últimos años de penuria y desesperación de los sectores menos favorecidos de la población ya hemos asistido a alguno de los brotes de rebelión: las secuelas del 15-M de 2011, que en Cataluña fueron muy intensas con el asedio al Parlamento catalán (que, sospechosamente, el poder judicial español dejó casi impune), el campo de Brabante en que se convirtió el centro de Can Vies en primavera de 2014 o, la semana pasada, la ola de indignación que representó la emisión por la televisión pública catalana del documental ‘Ciudad muerta’ sobre el desalojo de una fiesta ‘ocupa’ el 4 de febrero de 2006 y las graves actuaciones de algunos agentes de la Guardia Urbana que allí se denuncian. La movilización en la calle, las iniciativas de las asociaciones y la consolidación de estructuras de comunicación cercanas a este frente contestatario han precedido a su evolución natural: la organización política, en Barcelona hace unos días hilvanada con la candidatura de ‘Guanyem’ (‘Ganemos’), que ha engullido a ICV y ha sabido asociar la estrella emergente de las propuestas rupturistas: Podemos. En beneficio del proceso, sin embargo, hasta ahora la única fuerza organizada de extrema izquierda con presencia en el Parlamento, la CUP, ha sido de matriz catalanista y fuertemente comprometida con la libertad de los Países Catalanes, una opción política que acumulaba mucho tiempo de penetración capilar por el territorio y que en las contiendas electorales de 2011 y de 2012 captó votos de sectores incómodos con la estelada que ahora se podrían deslumbrar con una oferta de transformación social radical de sensibilidad nacional española. Como se perfila en la experiencia barcelonesa, postergar las decisiones sobre la soberanía tiene altas probabilidades de erosionar el espacio nacional catalán por este flanco y obliga a la CUP a enfrentarse al reto en solitario una vez descartada la estrategia de pactar con Guanyem. La supuesta coherencia de la CUP, que en 2012 le impidió pactar una gran coalición independentista alegando la tibieza social de los otros agentes y que este año le impide asociarse con el conglomerado de Guanyem, de Podemos, de ICV y de Proceso Constituyente por demasiada tibieza nacional de estos últimos, se puede transformar en su penitencia y en la pérdida de una alfombra importante hacia un estado catalán que no termina de concretarse.
A la vez, un avance político de una izquierda decidida a sepultar el sistema económico pero que mira con recelo cualquier cambio territorial puede certificar la apertura de una siempre negada fractura social que, como en el pasado, pida soluciones urgentes para amortiguar las llamas de la revuelta y dé más argumentos para posponer una reivindicación que renuncia a los sacrificios y que se ceba en los fracasos.
EL PUNT – AVUI








