Estas elecciones europeas han sido devastadoras para el nacionalismo español en Cataluña. Devastadoras en cuanto a votos y devastadoras en cuanto a proyección internacional. El Partido Socialista ha perdido 350.349 votos y el PP ha perdido 108.656. Este resultado, incluso sumando los 150.874 votos de Ciudadanos, que básicamente se ha nutrido de votantes socialistas y populares insatisfechos, deja el españolismo con un 32% frente al 56% del soberanismo catalán. Esquerra, la ganadora, ha obtenido 412.936 votos más que en 2009, CiU 106.908 e ICV 138.799. Son cifras que, como dice el Financial Times, sitúan a las formaciones españolistas “en los márgenes de la política catalana”. Y si esta situación les es dolorosa, todavía lo es más que el rotativo constate que Cataluña y España se comportan como países diferentes.
Ante este fracaso, el sentido común y la dignidad política aconsejaban la dimisión inmediata de Pere Navarro y Alicia Sánchez-Camacho. Pero nada de esto ha ocurrido. Todo lo contrario. Esta última, la señora Camacho, en vez de asumir el castigo de la sociedad catalana, afirma que la gente ha negado el voto al PP porque lo ha encontrado demasiado tibio, y Pere Navarro dice que quien ha perdido no es él sino Artur Mas. Despropósito, éste, que remachó el secretario de Acción Política del PSOE de Cataluña, Antoni Balmón, diciendo: “Nosotros no hemos ganado, pero el señor Mas ha perdido”. Parece que las matemáticas no son el fuerte de la cúpula socialista, ya que basta con imaginar cuán envanecidos estarían ahora mismo, si hubieran obtenido los votos del presidente Mas. ¡Qué responsos más sonados entonarían al independentismo y al proceso!
Fijémonos, por otra parte, en la concordancia entre el discurso de populares y socialistas. Si gana Mas y ellos son derrotados -como ocurrió en las elecciones catalanas del 2012- o si Mas se queda en segundo lugar y ellos son derrotados de nuevo -como ha ocurrido en las elecciones europeas-, el derrotado siempre es el presidente Mas. Ellos nunca pierden. Es su consigna y la repiten cada vez que vislumbran un micrófono o una cámara. Camacho, por ejemplo, repite la misma canción que usaba contra el éxito rotundo de la Vía Catalana, en el sentido de que lo que de verdad contaría sería la “mayoría silenciosa” ausente. Una “mayoría silenciosa” que, naturalmente, sería patrimonio de PP y PSOE. De nadie más. Si esto fuera cierto, la señora Camacho debería explicar por qué razón esa inmensidad de votantes les ha vuelto la espalda y les ha puesto en ridículo delante de Europa, una Europa que ha visto que el soberanismo ha ganado y es mayoría en Cataluña. Lo es incluso sin contar la CUP, que no se presentaba. Ha ganado CiU -a pesar de Duran i Lleida y el desgaste gubernamental-, ha ganado Esquerra -de manera espectacular- y ha ganado ICV -con cerca de 140.000 votos más-. Si embargo, como dice la señora Camacho, “no representa ni de lejos a la mayoría del pueblo de Cataluña”, cabe preguntarse a quién representan ella, Navarro y sus partidos.
El caso de Navarro es aún más penoso, porque su lucha contra las libertades nacionales de Cataluña bajo la consigna “combatiremos el independentismo”, expresada por Miquel Iceta, le ha llevado al esperpento. Navarro odia el independentismo porque le desenmascara, porque le deja sin argumentos, porque muestra su nacionalismo español y porque evidencia que no es un demócrata. Los demócratas no impiden que la gente vote. Por eso se inventa puñetazos que se revelan inexistentes y miente sin escrúpulos a todo un país. La obsesión enfermiza de Navarro contra la independencia de Cataluña, recuerda la lucha del capitán Ahab contra Moby Dick, la ballena blanca de Melville. Ahab es un mal perdedor que sólo tiene una obsesión, destruir la ballena que le ganó una partida, y, por ello, no duda en arrastrar con él a toda la tripulación hasta la muerte. Es así como, totalmente enloquecido, habiendo perdido el sentido de la realidad y convertido en víctima patética de su propia soberbia, queda atrapado para siempre entre las cuerdas con las que pretendía impedir la libertad de la ballena. Tiempo al tiempo.
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