Duran Espadaler, derribadores derribados

Las separaciones ocurridas tras una larga convivencia resultan difíciles, porque la historia compartida pesa mucho y suelen ser el fruto de un montón de tensiones cerradas en falso. La voluntad, ya sea por sentimentalismo o por cobardía, de alargar una relación que se ha derrumbado, acaba siendo siempre un lastre muy pesado para la parte más fatigada. Sin embargo, una vez que esta parte se arma de valor y dice basta, los fantasmas se hacen escurridizos y los beneficios se materializan. Y el primer beneficio es la sensación de haberse quitado un muerto de encima, un muerto largamente arrastrado que vicia la relación y la hacía enfermiza. “¡Uf! ¡Por fin! ¡Qué descanso!”, Son las primeras palabras que aparecen a la hora de verbalizar la sensación de alivio que de ellas se deriva. Justo la misma sensación que ahora mismo experimentan los miles y miles de catalanes conscientes del daño que Unió Democrática causaba al proceso nacional que vive Cataluña.

Cabe decir, sin embargo, que no ha pasado nada extraordinario. No había que ser ningún lumbrera para saber con impertérrita certeza de que tarde o temprano el Proceso acabaría implicando la separación de CiU y la escisión de Unió. Y así ha sido. La nocturnidad y alevosía de la dirección de Unió, actuando como un agente al servicio del Gobierno, para derribar el Proceso ha quedado finalmente desenmascarada. Al no tener escapatoria, a la hora de confesar si quieren o no quieren la independencia de Cataluña, se han visto acorralados y el Proceso les ha quitado el maquillaje a la misma velocidad que lo haría una lluvia torrencial. El tiro de la pregunta de ciento cincuenta y nueve palabras que hacía ascos a la independencia del país y que debía servir, según sus planes y los del Gobierno, para cargarse al presidente Mas, les ha salido por la culata y se han quedado solos y desnudos a la intemperie. Y es que, con la prepotencia que les caracteriza, tanto la dirección de Unió como Madrid despreciaron la fuerza de los independentistas del partido y la maniobra les ha fallado. Para decirlo llanamente, han ido por lana y han vuelto trasquilados. Sólo hay que mirar cuáles son sus aliados mediáticos: ABC: “El nacionalismo moderado abandona a Mas en su delirio independentista”. La Razón: “Unió cree que el 27-S será la tumba política de Mas”.

En el primer caso, el del diario ABC, vemos un titular construido sobre una mentira, ya que ningún verdadero nacionalista, por moderado que sea, trabaja en contra de la libertad de su pueblo y a favor de las leyes del Estado que le oprime. Y en el segundo, el de La Razón, encontramos una difusión de los pérfidos y desleales movimientos de la dirección de Unió. Por eso sorprende que esta dirección, desenmascarada y defenestrada por servir a los intereses españoles y traicionar la figura de Manuel Carrasco i Formiguera, ose acusar de deslealtad a la mitad de su militancia. Es decir, a los independentistas de Unió. ¿Desleales a quién? ¿Desleales al españolismo? ¿Desleales a una dirección subordinada en España? ¿Desleales a una consulta interna sobre la que, en el caso de Lleida, planea una sospecha grave? ¿Desleales a una maniobra mezquina que pretendía, como le pedían populares y socialistas, reventar el Proceso? ¿Desleales a una operación, que aplaudirían la FAES y el CNI, destinada a decapitar políticamente el presidente de Cataluña? ¿Desleales a la bajeza moral de encadenar al país a la legalidad antidemocrática española, una legalidad concebida, redactada y blindada para mantenernos cautivos a lo largo de los siglos? La historia dejará constancia de estos hechos como la fecha en que los militantes de Unió que querían la libertad de Cataluña pararon los pies a los militantes que se habían conjurado para impedirla. El día de los derribadores derribados.

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