Desde hace unos cuatro o cinco años, la edición de libros y textos que giran en torno al tema nacional catalán se ha incrementado de manera espectacular. Hay de todo, evidentemente. Incluso algunos graciosamente españolistas disfrazados de catalanistas escritos por nombres que no vale la pena mencionar. Sin embargo, predominan los favorables a la independencia. En este sentido, recomiendo vivamente la lectura de “Delenda est Hispania”, de Albert Pont, vicepresidente del Círculo Catalán de Negocios. El tema, como sabemos, ahora que la conciencia nacional de los catalanes ha despertado y el proceso para constituirse en un Estado independiente parece imparable, es bastante rico y apasionante porque aparecen en el mercado varios enfoques de la cuestión.
Para aquellos que prefieren una visión fría, científica, aséptica y legalista del proceso de transición nacional también hay algunos libros de reciente publicación que aportan datos interesantes a tener en cuenta. Este es el caso del libro “De la Nación en el Estado”, de Ivan Serrano, licenciado en Ciencias Políticas por la UAB. Se trata de un volumen galardonado con el Premio Ramon Trias Fargas de Ensayo Político y dividido en seis apartados en que se habla de descentralización, autonomismo, federalismo, constitucionalismo, secesionismo, referendos, identidad, bienestar y declaración unilateral de independencia. Hagamos una pequeña muestra:
· «Ciertamente, los estados nación ‘ya no son lo que eran”, pero para los nacionalismos de las naciones sin Estado no es menos cierto que se ha consolidado la percepción de que la única forma de tener voz propia en este mundo de interdependencias sigue siendo disponer de un Estado propio. En el caso de la UE, el fracaso de la idea de una Europa regional en que estas unidades participaran de manera directa en el proceso de construcción comunitario ayuda a entender por qué, lejos de hacer desaparecer las reivindicaciones de un Estado propio, estas se han intensificado»
· «En cuanto a la identificación exclusivamente española, se produce una tendencia contraria y aún más acusada. Si a principios de los años noventa habían llegado a representar casi un tercio de la población catalana, durante los últimos años han experimentado un descenso hasta niveles de alrededor del diez por ciento»
· «La mayoría en el conjunto del Estado contraria a la secesión ante una minoría territorialmente concentrada que es favorable atentaría contra los derechos políticos de las personas e impondría una forma de ‘tiranía de la mayoría’»
· «España es un caso excepcional entre las democracias multinacionales, ya que rechaza explícitamente su multinacionalidad y la posibilidad de articular algún tipo de mecanismo para que se expresen las demandas de autodeterminación que no pase por una reforma constitucional que es materialmente imposible»
· «El tribunal [Corte Internacional de Justicia] estableció que la integridad territorial de los estados es un asunto que se produce entre estados existentes, es decir, que no puede servir como argumento contra la secesión de una parte de su territorio a menos que, como resultado, este termine integrado en otro Estado ya existente»
Como vemos, un libro para reflexionar sobre la espléndida encrucijada histórica en que nos encontramos. Sólo un reproche haría a sus páginas, y es el uso sistemático del término “nacionalistas” para referirse a los partidos que defienden la independencia de un pueblo y el carácter de neutros que aplica a quienes se oponen. Me parece científicamente inadmisible definir a Convergencia, Esquerra y la CUP como partidos nacionalistas catalanes por ser defensores de la libertad de Cataluña y no definir al Partido Socialista, al Partido Popular y a Ciudadanos como nacionalistas españoles por ser defensores de la unidad de España. La secesión de Cataluña es el resultado de un conflicto entre dos naciones: la catalana y la española, la dominada y la dominadora. Y tan nacionalistas son los partidarios de la una como los de la otra. La diferencia es que el nacionalismo de los primeros -pacífico, democrático y defensivo- está legitimado por los Derechos Humanos, mientras que el de los segundos -opresor, absolutista y armado hasta los dientes- es imperial.
Víctor Alexandre www.victoralexandre.cat Twitter: @valex_cat









